Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3 Domingo Adviento (2011)
Textos de un Laico
9 diciembre 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• En el evangelio de este domingo (Juan, 1, 6-8.19-28), muy apropiadamente para estas fechas, se narra una serie de Duda de Santo Tomáspreguntas a Juan, quien “no era la luz, sino testigo de la luz”.

Unos sacerdotes y levitas interrogan a Juan el Bautista, queriendo saber quién es él.

Contestó que no era el Mesías, que no era Elías, que no era profeta y dijo que “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.

E interrogado de nuevo sobre por qué bautizaba, contestó, “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.

El pasaje del evangelio de San Juan quizá nos proponga un interrogatorio personal, hecho a nosotros por nosotros mismos, preguntándonos quiénes somos.

Pero no es una pregunta psicológica, en una pregunta de real fondo.

¿Quiénes somos frente a Dios? Si Juan el Bautista responde que no es él digno de desatarle las sandalias, su respuesta nos debe inspirar la nuestra. Estamos frente a Dios mismo, y somos sus criaturas, de él venimos y a él debemos ir.

 

• En la medida en la que eso respondamos y creamos, podremos entender las ideas de Isaías en la primera lectura (61, 1-2.10-11), “Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios”.

Cuando comprendemos quiénes somos y en nuestro entendimiento veamos que somos hijos de Dios, eso llevará a nosotros un sentido de alegría y gozo, como no hay otro,

Y esa dicha y ventura se eleva aún más por la celebración de las próximas fiestas: el que nos ha creado viene a nosotros.

Es exactamente lo mismo que dice el salmo responsorial, “Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador… mi espíritu se llena de júbilo”.

 

• La segunda lectura, la carta de San Pablo (Tesaloniceses, 5, 16-24) da inicio con las mismas palabras, “Vivan siempre alegres, oren si cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús”.

Es la consecuencia natural de nuestra respuesta a esa pregunta. ¿Quiénes somos?

Y al responderla como Juan el Bautista, el efecto es el obvio, similar al que se obtiene cuando cualquier otra pregunta se contesta acertadamente. La alegría de inmediato se hace presente. La respuesta es correcta.

 

• Viendo de esta manera las tres lecturas, se puede ver en resumen el enorme gozo que se experimenta dentro de uno mismo cuando se contesta esa pregunta, ¿quién soy?

Soy hijo de Dios, soy su obra y su criatura, de él vengo. “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen suya los creó” (Génesis, 1, 27).

Es como una especie de preparación de la Navidad, ésta de interrogarnos como lo fue Juan el Bautista, yendo realmente a fondo y sin las respuestas incompletas que suelen dar las ciencias humanas.

No pueden satisfacer las respuestas biológicas, ni las psicológicas, ni las sociológicas. Somos mucho más que eso, somos criaturas de Dios y nuestra felicidad ahora mismo depende de comprenderlo.

El tema es importante en tiempos en los que se buscan respuestas confiando ciegamente en la razón, ignorando que ella es un don divino, pero que es falible. Hay quienes piensan que los humanos somos simples accidentes biológicos, productos del azar químico y de circunstancias fortuitas.

Son visiones pesimistas, que ensombrecen nuestros ánimos. Pero la fe y la razón, cuando trabajan juntas, nos llevan, siquiera poco a poco, a la respuesta final de ese quiénes somos.

Somos obra de Dios mismo y no hay idea que produzca la alegría de creerlo sinceramente, lo que nos llevará de inmediato a lo que dice Pablo, “… oren si cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús”.





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