Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
A Prueba de Bribones
Selección de ContraPeso.info
1 diciembre 2011
Sección: POLITICA, Sección: AmaYi
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La preocupación no es nueva. Montesquieu es quizá quien le dio la solución más conocida: la división del poder político en tres ramas que se balancean unas con otras para impedir el abuso del poder.

Pero esa solución es sólo un principio general que merece más detalle y que es precisamente lo que hace Elster.

No sólo provee detalles para evitar abusos de poder, también da justificación a toda la idea de fragmentar el poder de los gobiernos.

Sí se trata de evitar abusos de poder, pero además reconocer abiertamente que los abusos son posibles porque en potencia los gobernantes deben ser vistos como seres imperfectos. O más descriptivamente, como “bribones”, según Hume.

La idea de este resumen fue encontrada en Elster, J. (2007). Explaining Social Behavior: More Nuts and Bolts for the Social Sciences. Cambridge University Press, pp. 434-439.

En buena medida, esta idea de Elster tiene un fuerte apoyo en otra concepción, la de Popper que habla abiertamente del riesgo de elegir a gobernantes indeseables.

El autor inicia esta parte usando el título “The Organization of Distrust”, la organización de la desconfianza, para tratar el tema de la división del poder político, la fragmentación del poder gubernamental, la protección contra bribones.

Las constituciones políticas, dice, desean ser mecanismos circulares, sistemas de pesos y contrapesos que balancean el poder de las instituciones políticas.

Cada institución vigila a las otras contraponiendo un poder contra otro, lo que no siempre es logrado, resultando en la existencia de una de ellas que es el peso no contrapesado.

Pero aún así, la idea es dividir el poder político basado en la idea de David Hume: es una máxima política suponer que toda persona es un pillo (“knave”= bellaco, bribón, villano), que tenderá a abusar del poder en su favor.

Después de tratar algunos ejemplos particulares de constituciones nacionales, el autor vuelve a la base de la división del poder. A la máxima de Hume, le da un significado más elaborado.

Debe suponerse que todos los que están en el poder tratarán de mantenerse en él; que aunque los gobernantes afirmen que ellos trabajan por el bien común, las personas debemos reducir nuestra confianza en ellos.

Puesto en otras palabras, Elster toma como punto de partida la misma idea de Popper: es una locura suponer que debe confiarse ciegamente en los gobernantes.

Como un principio razonable en extremo, debe suponerse que no son del todo confiables y, mediante una constitución, organizar esa desconfianza que todo gobernante merece.

Y más aún, dice Elster, debe suponerse que aquellos que están en el poder intentarán usar ese poder para mantenerse en él y expandirlo si se les presenta la ocasión.

Aplicar estas suposiciones a los gobernantes dependerá de si quienes crean una constitución persiguen el logro del bien común más que la satisfacción de sus intereses propios.

La fuerza de la razón, persiguiendo el bien común más que el beneficio partidista, será más propio de una asamblea constituyente que de una legislatura normal.

Bajo estas consideraciones, Elster propone ahora ideas para la organización de la desconfianza política.

Elster propone 12 ideas que siguen el mismo espíritu de la división del poder que Montesquieu sistematizó. Aquí, ellas han sido condensadas ligeramente en 9, agrupando a las que están ligadas entre sí.

Pero lo esencial es el mérito del autor al haber establecido con un nuevo énfasis la base que justifica estos nuevos detalles de la división del poder gubernamental. No es razonable otorgar un poder sin límites y frenos a quien sea que esté en el poder.

1. Evitar que el gobierno intervenga en cuestiones de justicia política, mediante la asignación aleatoria de tribunales o jueces, en casos de juicios criminales.

Si esto no se hace aleatorio, el gobierno puede llevar a sus opositores a juicios que aseguren un dictamen de culpabilidad. Es una defensa de la oposición y de sus críticos.

2. Evitar que el gobierno manipule las elecciones, mediante una ley electoral muy detallada que se incluya en la constitución misma, sin dejarla a leyes posteriores. Los cálculos y definiciones de distritos electorales deben ser fórmulas preestablecidas, o bien dejarse en manos de una institución independiente del gobierno.

