Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Y Ahora, Censura
Leonardo Girondella Mora
13 enero 2010
Sección: ETICA, Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en: ,


Dentro de la superficialidad que es característica de la televisión, en diciembre pasado un programa de Televisa en México hizo algo que posteriormente sirvió de arranque a al menos una columna de opinión.

El tema de una porción del programa fue la homosexualidad —una persona en ese programa explicaba cuestiones sexuales y dijo que la homosexualidad era una opción normal de las personas, pero otra alegó que la naturaleza indicaba como “natural” lo opuesto. Lo normal era la unión de un hombre y una mujer.

Nada profundo ni analítico por ninguna de las partes —pero lo digno de señalar fue esa columna que, argumentando en favor de la homosexualidad, hizo afirmaciones que son ejemplos de razonamientos fallidos. Este es el punto de mi columna —no la homosexualidad, sino mostrar fallas de lógica al defender una posición cualquiera

Bajo el título de “Homofobia”, inició diciendo que “Existe una tendencia animal anclada en la ignorancia y en el bajo instinto a odiar o rechazar lo diferente y lo diverso. Este bajo impulso emocional ubicado en lo profundo del cerebro primitivo reptiliano puede llegar a humillar y hasta matar. Es un demonio causante de guerras tribales y territoriales”.

El planteamiento de la columna es sencillo de ver: criticar la homosexualidad es “el ingrediente básico del rechazo al de distinto sexo, al de otro color de piel, al de distinta clase, al que piensa diferente, al que vive distinto, al que viste o come de otro modo, al que camina de otra forma…”.

Pero no sólo es toda esa serie de esos adjetivos, también es “… odio. En toda su gama de intensidades, desde el simple y frío rechazo hasta la ira despiadada. Desde esas miradas antipáticas… ese incipiente desprecio… esa elevación de nariz tan primate… hasta la cruel violencia física o el intento de aniquilación emocional del otro”.

La columna resulta ser un caso transparente de argumentación por adjetivos —quien quiera encontrar un ejemplo de la falacia ad hominem, aquí lo tiene: quien piensa de manera contraria es un reptiliano, un causante de guerras, un primate. Hasta aquí, la opinión en la columna es al menos triste, pues no ha argumentado usando la razón.

Su argumento es un absurdo —si A piensa por sí mismo es un primate si no coincide con B que piensa diferente a A.

Poco después, la columna afirma que, “El punto aquí [es] hacer un llamado de atención sobre las conductas de rechazo que tienen algunos comunicadores en México… [un programa de televisión] tiene el potencial de enardecer las emociones de agresión hacia un grupo de personas, que no por ser minoría merecen ser llamadas ‘anormales’ con el desprecio que manifestó el conductor…”.

La columna contiene una estructura que es de ayuda para entender una opinión adulterada —primero, lanza adjetivos e insultos fuertes contra quienes no coinciden con su opinión; segundo, reclama que los demás no coincidan con esa opinión de la columna, especialmente los medios de comunicación.

Sigue con ese segundo punto diciendo que, “los medios son responsables de promover el respeto a todas las garantías y derechos de los distintos grupos sociales, entre ellos el derecho a no ser rechazados”. Es decir, coincidir con lo que la columna dice es promover el respecto, de lo que se deduce que no coincidir con eso es fomentar el rechazo a otros.

En este caso se defiende la homosexualidad, pero en verdad no importa la tesis sostenida —así no puede defenderse la homosexualidad, y tampoco podría ella ser criticada. La opinión sostenida está muy mal estructurada:

Primero, insultó a quienes piensan de manera diferente.

Segundo, dijo que si en los medios se expresan opiniones diferentes a la suya, eso es discriminatorio, igual que lo sería el racismo —esto es una petición de censura.

La columna insiste en el punto al agregar otros elementos. Dice que lo sucedido en ese programa en el que el conductor habló de si es normal la relación homosexual promueve la fragmentación del país: “Tenemos un México demasiado fragmentado como para agregar una pelea más, una casa de espejos de tantas esquirlas que debemos unir como rompecabezas…”.

