Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Votando con Realismo
Eduardo García Gaspar
19 mayo 2010
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Quizá el problema político para los ciudadanos comunes como cualquiera de nosotros sea en extremo sencillo de explicar. Nuestro ideal es tener el mejor gobierno posible. Claro que el problema es definir eso de “mejor gobierno posible”. La clave está en una palabra, “posible”.

En un terreno idealista e irreal, la solución política para los ciudadanos sería encontrar al gobernante ideal y, acto seguido, darle todo el poder. El gobernante ideal lo usará con sabiduría y todos viviríamos contentos y felices. Más aún, se le concedería el gobierno mundial y asunto arreglado. Dejaríamos atrás el problema de gobernantes terribles.

Pero la posibilidad idealista no existe. No existe porque la única posibilidad de lograrla sería convencer a un ángel de bajar a la tierra y gobernar. Lo haría con justicia y sabiduría. Por supuesto, necesitaría convencer a otros ángeles para que ellos ocuparan todos los otros puestos de gobierno.

Sin esa posibilidad de perfección política, los ciudadanos tenemos que arreglárnoslas con lo que hay y que no es precisamente bueno.  Los ejemplos sobran: en todas partes los gobernantes muestran su falta de capacidad, desde Argentina a Grecia, con casos notables en Venezuela, Bolivia y Nicaragua, sin librarse EEUU, el Reino Unido y muchos más.

Un caso muestra esto de manera notable, el de México. El arribo a la presidencia de un partido de oposición después de décadas del dominio de otro, creó expectativas irreales que se han convertido en una desilusión más o menos general.

Y, ahora, cuando se habla de las próximas elecciones presidenciales en 2012, suele mencionarse la posibilidad de que el PRI regrese al poder (definido como ganar la presidencia). Para muchos, esta posibilidad constituye un regreso a malas épocas y provoca sentimientos de temor. ¿Cómo es posible que ese partido vuelva? No es una pregunta mala.

Habiendo sido testigo de muchas personas que expresan ese temor, he tratado de explicarles que su reacción puede ser natural, pero que ignora la realidad. Si el PRI gana la presidencia de nuevo no es porque el ciudadano piense que es la mejor opción. Significará que quienes voten piensan que los otros partidos son opciones aún menos adecuadas. Los votos no son la elección de la posibilidad ideal. Nunca lo serán porque ella no existe.

Los ciudadanos, por tanto, harán una gran cosa si dejan de entusiasmarse con partidos y con candidatos. Ellos no merecen la admiración que suelen recibir creyendo que son salvadores del país. Sería un gran adelanto que los ciudadanos se convencieran de que los políticos son gente como cualquier otra y que también tienen las fallas del resto. No son más inteligentes ni mejores que el promedio (yo diría que incluso están por debajo en la mayoría de los casos).

Una vez convencidos los votantes de que los gobernantes no saben más, ni son más inteligentes, ni tienen más virtudes que el resto, pondrán en perspectiva correcta sus ideas y votarán en concordancia con ese convencimiento. Las cosas cambian mucho pensando en así. Explico esto.

Votar de acuerdo con la idea de que los gobernantes son simples seres humano llenos de defectos igual que el resto tiene consecuencias serias. La primera de ellas es pensar en lo malo que sería darles demasiado poder: un ser humano imperfecto en una posición de mucho poder se trasforma en algo peor aún. Cuanto menos poder tenga, mejor.

Piense usted en esto. ¿Le entregaría usted a un gobernante cualquiera todos sus ahorros y propiedades para que los administrara? Si usted contesta que sí lo haría, entonces usted piensa que ellos son ángeles. No lo son. Obviamente usted no arriesgará sus recursos poniéndolos en manos de alguien que no es mejor que usted para administrarlos.

El voto de un ciudadano racional siempre estará inclinado a favorecer a los gobernantes que menos poder ejercerán. Siempre. Y si alguien vota por un gobierno de mayor poder, hay dos explicaciones: cree que allí hay ángeles sabios y honestos, o bien, lo peor, piensa que de ese gobierno obtendrá algún favor o trato especial.

El tema bien vale una segunda opinión. Partiendo del temor de que regrese el PRI al poder, fue posible sacar conclusiones algo más satisfactorias que ese mero temor. Primero, un ciudadano pensante, que sabe que los gobernantes son simples seres humanos iguales al resto y a veces peores, votará por los candidatos que menos poder reclamen para ellos.

El otro ciudadano no pensante, votará creyendo que son santos ángeles o bien creyendo que el próximo gobierno le representará un beneficio personal.


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