Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
7 Domingo Ordinario A (2011)
Textos de un Laico
18 febrero 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Levítico 19,1-2.17-18) abre el tema central de este domingo, el de amar al prójimo Duda de Santo Tomáscomo uno mismo se ama.

Comienza la lectura señalado que el Señor se dirige a Moisés y le dice: “Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tú hermano… No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor’”.

Es un mandato de amor que no sólo ordena el simple no odiar, sino que obliga a amar al resto.

Es, en realidad, tratar a otros como Dios mismo nos trata, con amor. En el salmo responsorial, se trata esta misma idea.

“El Señor es compasivo y misericordioso… Él perdona todas tus culpas… y te colma de gracia y de ternura… no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas… Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles”.

• En el evangelio (Mateo 5,38-48) se reproducen palabras de Jesús y que introducen un elemento temerario: a ama a tu prójimo como a ti mismo, añade ama a tus enemigos.

Dice Jesús, “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”.

Todavía más, “al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas”.

Y, por si fuera poco, nos dice, “Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”.

No es ir más que en la dirección correcta y llevar a su término lógico eso de ser santos, eso de ser hijos de Dios.

Sigue Jesús, “Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.

• En la segunda lectura (I Corintios 3,16-23), san Pablo nos da otra manera de ver este tema al decirnos “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”

Y siendo templos de Dios, “que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”.

Las tres lecturas reunidas nos presentan un mandato de Dios, el amar a otros como nos amamos nosotros mismos. Es decir, comportarnos como Dios se conduce con nosotros, guiado por el amor que nos tiene: compasivo, misericordioso, capaz de personas faltas. tierno, dulce.

Si somos templos de Dios, si queremos comportarnos como sus hijos, nuestra conducta debe ser la misma, la de amar a otros, perdonarlos, ser misericordiosos.

Realmente serlo con lo que Jesucristo pone de ejemplo, el amar a los enemigos, ser compasivos con los que nos odian, rezar por los que nos hacen mal.

Hacer eso es reconocer que somos templos de Dios, que no nos es posible odiar, al contrario, que debemos tratar de ser con otros como Dios es con nosotros. Y es posible hacerlo.

Cada uno de nosotros podemos pensar en alguna otra persona, un enemigo nuestro, uno que nos haya causado daños severos. Pensando en ese enemigo es posible orar por él, desearle cosas buenas, pedir a Dios por su salvación. Como la persona que oró por sus secuestradores, o la que rezó por quien le engaño en un trato comercial.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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