El lenguaje es demasiado metafórico como para ser analizado —pero no hay duda del dramatismo con el que la columna contempla una crítica a la homosexualidad: es algo que rompe al país. Se debe coincidir con la opinión de la columna para tener una nación unida. Esto me lleva a hacer explícito otro elemento de la estructura de la columna:

Tercero, el país de destruirá si no se opina como la columna dice —un argumento fatalista que puede ser descartado sin problema porque no se refiere a la defensa razonada de una opinión. Es simplemente un llamado emocional y sensible.

¿Por qué tantos errores en la justificación de una opinión? Hay varias respuestas posibles, casi todas ellas especulaciones sin gran utilidad, excepto una basada en lo que la columna afirma en su último párrafo:

“Amar a nuestros amigos homosexuales, amar la diversidad, lo variado, lo distinto es la puerta a otro nivel de conciencia. Una aceptación total de brazos abiertos con una conciencia amplia y elevada que nos integre como iguales. Que el futuro nos encuentre unidos”.

Enterrado en ese párrafo está el error de razonamiento —el que es un buen ejercicio mental para el lector que quiera releer ese párrafo y encontrar él mismo el error.

Es un error de equivalencias en las premisas de la columna —lo que explico brevemente:

• Criticar la homosexualidad es no “amar” a los homosexuales, ni a la diversidad, ni a lo variado —de lo que puede ser inferido que criticar una opinión cualquiera es hacer lo opuesto de amar, es decir, odiar.

• Lo que la columna hace es cometer ese error en una de sus premisas, la que presupone que expresar una opinión distinta es odiar. Por tanto, toda crítica es odio, una conclusión que no puede ser cierta.

• El odio está basado en la animosidad y la malquerencia sin que en ella existan elementos razonados fuertes —pero criticar es otra cosa muy distinta: es expresar una opinión contraria o diferente con el objetivo de dialogar, sugerir y quizá llegar a mejores opiniones.

Comete otro error de análisis: confunde a la persona con la acción que ella comete cuando no son lo mismo —criticar a la homosexualidad no es igual a odiar a los homosexuales.

En resumen, he presentado otro caso de una opinión sustentada en bases fallidas. La columna defiende a la homosexualidad de manera desatinada y mala, de igual manera que le hubiera acontecido a otra columna que atacara a la homosexualidad de la misma manera.

Addendum

Es justo mencionar que la columna presenta dos argumentos en favor de la homosexualidad y que no mencioné antes —pero que ahora exploro.

• Dice que ser homosexual es algo imposible de decidir voluntariamente por parte de las personas y que se “calcula que un 11 por ciento o más de la población mundial es homosexual”, una cifra que ha sido una constante en la historia de la evolución en los mamíferos.

El porcentaje que recién leí en Becker, G. S., & Posner, R. A. (2009). Uncommon Sense: Economic Insights, from Marriage to Terrorism. University Of Chicago Press, coloca esa cifra en un nivel mucho menor, de 3%.

• Dice que la homosexualidad está justificada porque se da en los mamíferos y existe “una correlación entre patrones demográficos reproductivos en los que la homosexualidad en los mamíferos ejerce una balanza en los ecosistemas poblacionales, de tal manera que autorregulan la cantidad de población”, algo que también sucede en algunos casos de reptiles y aves.

Este punto está sustentado en hacer equivalentes a dos tipos de seres muy diferentes, animales y humanos —lo que supone que los humanos carecen de libertad de decisión y siguen sin remedio los dictados de su especie para balancear su ecosistema. Es una afirmación curiosa que pondría en duda la validez de los esfuerzos para remediar enfermedades, las que después de todo podrían ser entendidas también medios de control poblacional.

La columna a la que hice referencia es la de Paz Flores (El Norte, 9 enero 2009).


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