Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Y Tu Partido También
Eduardo García Gaspar
26 octubre 2010
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue casi como ver un documental relativamente breve de lo que un profesor mostraría en clase. Era la ilustración de uno de los errores más clásicos de razonamiento. Crearon la situación a la que me refiero dos personas. Una de ellas partidaria del PAN y la otra del PRI.

Son esos dos partidos políticos los principales opositores en México y suelen hablar muy mal uno del otro. Ninguna novedad en esto. Pero lo que sucedió, de verdad, fue fascinante. Intento narrarlo de la manera más esquemática posible para que sea claro.

El partidario del PAN, defendiendo a su partido, acusó a su contrario de haber gobernado mal al país. Le dijo que había cometido errores de clientelismo, corporativismo, proteccionismo, división social… en fin, una letanía de errores que incluían mala administración de empresas como Pemex, la seguridad social y otras más.

Por su parte, el partidario del PRI, que oyó con bastante tranquilidad el discurso de su opositor, contestó diciendo que los panistas también habían cometido errores de mala política con el sindicato educativo, que seguía el clientelismo y la mala administración de recursos gubernamentales. Total, que ellos también habían hecho lo mismo.

Usted ha visto discusiones de estas entre simpatizantes de partidos políticos. Suceden en todas partes del mundo. Muchas de ellas tienen esa característica esencial. Comienzan con el lanzamiento de una serie de acusaciones de uno a otro y termina con el lanzamiento de la misma serie de acusaciones en sentido opuesto. Todo se resume en argumentar diciendo, “pues tu partido también tiene gente corrupta”, o cualquier otra acusación similar

Esto tiene un nombre elegante. Se llama tu quoque, en latín, y se puede traducir como “tu también”. Es un recurso en las discusiones, una forma de argumentar en defensa propia. Se caracteriza por acusar de lo mismo que uno hace al opositor. Si el del PAN acusó al del PRI de favorecer a sindicatos a cambio de favores electorales, el del PRI acusó al del PAN de exactamente lo mismo.

Y, curiosamente, se termina justificando implícitamente la conducta que es criticada. Imagine usted hablando con su vecino. Él le reclama a usted que tiró basura en su jardín y usted se justifica diciendo que el día anterior, él tiró botellas vacías en el de usted. Es el clásico “tú también hiciste lo que ahora me reclamas”.

El caso de la corrupción es un ejemplo clásico. El tu quoque se presta a la justificación propia de acciones reprobables. Digamos que un gobernante cualquiera acepta que ha recibido dinero a cambio de favores y al ser criticado por eso, se defiende diciendo que quien lo acusa también ha hecho lo mismo tiempo atrás.

Este tipo de argumentación de defensa propia es posible casi de considerar como falacia, esos errores en el razonar. La corrupción, por ejemplo, no puede ser defendida diciendo que quien la critica también es corrupto. La corrupción es reprobable en sí misma y quien eso dice tiene razón, a pesar de ser también él corrupto.

En ese caso, lo que podrían hacer las dos personas es aceptar que han cometido actos reprobables y concluir que de acuerdo con su argumentación los dos deberían entregarse a la justicia para ser juzgados.

Hay un tema oculto en todo esto y que por lo general pasa desapercibido. Los argumentos y defensas de una opinión personal deben verse con independencia de la persona que los emite. Un borracho, cuando dice que es malo beber en exceso, tiene toda la razón. Que él sea un borracho no anula su opinión. Lo mismo le sucede al corrupto cuando dice que la corrupción es mala.

Creo que estas precisiones bien valen una segunda opinión. En la discusión de la que fui testigo, las dos personas se acusaron de lo mismo y se defendieron diciendo que el otro era culpable de eso mismo. Esto deja un mal residuo, una impresión de que esas fallas de ambos se vuelven tolerables porque ambos las cometieron.

Ese es el peligro final del tu quoque, el de creer que una falla en uno mismo es aceptable si el otro también la comete. Se acaba por aceptar acciones reprobables bajo la justificación de que otros también las realizan y de esta manera, las conciencias se suavizan y se hacen flexibles abriéndose a la aceptación de lo indebido.

Post Scriptum

Esta página dedica mucha atención a este tema, el de las fallas en los razonamientos. Hay una buena colección en ContraPeso.info: Falacias.

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