Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
1 Domingo Adviento (2011)
Textos de un Laico
25 noviembre 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• En el evangelio de este domingo (Marcos, 13, 33-37), se tienen las palabras de Jesucristo a sus discípulos. Duda de Santo TomásNos dice, “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento”.

Ilustra ese aviso con la imagen del hombre que sale de viaje, dejando su casa y diciendo a cada uno de los que se quedan qué es lo que deben hacer.

Nadie sabe en qué momento regresará. “… pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo”.

Es un aviso para todos.

Muy específico: velemos, estemos pendientes en todo momento y, más aún, veámonos a nosotros mismos como ésos que permanecen en la casa mientras regresa su dueño: tenemos deberes que cumplir durante la ausencia de su dueño.

• En la lectura primera (Isaías, 63, 16-17.19; 64, 2-7), somos nosotros quienes imploramos la presencia del Señor, que él venga a nosotros.

Usa palabras que exclaman, “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia” y dos veces dice, “Tú, Señor, eres nuestro padre”.

Es el desear que ese dueño de la casa en la que estamos, regrese pronto pues lo necesitamos.

Pero hay también un lamento,

“¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad… Todos éramos impuros… todos estábamos marchitos… y nuestras culpas nos arrebataban como el viento… Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en ti…”

Reuniendo estas dos lecturas, es posible imaginar a esos a quienes abandonó el dueño de la casa dejándoles responsabilidades esperando su regreso.

Somos nosotros esos quienes esperan el regreso y mientras sucede, lamentamos su ausencia, le queremos de regreso, pues sin él nos hemos vuelto impuros, hemos olvidado nuestras obligaciones, ya no le invocamos, creemos que podemos vivir sin él.

Nos ha dicho qué es lo que debemos hacer, pero también nos ha dejado libres de hacerlo. Y en esta libertad podemos perderle y olvidarle.

Así vemos una realidad muy actual: nuestra libertad necesita de Dios. Sin él no somos realmente libres, pues nos hacemos impuros, marchitos. Nuestra libertad, ejercida mientras dura la espera, presenta ese riesgo de dejar de invocarle.

 

• En la segunda lectura, San Pablo (1Corintios, 1. 3-9) añade a lo anterior un elemento valioso, el más valioso en el que podamos pensar.

Al hablar de Jesucristo, dice,

“Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.”

Durante la espera del dueño de la casa, ese mismo dueño ha mandado a su propio hijo a confortarnos, a hacernos posible permanecer sin faltas para velar su regreso.

 

• Las muy felices fechas que se aproximan tienen en estas lecturas una apertura llena de esperanza.

Estamos todos en esa casa que su dueño nos ha dejado bajo nuestra responsabilidad sin saber cuándo vendrá de nuevo. Y esto nos produce tristeza, pues siendo obra de Dios es obvio que deseamos su regreso.

En esta desesperanza bien podemos olvidarle, dejar de pensar en él, abandonarle. Pero es aquí que surge eso que nos reconforta y hace posible la espera: Jesucristo, Dios mismo que se hace presente entre nosotros y nos “hará permanecer irreprochables hasta el fin”.

Es esta expectación la mayor que podemos tener, la presencia de Jesucristo entre nosotros, su nacimiento como humano y por medio de quien podremos llegar de nuevo al Padre.

Nada, absolutamente nada es mejor que este suceso.

Y, muy claramente, es causa de alegría, de celebración en estas fechas que vienen.

Si acaso estamos en esa posición de haberle dejado de invocar, es ahora la oportunidad de recordar este suceso: en la espera de su advenimiento Dios mismo ha aparecido entre nosotros para recordarnos que somos esos a quienes Dios ha dejado a cargo de su casa en este mundo y que, siendo un Dios fiel, regresará por nosotros.

Además, las lecturas son especialmente importantes para nuestros tiempos en los que la libertad nos ha mareado al entenderla como el simplista seguimiento de nuestros deseos personales, ignorando que somos los responsables de la casa en la que vivimos y de que debemos velar.

Las tendencias de la secularización actual son un muy real peligro para nuestro mundo al querer vivir haciendo de lado a Dios. Y es que nuestra vida terrenal no puede ser entendida sin Dios.

Al intentar vivir sin él, este mundo terrenal se irá desmoronando para convertirse en la abandonada casa en la que no hay guía y cada uno hace lo que su limitada voluntad le indica.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comunes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.



1 comentario en “1 Domingo Adviento (2011)”
  1. Teresa Núñez Dijo:

    A m é n .





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