Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Acusados Sin Pruebas
Eduardo García Gaspar
14 febrero 2011
Sección: LIBERTAD CULTURAL, MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El tema de una periodista/columnista de opinión, que fue despedida de una estación de radio, es una ocasión fantástica para ordenar ideas en una situación que las suele desordenar.

No es la primera vez que algo así sucede, ni la primera que le acontece a C. Aristegui, el personaje central del suceso.

En resumen, la situación es simple.

La periodista/columnista da una noticia sobre la colocación de una manta en el congreso por parte de miembros de un partido. En la manta se afirma que el presidente Calderón tiene un problema de bebida. Ella demanda que la presidencia intervenga y diga si es o no cierto. A continuación, ella es despedida de la estación de radio.

La reacción inicial es comprensible, especialmente entre sus colegas: se trata de un atentado contra la libertad de expresión, un acto de censura informativa, una represión gubernamental que forzó a los dueños de la estación a despedirla.

El suceso de convierte en un tema nacional de conversación y notas en los medios.

Lo que bien vale una segunda opinión es examinar esto de manera pausada, sin aspavientos, ni rasgaduras de vestuario. No es el primer caso de estos que se presenta. Vayamos paso por paso.

Primero, existe un propietario de la estación de radio. Ese propietario contrata personal para hacer funcionar su negocio. Nada extraordinario, como en toda empresa. Uno de los empleados allí es Aristegui.

Su despido es una acción a la que el propietario tiene derecho, igual que despedir al mozo de limpieza. No se viola ningún derecho, ni hay censura.

Aristegui puede seguir opinando donde quiera que la contraten o donde ya trabaje. Incluso hasta puede fundar su estación de radio o de televisión. Puede expresarse en Internet y decir lo que le dé su gana, razonable o no. Allá ella. Y allá el propietario de la estación de radio que tendrá las consecuencias de esa decisión de despido

La confusión que se ha dado es obvia cuando se examina. El despido no es un acto de censura en sí mismo. Censura sería el callar a Aristegui, impedirle, por ejemplo, dar ruedas de prensa.

Ella sigue hablando y mantiene sus otros empleos. El mal empleo de la palabra censura la debilita y eso es reprobable.

Segundo, vayamos ahora a dos facetas vitales del suceso.

Una, la propuesta de que el despido se debió a presión de la presidencia, a la que el propietario de la estación cedió. Aquí hay dos posibilidades, existió esa presión o no existió.

Tener conocimiento sobre eso es difícil. Darlo como un hecho consumado es una afirmación atrevida y sin pruebas. Es demasiado grave hacerlo.

En una cultura demasiado inclinada a lanzar graves acusaciones sin fundamento, como la mexicana, no se aprecia la gravedad de hacerlo. Y realmente lo es, que es lo que me lleva al otro punto

Otra, la opinión de la periodista/columnista que tomó una noticia, la de la manta desplegada por un partido de oposición y sobre ella hizo una acusación también grave, la de suponer que una acusación sin demostración merecía construir una duda de tal magnitud que debía tener una respuesta oficial de la presidencia.

Si vemos esto con sosiego se aprecia mejor.

Miembros de un partido de oposición, que son célebres por sus afirmaciones sin sentido y conductas reprobables, invaden la tribuna del congreso y ponen una manta que dice en palabras muy claras que el país está siendo conducido por un borracho, el presidente.

Sin duda es noticia y Aristegui la toma y continúa con la exigencia de información de la presidencia que niegue o no tal acusación. ¿Ve usted la afición a hacer graves acusaciones sin pruebas?

Primera, la de miembros del PRD que hacen una acusación al presidente diciendo que es libre expresión de ideas y, de allí la segunda, la acusación es prolongada por alguien que se supone no debe hacerlas sin contar con pruebas.

Creo que mi punto es claro ya. El suceso muestra esa terrible afición a hacer acusaciones serias y graves sin fundamentos. La hecha por miembros del PRD, la de la periodista que toma esa acusación como legítima. Y, ahora, además, la acusación posterior, de que el despido de la periodista/columnista es un acto de censura informativadel gobierno.

En resumen, una costumbre insalubre esta de acusar a todos esos con los que no se está de acuerdo de las más graves faltas y hacerlo sin que haya necesidad de existir pruebas ni evidencias siquiera medianamente razonables.

Post Scriptum

Todo lo que puede hacer una persona razonable es buscar congruencia entre sucesos externos al suceso y las acusaciones lanzadas calificando a las fuentes que lo hicieron.

De mi parte no encuentro actos de censura en México que muestren un patrón de conducta en defensa de la presidencia. Además, las afirmaciones generales de miembros del PRD me parecen dignas de poca credibilidad.

En cuanto al estándar del periodista, éste debe sostenerse en la existencia de información sólida y comprobada razonablemente. Una norma que me parece violó Aristegui favoreciendo la posición de un partido y no la objetividad que debe defender.

Una realidad adicional es la borrosa línea que existe entre dar una noticia y expresar una opinión, la que ha producido medios de apariencia noticiosa que en realidad son de opinión.

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Libertad de Expresión. En enero de 2008, otra columna mía trató un caso muy similar de la misma periodista/columnista, en Aclarando a Aristegui.

Fue reportado el 16 de febrero que Carmen Aristegui vuelve a la conducción del noticiero Primera Emisión el 21 de febrero, según anuncio de MVS Radio y la propia periodista. “En un comunicado conjunto, informaron que tomaron la decisión de reanudar la relación laboral tras tomar en cuenta las demandas de los radioescuchas y la fructífera experiencia de más de dos años de colaboración” (El Norte).

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Acusados Sin Pruebas”
  1. Jesús Humberto Dijo:

    Efectivamente, despedir a alguien no es censurarlo. Lo irónico del caso, por no decir lamentable, es que la periodista que se dice agraviada, cita a una conferencia de prensa (¡ante periodistas!) en la cual afirma su posición inicial: es válido hacer preguntas y a los periodistas presentes en su conferencia no les spermite que le hagan preguntas. Los diputados que llevaron la manta al Congreso no son del PRD, sino del PT: Gerardo Fernández Noroña, Jaime Cárdenas y un tal Di Constanzo. NOTA DEL EDITOR: efectivamente, buena precisión.

  2. droctavio Dijo:

    Quiero resaltar que efectivamente hablar de “censura” en el caso que le ocupa es un uso exagerado del término. Prueba de que no hay censura es que el tema ha sido tratado por muchas otras personas que al hablar de que existe censura demuestran que no la hay y que del suceso fuente de todo, se sigue hablando. Muy diferente y sí, censura, es lo que pasa en Venezuela por ejemplo, o en Cuba, donde ningún medio puede hablar mal del gobierno.





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