Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
A Todo Volumen, Pero…
Eduardo García Gaspar
23 junio 2011
Sección: DERECHOS, ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
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Sucedió en Monterrey, México, y es pintoresco. Pero, sobre todo, didáctico. Resumo la situación, la que tiene dos actores centrales.

Uno de ellos, una quinceañera que celebra su fiesta en un hotel, en el jardín. La planea con un año de anticipación, invita gente y la fecha seleccionada coincide con otra. Todo un acontecimiento familiar en la tradición mexicana.

La fecha que coincide es la de la visita de equipos de futbol al Mundial Sub-17. Uno de esos equipos se hospeda en el mismo hotel, el de Japón. Claramente es una competencia importante para ellos y, por lógica, los jugadores, necesitan entrenar, dormir, en fin, estar preparados.

Ya se imaginará usted la situación. La música de la quinceañera en el jardín impide dormir a los jugadores y, supongo, también al resto de los huéspedes. Van y vienen quejas. Total, al final, suspenden el festejo.

Mejor dicho, según la noticia, se pospuso para otra fecha, cuando otros huéspedes serán los molestados, no los del equipo de fútbol.

Por supuesto, la situación es folclórica si uno imagina el contraste posible de personalidades, entre una de las partes alegando un derecho indiscutible, y la otra argumentando otros derechos más emocionales. Es ademas otra muestra de una enfermedad de nuestros tiempos, la del creer que a mayor volumen de sonido todo mejora.

Si aún diera yo clases, no dudaría en usar este caso para que los alumnos lo examinaran tratado de sacar conclusiones.

Se trata de algo normal, un choque o roce entre personas, el que hace la fiesta y el que duerme. Un caso de confrontación de libertades. Obviamente se tiene la libertad para hacer fiestas y para dormir. Dos actividades normales y frecuentes.

Pero hay una variable que todo lo cambia.

Imagine usted que la fiesta se realiza en un salón cerrado, que impide que la música se oiga en otras partes exteriores. Nada hubiera pasado. Los jugadores hubieran dormido perfectamente y el festejo se habría celebrado como se planeó. Esto nos da una pista de dónde está el problema.

Y ese problema tiene su origen en el festejo de la quinceañera: la música que ella usó para celebrarse salió de allí e invadió el espacio de otros impidiéndoles dormir. Los jugadores, por su parte, al dormir no causaron nada que impidiera el festejo, pero el festejo impidió el dormir.

Es una clara transgresión de derechos entre personas y da la razón absoluta a los jugadores. Toda la razón.

El tercer personaje en este caso es el hotel y su gente, a los que se puede calificar de inconscientes: realizar ese festejo en el jardín significaba que sus huéspedes serían dañados por el ruido.

Es una violación del deber del hotel, el que a cambio de dinero promete dar una habitación razonablemente silenciosa. En este caso, el mismo hotel, violó su promesa a los huéspedes.

El caso puede muy bien se usado para mostrar la idea de las externalidades, un concepto económico muy útil: una consecuencia positiva o negativa que no está integrada en el precio, y en la que incurre una parte no incluida en el trato original.

En este caso, el festejo fue contratado con el hotel a cierto precio, pero ese precio no incluyó la consecuencia negativa en sus huéspedes.

El no poder dormir es la externalidad, en este caso negativa, que sufrieron los huéspedes.

Si, por ejemplo, ellos hubieran recibido un descuento esa noche, por el ruido, digamos 50%, la externalidad se habría integrado en el precio y dejaría de serlo (si es que los huéspedes están de acuerdo).

La externalidad es una transferencia de consecuencias a otros.

Si su vecino hace una fiesta con música insoportable hasta la madrugada, con lo que a usted se le impide dormir, la externalidad es esa noche sin sueño. El vecino la puede pagar y, por ejemplo, regalarle a usted un iPad o una botella de whisky. Obviamente, casi todas nuestras acciones tienen externalidades, la mayoría de las veces irrelevantes.

Pero cuando las tienen y ellas son notables y negativas, es sano reconocerlas y tratar de evitarlas. En el caso del festejo, quienes lo hicieron no tuvieron idea de que los demás tienen derechos también y que los derechos propios no anulan los de otros.

Es lo que podemos llamar buena educación, civismo, prudencia, o como usted quiera.

¿Quienes faltaron a esa expectativa de respeto? Los del festejo y los del hotel, no hay duda. Fueron los jugadores esos a quienes asistió toda razón.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Economía y en ContraPeso.info: Precios. Otro caso de externalidad, muy de la vida real, es el del costo total de un perro.

La conclusión anterior es la natural: si al precio se integran las externalidades, se tendrá una reducción en la cantidad demandada.

En este caso, la externalidad de la música que impide dormir a los huéspedes podría ser cuantificada e incorporada al precio, lo que lo elevaría, y la quinceañera posiblemente terminaría prefiriendo evitar que la música afectara a otros, lo que le significaría un ahorro.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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