Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Zurriburri Laboral
Eduardo García Gaspar
19 agosto 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El cálculo fue hecho por un empresario. Michael Fleischer, presidente de Bogen Communications Inc., en New Jersey, hizo números. Tomó el caso de una empleada media de su empresa que gana 59,000 dólares anuales. Lo interesante es lo que sigue.

A esa cifra le añadió los costos extras de seguros y demás prestaciones, que suman 74,000 en total para su caso. Este es el costo real de la empresa para mantener a la empleada en su empleo. Pero ella se lleva a su casa 44,000 (con 12,000 en beneficios extras). La diferencia está dada por impuestos y otros cargos estatales y federales.

Las cifras del caso de esa empleada muestran una realidad que es raramente puesta sobre la mesa. Es usual que el trabajador mismo y muchos otros entiendan que su sueldo es todo el costo que tiene la empresa. Si ganan 8,000 al mes, piensan que eso es todo lo que la empresa les paga. Empieza la maraña.

Por supuesto, ven las deducciones por impuestos, lo que el gobierno se lleva y creen que eso es todo. No se dan cuenta por lo general que el empleo que tienen representa un costo mayor para las empresas. El caso de la empleada es claro: gana 59,000 pero cuesta 74,000 y, la sorpresa para muchos, éste es el costo que se considera al emplear.

Un razonamiento generalizado es el que se da en México, cuando se dice que la empresa paga poco, “nada más dos o tres salarios mínimos” y podría emplear a más personas o elevar los sueldos de sus trabajadores actuales. El problema es que esa cifra es mentira: en realidad paga más pero el empleado no se lo lleva a casa. Mucho de eso son costos de gobierno. Sigue la confusión.

Sí, en esos costos hay prestaciones que el trabajador tiene y que no suele considerar en su ingreso. Uno de esos costos es el de las reservas para pasivos laborales, como la indemnización por despido. Puede llegar a ser una cifra cuantiosa y es parte del costo del empleado o trabajador.

Mi punto es directo y creo que vale una segunda opinión. El sueldo nominal del trabajador es menor a costo real que su empleo representa para la empresa. El costo adicional puede ser quizá un 50 por ciento más o algo alrededor de eso. Los costos adicionales, en buena parte, provienen de impuestos y costos de empleo que el gobierno establece.

Si este costo de contratación se eleva, eso significa un aumento del costo del trabajador a lo que suele seguir una menor oferta de empleo, la que se acentúa en las personas de primer ingreso y salario bajo. No son cuestiones ideológicas. Así es el mundo. Pero la ventaja viene de ver el lado opuesto.

Suponga usted que un gobernante crea una plataforma electoral que promete la creación de empleos, más y de mejor calidad. No es sorpresivo que eso se haga. Si de verdad quiere hacerlo, puede aprovechar la realidad y hacer lo obvio: reducir el costo del empleo, facilitar la contratación y el despido, quitar impuestos a nóminas y cosas por el estilo.

Por supuesto no lo va a hacer. Los gobernantes tienen una fuerte tendencia a no seguir la lógica de la realidad. Hacer esas cosas reduciría ingresos gubernamentales, al menos en el corto plazo, aunque después aumentarían. Y enfrentaría la oposición de sindicatos, intelectuales de izquierda y parte de una opinión pública despistada.

No hará eso porque piensa que son las empresas las que pagan los salarios y sueldos. Lo cree con toda firmeza y convicción. No hay forma de persuadirlo de que no son las empresas las que pagan los sueldos. Los pagan los consumidores, los que compran los productos y bienes producidos. Usted y yo cuando compramos cerveza y carne para asar.

Esto es lo que hace las cosas interesantes. Cuando se ve el ciclo completo se puede entender que cuando un gobernante decide algo, lo que sea, para elevar por decreto el ingreso de los empleados y trabajadores, lo que está haciendo es ordenar a los consumidores que paguen más por lo que compran. Y como los que compran son los mismos que trabajan, la cuestión es absurda.

En ese embrollo sin sentido de decisiones gubernamentales que se justificarán por proteger a los trabajadores, el único que gana es el gobierno, el que se llevará una tajada mayor que la anterior. Es un real zurriburri, una maraña sin sentido de confusiones y locuras gubernamentales. No es un asunto de ideologías, es uno de aceptar la realidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras