Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ya no Habría Elecciones
Eduardo García Gaspar
7 mayo 2010
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Todas esas palabras que terminan en -ismo tienen consecuencias. Afectan nuestras vidas, incluso aunque no las comprendamos. Por ejemplo, hay algo que se llama determinismo y que en pocas palabras significa que usted no puede seleccionar con libertad ir a ver una película. Ni siquiera, comprar dulces en el cine.

Con algo de más elegancia en su definición, determinismo es una postura mental o filosófica, la que establece que todos los eventos son consecuencias imposibles de evitar y que provienen de causas anteriores. Todo lo que sucede, incluyendo el comer o no pavo en Navidad, es algo imposible de evadir.

Según el determinismo, lo que usted y yo pensemos, hagamos, opinemos, digamos… todo eso es ajeno a nuestra voluntad. Es imposible, por tanto, cambiar nuestra vida, cuyo destino ha sido ya determinado de antemano. Según el determinismo, se podría haber predicho de mucho tiempo atrás que yo escribiría esto y que usted lo leería.

Por tanto, es obvio, el determinismo niega la libertad. Si usted decide ahora comer un queso manchego, o un roquefort, eso no es libertad personal producto de su decisión. Ya estaba predeterminado por causas previas ajenas a la voluntad de usted. Toda la idea del determinismo es fascinante de examinar.

En un caso real, puedo predecir que lo que hará un amigo si salgo con él a tomar un trago. Va a pedir Bacardi blanco con Coca-Cola light. Muy rara vez pide otra bebida. Esto presenta un dilema: si puedo predecir lo que él beberá, es posible que alguien argumente que entonces la selección de la bebida no es libre, sino predeterminada.

¿Poder predecir algo significa que no hay libertad? No.

Una acción libre puede ser predicha sin problemas. Lo que la libertad produce es incertidumbre. No tengo una certeza total de que mi amigo pida esa bebida. En otras ocasiones ha pedido whisky. El punto es vital: aunque pueda predecirse con buen nivel de acierto la conducta de las personas, eso no significa que no sean ellas libres.

Tome usted la ley de la demanda. Ella predice que si el precio de un bien se eleva, la cantidad demandada será menor y si el precio se reduce, la cantidad demandada será mayor. No es una mala predicción. Ha sido tan constante su observación que se considera una ley, aunque no permite prever cifras exactas. Y, más aún, opera bajo el principio de ceteris paribus (todo lo demás constante).

Predecir cambios en cantidades demandadas no significa que la conducta de los compradores deje de ser libre. Quizá todo lo contrario: porque somos libres podemos decidir que bajo ciertas circunstancias compramos más Bacardi y bajo otras, menos.

El tema viene a cuento por la opinión que tienen muchos sobre los efectos de la publicidad, a la que creen todopoderosa. No hace mucho que un académico aseguraba eso.

Dio una conferencia en la que dijo que la publicidad determinaba la conducta de los consumidores, los “manipulaba” para usar su expresión, haciéndolos comprar bienes que no eran necesarios. Obviamente se rasgó las vestiduras y propuso prohibir la “publicidad manipuladora”. En términos técnicos era un determinista… y en otros términos, un analista muy pueril.

Otro determinista fue Marx y sus leyes que crean diferentes etapas inevitables en la historia. Para personas con esa posición, su tarea es encontrar las causas que nos dominan. Para el académico, era la publicidad. Para Marx son los modos de producción, la tecnología en pocas palabras, la que nos domina y dicta incluso nuestra moral.

La realidad, mucho me temo, es bastante más compleja que eso tan simple de encontrar una causa y darle todo el poder de explicar nuestra conducta, la de millones. ¿Tiene la publicidad poder para mover a todos? No. Hay casos, muchos casos, de publicidad fallida. ¿Tiene la tecnología poder para explicar todo lo que hacemos? Tampoco. Nos afecta, es cierto, pero no nos explica todo.

La cosa se pone peor para el determinista como Marx, porque es la gente la que crea a los modos de producción, no al revés. Es decir, nuestra conducta afecta nuestra conducta, de manera mutua e impredecible. Vaya, si el determinismo fuera verdadero, ya no tendríamos que hacer elecciones en una democracia, ni encuestas de preferencia… nos bastaría poner un modelo de comportamiento en una computadora para saber quién ganará las elecciones dentro de cinco, veinte, cien años.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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