Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Adiós Responsabilidades
Leonardo Girondella Mora
7 abril 2011
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


La promesa central de un estado de bienestar ha sido bien resumida en una frase conocida —la de cuidar del ciudadano desde que nace hasta que muere.

Con esta meta, los gobiernos de bienestar se adjudican funciones consideradas claves para el bien común.

Gobiernos de ese tipo son responsables de funciones como pensiones de jubilación, servicios de salud para los ciudadanos, labores educativas desde años básicos hasta superiores, actividades culturales como museos, teatros, cine y demás.

La filosofía que anima al estado de bienestar es el bien de esos a los que gobierna y a quienes debe proveer de lo más que ellos necesitan: seguro de desempleo, protección al consumidor, construcción de casas, transporte público, ayudas a madres solteras, agua a precios subsidiados y otras cosas más.

Todas esas funciones asignadas al estado de bienestar necesitan una gran estructura de proveeduría —las instituciones a cargo de, por ejemplo, administrar medios de comunicación pública, o crear y revisar libros gratuitos de texto.

La gran estructura es costosa y se financia con altos impuestos, especialmente progresivos.

Parte de la filosofía que anima al estado de bienestar es de naturaleza distributiva: quienes más ingresos tienen pagan impuestos más elevados, que se llevan al gobierno y con ellos se financian servicios que ahora son accesibles a todos.

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El estado de bienestar ha sido alabado por sus fines —y criticado por sus resultados: servicios malos, altos costos burocráticos, tendencia a perseguir fines electorales, desatención del ciudadano y privilegios de intereses especiales.

Se ha criticado también la pérdida de libertades y de derechos, como por ejemplo, el de la propiedad.

Sin embargo, no ha recibido la debida atención a una faceta del estado de bienestar, la de su efecto en la población general.

Debe recordarse que lo que mueve a un estado de bienestar, al menos en su parte formal, es la felicidad del ciudadano —eso de satisfacer sus necesidades, permitirle lo más posible la satisfacción de sus necesidades, como las de jubilación, o las de diversión.

En lo que sigue quiero explorar el efecto que tiene esa meta del estado de bienestar.

¿Qué hábitos, costumbres, mentalidad, se crean en una persona que vive bajo ese tipo de gobierno?

Apunto las siguientes ideas sin orden de importancia.

• El mecanismo con el que funciona un estado de bienestar tiene por diseño un sistema de sustitución de decisiones y acciones: cosas que la persona tiene capacidad para decidir y hacer son decisiones y acciones que ahora el gobierno realiza.

• La sustitución de decisiones es un traslado de responsabilidades en una gama amplia de campos: salud, seguridad, educación, diversión, familia y muchos más. Por ejemplo, la decisión de ahorrar o no y de cuánto, para la jubilación es hecha por el gobierno, no por la persona.

Igualmente, el gobierno decide la escuela a la que se mandará a los hijos y lo que ellos estudiarán —no tomarán esa decisión los padres.

Las pensiones a la tercera edad relevarán la decisión de los hijos de ayudar a sus padres. Los subsidios a bienes de consumo sustituyen la decisión de cuidar recursos alterando patrones de compra.

• Se trata, en lo general, de un traslado masivo de decisiones y acciones —pero, sobre todo, de la responsabilidad de ellas.

La persona cambiará su mente y entenderá que el gran responsable es el gobierno, quien tiene la obligación de atender sus necesidades.

• Es posible tener una idea de ese giro tan grande. Puede verse en la conducta de personas sin responsabilidades, vivan donde vivan.

Son ellas poco precavidas, libertinas, imprudentes, de corta vista, egoístas, descuidadas, gritonas, exigentes, caprichosas. La imagen del infante consentido las representa admirablemente.

• Ese ciudadano que crea el estado de bienestar tiene consecuencias no sencillas de ver en una primera impresión. La irresponsabilidad que un gobierno de esa naturaleza y fines incentiva en sus ciudadanos, los vuelve pasivos, conformistas, pedigüeños, indiferentes, inertes.

Más aún, esa irresponsabilidad socava el interés en instituciones vitales, como la familia, los hijos, la asociación espontánea.

Finalmente, apunto la idea del tipo de personas que hacen mejor a una sociedad —esa donde las personas son trabajadoras, esforzadas, independientes, responsables, activas, diligentes, con metas propias, orientadas al futuro, con sentido de compromiso familiar.

Todas estas cualidades desaparecen en un estado de bienestar, todas. Y lo logra gracias a ese gigantesco mecanismo que dice adiós a las responsabilidades personales.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Estado de Bienestar.

Inevitablemente lo explorado por el autor recuerda otra frase, la de “sustitución de importaciones”, la política económica que buscaba el desarrollo industrial interno por medio del cierre de fronteras. Sus efectos secundarios fueron muy malos.

La “sustitución de responsabilidades” es otro intento de una buena meta que tiene efectos aún peores.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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