Es una defensa de la posibilidad de elegir por medios pacíficos a otros gobernantes y presupone que quien ya está en el poder tratará de mantenerse en él.

3. Evitar que el gobierno intervenga en el flujo de la información, mediante disposiciones que permitan la exhibición pública de actos de los gobernantes. Si hay medios gubernamentales, deben ser manejados por comisiones autónomas, no nombradas por el gobierno.

Los medios privados deben tener protección y las frecuencias de transmisión así como el papel deben ser manejados sin posibilidad de racionamiento gubernamental. Es una defensa, en detalle, de la libertad de expresión en general y de la crítica al gobierno en específico.

4. Evitar que el gobierno manipule la política monetaria, mediante la creación de un banco central autónomo, que a su vez debe ser protegido de la posibilidad de tener funcionarios con ideologías que produzcan acciones desastrosas.

Esta protección puede ser la aprobación por parte de una supermayoría parlamentaria, y, desde luego, la existencia de períodos preestablecidos de función. Es una defensa de la libertad económica en el sentido de frenar la posibilidad de manejar la moneda en beneficio de quien está en el poder, sus planes y ambiciones.

5. Evitar que el gobierno manipule la información estadística, mediante la asignación de esta función a instituciones autónomas.

Se trata de, como en el resto de las sugerencias anteriores, presuponer que el gobernante tiene un interés personal en mantener su poder y expandirlo, pudiendo alterar cifras oficiales que le favorezcan. Es una defensa de la libertad económica y de expresión, que permite conocer la realidad.

6. Evitar que el gobierno mate de hambre a la oposición, mediante disposiciones que permitan subsidiar a los partidos de acuerdo al número de votos y su proporción en las cámaras de legisladores o el parlamento.

Ese subsidio debe estar fijado en la constitución y tener una manera preestablecida de ajustarse en el tiempo. Es una defensa de la libertad política al mantener la posibilidad de opciones electorales.

7. Evitar que el gobierno emita leyes que le beneficien, mediante disposiciones constitucionales que fijen que ciertos tipos de leyes entrarán en efecto tiempo después de su emisión, más de un año quizá.

La ignorancia sobre la situación futura será un freno a leyes de beneficio partidista inmediato. Es una defensa de la libertad política, especialmente diseñada para frenar intentos de beneficio partidista inmediato.

8. Evitar que el gobierno salte las disposiciones constitucionales usando su mayoría en las legislaturas, mediante reformas constitucionales que requieran supermayorías, o retrasos de aplicación. Y considerando a esas cláusulas de reforma protegidas de un cambio.

Más aún, los cambios constitucionales pueden deber ser revisados por la suprema corte o algo similar. Es una defensa de la libertad política, sustentada en dificultades para hacer cambios constitucionales de beneficio al gobernante en el poder.

9. Evitar la existencia de jueces ideológicos o dogmáticos en la suprema corte, mediante disposiciones que permitan destituirlos, con supermayorías parlamentarias, por ejemplo.

No deben existir jueces de por vida, ni deben poder ser reelegidos. Es una defensa de la libertad política, que permite hacer cambios en el poder judicial en casos extremos y promueve renovaciones sistemáticas.

Una constitución, dice Elster, puede ser un mecanismo intrincado de piezas. Si alguna de ellas falta, las otras pueden resultar ineficaces.

Pero, de igual manera, una constitución puede tener tal nivel de rigidez que impida la acción gubernamental en tiempos de excepción. Es imposible prever todas las situaciones futuras posibles, por lo que debe dejarse un cierto margen de acción.

La idea central de Elster es muy valiosa en dos sentidos.

Uno, ha hecho explícito el fundamento de la fragmentación del poder y que es el suponer, como punto de partida, que toda persona es potencialmente alguien que aprovechará su posición de poder gubernamental para beneficio propio.

Dos, ha entrado en el detalle más allá de la simple división del poder en ejecutivo, legislativo y judicial. La autonomía del banco central es sólo un ejemplo del espíritu de esas sugerencias que persiguen organizar la desconfianza que se debe tener en todo gobernante.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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