Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bonito Nombre Solamente
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea es tan vieja como el mundo. Siempre está intentándose.

Desde hace unas décadas, tomó un nombre romántico, el de Robin Hood.

La leyenda lo coloca como un forajido en tiempos de Juan sin Tierra: robaba a los ricos y daba a los pobres. Algo aproximado a lo que los gobiernos justifican hacer ellos mismos.

En el caso más reciente, la idea cobra cierta popularidad con un impuesto a las transacciones financieras, llamado así, Impuesto Robin Hood.

Legitima tal impuesto el deber de los mercados financieros para contribuir a la economía y su recuperación, según A. Merkel, la canciller alemana.

El mecanismo es el mismo de siempre, encontrar algo que sea sujeto a un impuesto y calificarlo de justificable por el fin que persigue, ayudar a otros, casi siempre a los pobres.

Podría tratarse de poner impuestos a las ventanas, a las mascotas, a las entradas al cine, al alcohol, al tabaco. El Impuesto Robin Hood fija su atención en los mercados financieros, ésa es la única diferencia.

Tiene sus partidarios de siempre: sindicatos, ONGs, Occupy Wall Street, George Soros, Al Gore, Bill Gates, Ralph Nader y, por supuesto, los mismos gobernantes, como Merkel y Mario Monti, en Italia.

No todos están de acuerdo. En el Reino Unido, el ministro de finanzas piensa que sería un suicidio económico. Se temería una emigración de mercados financieros a lugares sin ese impuesto, lo que ha producido un llamado a establecerlo en todo el mundo.

En EEUU se ha mencionado que tal impuesto afectaría al ahorrador común y a los fondos de pensiones.

En resumen, algo que merece una segunda opinión para señalar lo obvio: una viejísima idea con un nombre llamativo, una meta idealista, con efectos colaterales imprevistos y basado en un supuesto débil.

Una prueba más de la falta de imaginación que existe y de lo pueril del razonamiento. Lo único creativo, y no mucho, es el nombre del personaje de la leyenda.

Podría dar pie a otros impuestos futuros, usando los nombres de Jesse James, Bonnie y Clyde, Dick Turpin y eso sin contar los nombres de piratas.

Las manifestaciones de calle, destinadas a lograr fotografías llamativas, logran motivos visuales, una especie de manifestación temática con, en este caso, los gorros de Robin Hood. Podría ser, en otra ocasión, el tricornio de Turpin, o el parche de Barbanegra.

Pero no importan los nombres, el fondo es el mismo, quitar recursos a unos para llevarlos al gobierno y que éste diga que con esos fondos ayudará a la economía, a remediar la pobreza, a lo que sea que suene bien.

Esto es lo que al final importa y, por supuesto, eso en lo que menos atención se pone. Pareciera como si salir a la calle en una manifestación anulara las neuronas.

El fondo de todo es, en verdad, algo que desilusiona, la carencia de talento, la falta de imaginación, el no tener un sentido de innovación, el querer hacer lo mismo una y otra vez aunque no haya funcionado antes.

Nunca ha funcionado el quitar a unos para dar a otros, en ninguna de las direcciones en las que eso puede darse, que es precisamente lo que se ignora.

Veamos esto más de cerca. Vayamos con Robin Hood. En esos tiempos, se dice, los ricos quitaban a los pobres, acumulado grandes riquezas, algo notablemente injusto. De acuerdo.

Pero hacer lo mismo en dirección contraria, tampoco funciona. Es igual de injusto. Toda la atención se coloca en llevar recursos de una persona a otra. Eso es un mundo de quita y da.

Si la economía es libre, nadie quita, nadie da. Lo único que existe es un dar y recibir por mutuo acuerdo. Robin Hood no tiene nada que hacer en esta economía porque los de mayor fortuna no quitaron nada a nadie, simplemente intercambiaron cosas.

Y los de menos fortuna lo son porque no tienen mucho que ofrecer al resto, pero lo podrían tener. Si en esta economía no hay robos, entonces no hay justificación en quitarle nada a nadie.

¿Qué hacer para ayudar a los menos afortunados en esa economía? Dejar que ella florezca, que las personas sean las que ayuden por iniciativa propia.

Si pone usted a un Robin Hood aquí, cometería injusticias y dañaría a toda la economía. Todo lo que tiene ese nuevo impuesto es un nombre creativo, relativamente creativo, aplicado a la misma cosa de siempre, que nunca ha funcionado. Ni funcionará.

Post Scriptum

Entre los partidarios del Impuesto Robin Hood, me señaló una persona, se encuentra Benedicto XVI. Me dijo que eso me pondría en apuros ya que siendo yo católico tendría que aceptar la opinión papal y aceptar tal impuesto. La cosa no funciona así, mucho me temo.

Después de muchas experiencias sobre el tema, sé que las opiniones del Vaticano son bastante más complejas de lo que suele reportarse. Quizá no se el Papa tan partidario de ese impuesto como se dice. Aún suponiendo que lo sea, es una opinión con la que yo no estaría de acuerdo y nada pasaría con mi catolicismo.

El esquema de quita y da sólo puede justificarse en situaciones de robo de propiedad. Suponga usted la existencia de Robin Hood, el héroe, y de un gemelo suyo, Bob Hood, el villano.

  • Bob es contratado por los nobles del reino y recorre los pueblos y las ciudades robando a la gente de sus posesiones, las que da a esos nobles.
  • Robin es contratado por la gente del reino y recorre los castillos robando a los nobles las posesiones robadas antes para restituir sus posesiones.

La tarea de Robin es justa sólo en la medida en la que quita a los nobles lo robado y lo devuelve a los legítimos propietarios anteriores. Si roba más que eso, Bob podrá entonces hacer eso mismo, quitar a la gente lo que no es de ellos y darlo a los nobles que eran sus legítimos propietarios.

Robin Hood sólo tiene una tarea legítima en caso de robo no en caso de propiedades justamente adquiridas.

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