Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ya no Querer Pensar
Eduardo García Gaspar
4 octubre 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Se encuentra con cierta facilidad y es un aviso peligroso. Son demasiados los que renuncian al uso de su capacidad para pensar. Por supuesto, los hay que se pierden en el relativismo creyendo que sus opiniones son verdades igual de válidas que las del resto. Pero hay otras maneras de perder la facultad de pensar.

Una clasificación interesante de la razón pervertida, como se llama a este fenómeno, es la siguiente.

Primero, la corrupción de la razón por motivos pasionales: es el caso de aquél que es cegado por algún suceso fuerte, como la muerte de un familiar o la traición del esposo. El caso clásico es el del que mata al mensajero de muy malas noticias.

Segundo, el de los hábitos malos. Se trata de una corrupción de la razón por la adquisición gradual de costumbres malas. El caso que leí es el del uso de pornografía que puede comenzar poco a poco hasta convertirse en un hábito. Quizá lo mismo puede decirse del beber en exceso, o el de robar primero un lápiz de la oficina.

En tercer lugar, esta clasificación de la corrupción de la razón señala a la disposición mala de nuestra propia naturaleza. Hace referencia a la imperfección humana, inclinada naturalmente a la adopción de conductas opuestas a nuestro bien. Es el caso de, por ejemplo, el adicto a alguna substancia o a algún tipo de acto, que puede refrenar, pero que termina aceptando.

La cuarta clase de corrupción del poder pensar es la de la costumbre generalizada. Es la que se tiene cuando algún hábito malo es común, como el de la corrupción en un gobierno, y por ello se acaba aceptándola como algo normal, sin pensar mucho en ella.

El quinto tipo de corrupción de la razón es el llamado el de la persuasión malévola. Su esencia está en encontrar razonamientos mal hechos que llevan a justificar acciones reprobables. Un caso es el de la compra de discos pirata, que se justifica pensado que ya de por sí los artistas ganan mucho. O el de alterar los medidores de electricidad, pensando que así se explota a los explotadores.

El tema bien vale una segunda opinión porque es un asunto de fondo, tanto que suele pasar inadvertido. La razón, nuestra capacidad de pensar, es el medio que los humanos tenemos para conocer nuestro mundo, la realidad que nos rodea, y a nosotros mismos. No tenemos más herramientas que ésa. Dejar de usarla es igual a dejar de saber, de conocer y, por tanto, de mejorar.

Por eso le temo, como a pocas cosas, al relativismo. El relativismo afirma que todas las opiniones son verdaderas, las que sean, y que todas ellas son igual de válidas. Por supuesto es falso, pero lo vital es que es una sexta corrupción de la razón: ya que lo que una persona piensa es verdad por definición, no tiene ella ya necesidad de razonar con otras la veracidad de lo que piensa.

Y también le temo a otro síndrome, el de las personas que confían demasiado en la razón a la que consideran infalible y fuente única del saber. Estas personas pueden caer en dos posiciones. La más conocida es la de quienes hacen de lado a todo lo que no es racional y quieren reemplazarlo con lo que ellas consideran racional. Un caso clásico es el del marxismo, otro es el del Positivismo y, en general, el de todos esos planes de construcción de una sociedad perfecta.

La otra posición es la de quienes terminan renunciando a la razón del todo, considerándola un mal que debe ser evitado. Estas personas adoptan una especie de romanticismo alocado en el que sólo caben los sentimientos y las emociones, a los que consideran el bien supremo.

La razón, nuestra capacidad de pensar, está ligado a nuestra libertad y capacidad de decidir y hacer. Sin razón no podríamos ser realmente libres. Pero más aún, si Dios nos hizo seres racionales y nos dio esa capacidad, renunciar a ella me parece es perder nuestra naturaleza divina. De lo único que debemos estar conscientes es de que podemos errar, de que somos imperfectos.

Por eso pienso que el corazón de la educación, de la real educación, debe estar centrado en enseñar a pensar y a razonar, más que a aprender información de memoria o, peor aún, ser adoctrinados en las teorías políticamente correctas del momento. Un buen alumno es al final de cuentas, uno que sabe pensar y razonar con una actitud humilde y de curiosidad intelectual.

Post Scriptum

Los cinco tipo de perversión de la razón los tomé de la obra de Budziszewski, J. (1997). Written on the Heart: The Case for Natural Law. InterVarsity Press, pp. 72 y 73, y provienen del pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

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