Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Camino al Patatús
Eduardo García Gaspar
19 septiembre 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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La noticia fue una confirmación de un patrón universal de conducta gubernamental. Podría haber sucedido en cualquier país, en cualquier momento.

Para 2012, el gobierno federal mexicano “plantea un aumento en el gasto corriente (integrado mayormente por sueldos y pensiones de la burocracia), y un recorte en los recursos para obras de infraestructura”.

El gasto en infraestructura se ha reducido de 646 mil millones de pesos en 2011 a 625 mil para el año que viene.

El crecimiento total de gastos, sin embargo, es de 10%. La diferencia se explica por la elevación del gasto corriente, es decir, en buena parte sueldos para burócratas (El Universal, 13 septiembre 2011).

En lo general el caso mexicano es representativo del patrón general del gasto de gobierno: tiende a crecer suceda lo que suceda, no importa que exista una crisis en la que todos aprietan cinturones y quieran ser más productivos.

Los gobiernos se sienten exentos de esa prudencia básica. Y se financian con impuestos, presentes y futuros.

Hay casos extremos, como el de los EEUU, con un déficit fuera de proporción. Un cálculo gráfico de la deuda del gobierno estadounidense indica que si con ella se formara una torre de billetes de cien dólares, tendría más de 15 mil kilómetros de altura.

Otro cálculo apuntó que si la deuda del estado de Coahuila en México se usara como césped en canchas de futbol podrían cubrirse 278 de esos campos con billetes de cien pesos.

Quiero apuntar la realidad de una tendencia de hace ya tiempo: el crecimiento de los gobiernos como un fenómeno universal y que puede medirse con el tamaño de los presupuestos de gastos.

No es un asunto menor, al contrario. Los gobiernos son las entidades más ricas del mundo. La mayor de todas las trasnacionales es pequeña junto a ellos.

El problema es que la tendencia no es sostenible en el plazo largo. Los gobiernos no pueden mantener un movimiento siempre ascendente mayor al crecimiento de la sociedad a la que gobiernan.

Llegaría un momento en el que para sostenerse, los gobiernos tendrían que tener impuestos del 100%.

Tampoco puede sostenerse ad infinitum la tendencia de incrementar la deuda pública para financiar el gasto creciente gubernamental. Llegaría un momento en el que los gobiernos poseerían todo el crédito, dejando sin esa posibilidad al resto de las personas.

Y, por supuesto, las posibilidades de pagar la deuda pública serían nulas (que es lo que sucede ahora mismo).

En otras palabras, las demandas de recursos que los gobiernos hacen a los ciudadanos tienen límites y puede hacerse una predicción: la situación es insostenible a la larga, llegará un momento en el que todo se colapsa y cae.

La causa del patatús total puede asignarse a crecimientos infundados del gasto gubernamental, que es precisamente la tendencia actual. El suceso no ocurrirá sin signos previos, como defaults de deuda, crisis crediticias, bancos arruinados, reducción de valuación de deudores y similares.

Si el origen es el crecimiento del gasto gubernamental que necesita de recursos crecientes tomados de la sociedad, queda por ver qué es lo que origina ese gasto creciente.

Como siempre es una idea, una idea equivocada: pensar que todo problema social se resuelve con más intervención estatal y con más gasto público. La idea está muy difundida y, peor aún, es una de la que se tiene poca conciencia.

La tienen los gobernantes, pero también los ciudadanos. Un ejemplo notable es el caso de la obesidad infantil.

Bajo el supuesto de que todo lo debe resolver el gobierno, la solución de la obesidad infantil es dejada al gobierno, el que va a gastar en el intento de resolverla.

Y los padres, que son los reales culpables, con comodidad inexplicable, se olvidan de sus deberes. Igual que el regalo de dinero a ancianos hace olvidar a los hijos de sus obligaciones.

Lo que vale una segunda opinión es tratar de convencer sobre una cosa: la noticia de un aumento en el presupuesto gubernamental de un país es algo que debe ser conocido, pero no queda en sólo eso la obligación del ciudadano.

Debe él dar el paso siguiente y reconocer que ese aumento es seguir caminando hacia un despeñadero que puede estar alejado o cercano.

Post Scriptum

Es irresistible añadir otra idea. Con frecuencia se habla de las fallas de los mercados, que sin duda existen. Pero para solucionarlas se da por supuesto algo imposible, el gobierno será capaz de resolver esas fallas. Nada hay que demuestre que esos intentos de corrección no crearán situaciones aún peores.

Si existen fallas de los mercados, también existen fallas de los estados y ellas son aún mayores.

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