Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
9 Domingo Ordinario A (2011)
Textos de un Laico
4 marzo 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Deuteronomio 11,18.26-28.32) reproduce palabras de Moisés a su pueblo. Y, sin rodeos, Duda de Santo Tomásles dice, “Meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente”.

Es difícil ser más claro que eso. Obviamente dirá algo vital que no quiere que sea olvidado y eso que dice a su pueblo establece una dualidad., “Hoy os pongo delante bendición y maldición”.

Primero, “la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy”.

Segundo, “la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido”.

La clave de lo dicho está, primero, en una palabra, “escuchar”. Y, segundo, en otra, “bendición”, la que sigue al obedecer. Esto se perfecciona en las palabras del evangelio.

• El evangelio (Mateo 7,21-27) plantea esas mismas palabras con la parábola que Jesús cuenta acerca de la edificación de una casa.

Dice Jesús, “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca”.

Esta es esa bendición de la que habla Moisés, la que se da a quien escucha la palabra de Dios y la sigue.

A lo anterior, Jesús añade el otro lado: “El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente”.

El destino de cada una de las casas es una ilustración del escuchar unido al hacer.

Jesús enfatiza la idea al decir, “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.

• En la segunda lectura (Romanos 3,21-25a.28) San Pablo contesta la pregunta obvia que todos nos haríamos, la de quién es ése que nos pide escucharlo y, más aún, obedecerlo, de lo que depende nuestra bendición.

Dice el apóstol, “…todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley”.

Es ése que dio su vida por nosotros, el que pide ser escuchado, el que pide ser seguido. Para así ser llevados a él, ser bendecidos y salvados.

• Las tres lecturas, en su conjunto, parten de una suposición no explícita en los textos: somos libres, podemos dejar de escuchar y de seguir lo que se nos dice. Por eso Moisés habla de meternos esa palabras lo más dentro de nosotros. Frente a frente tenemos esa decisión.

Podemos optar por escuchar y obedecer, o bien por lo opuesto. La decisión es nuestra y es la de construir la casa sobre roca o sobre arena.

Nosotros lo decidimos y lo hacemos sabiendo las consecuencias que vienen, la bendición o la maldición. Son palabras fuertes y claras.

Jesucristo dice sobre quienes le escuchan pero no le siguen.

Dice que al final, “Aquel día, muchos dirán: ‘Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?’ Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados’”.

Quizá el común denominador de las lecturas esté en el entender que del escuchar viene la conducta, que no es sólo escuchar sino que es un deber hacer. Es decir, comportarnos como se nos pide en lo que escuchamos de Dios.

Un ejemplo simple puede ilustrar esto, el de una persona que domingo a domingo va a misa, donde escucha lo que Dios nos dice. Bien, pues de poco servirá hacerlo si el resto de la semana se comporta como si no hubiera escuchado nada. Su casa está cimentada en arena.

Para evitar caer en esa situación, el salmo nos da una bella oración: “Sé la roca de mi refugio, Señor… tú que eres mi roca y mi baluarte… sálvame por tu misericordia”.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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