Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
5 Domingo Ordinario A (2011)
Textos de un Laico
4 febrero 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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El gran tema de las lecturas de este domingo está contenido con claridad total en el salmo responsorial Duda de Santo Tomás(Sal 111). Dice, “El justo brilla como una luz en las tinieblas.”

Y la definición de justo que da el salmo está contenida en sus palabras. El justo es “clemente y compasivo… llevan honradamente su negocio… Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia… no vacilará… No temerá malas noticias.”

• En la primera lectura, Isaías (58, 7-10), esa definición añade elementos a la personalidad del justo: “Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano.”

Y, más aún, continúa, con, “cuando renuncies a oprimir a los demás y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva, cuando… sacies la necesidad del humillado brillará tu luz en las tinieblas…”

Con sólo leer estos textos es perfectamente posible darnos cuenta de lo que en ellas nos quiere decir Dios. Si nos comportamos así, como nos dice el Padre, brillaremos, seremos como luz en las tinieblas. Todo muy bien y comprensible, pero a esto el Evangelio de este domingo añade el elemento más importante de todos.

• Reproduce el Evangelio de Mateo (5, 13-16) las palabras de Jesucristo: “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo… cuando se enciende una vela no se pone debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa”.

Otra vez esa idea de la luz, pero ahora muy claramente colocada como una responsabilidad propia nuestra, de cada uno en lo individual.

Hasta aquí se tiene una idea concreta de lo que dicen las escrituras. Los justos, quienes se comportan de acuerdo a los mandamientos de Dios son luces y estamos para ser luces.

Es una obligación serlo porque, dice el evangelio, “Que de igual manera que brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre que está en los cielos.”

Esto último redondea la idea. Jesús habla de nosotros, de volvernos luces actuando como justos y con ello podremos hacer que otros vean las buenas obras realizadas. Es literalmente convertirnos en sus apóstoles. Que es lo que narra San Pablo.

• La segunda lectura primera (corintios II, 2, 1-5) habla del apostolado que Pablo hacía.

Dice, “… para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo por la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún de Jesucristo crucificado… no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios…”

Es ahora cuestión de poner los elementos juntos.

Al comportarnos de acuerdo con los mandatos de Dios estaremos, por ese simple hecho, siendo apóstoles suyos. Nos convertiremos en luz que guía a otros. No necesitamos ser sabios, ni conocedores; basta actuar así para ser ayuda a los demás.

Más aún, Jesús establece que esto es una obligación, que lo debemos hacer pues somos la sal del mundo.

Si esto fuera un partido de fútbol, diríamos que Jesús nos da un pase para que metamos gol. Podemos hacerlo si lo deseamos, es responsabilidad nuestra. No nos obligará a hacerlo. Sencillamente nos dice allí está la oportunidad.

Si nos comportamos como el justo, brillaremos y con eso ayudaremos a otros a ver a Dios. Es decir, las buenas obras no ayudan únicamente a quien recibe nuestra ayuda, sino que quien las conoce también es iluminado.

No significa eso que debamos andar presumiendo las buenas obras que hagamos. Con hacerlas basta, que ellas solas se encargarán de ser contagiosas para el resto. Tampoco es una cuestión de que nos vean a nosotros y nuestras obras, porque no nos verán, sino que verán a Dios actuando en nosotros.

En otras palabras, podemos ser santos. Sí, la santidad no está solamente reservada a unos pocos, pues ello sería ajeno a la voluntad de Dios.

Literalmente, dice Jesús que somos la luz del mundo, que lo podemos ser, que si lo deseamos lo seremos. Es la luz de la santidad la que podemos tener si nos decidimos. La santidad no es la excepción sino la regla.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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