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Caridad como Commodity
Selección de ContraPeso.info
19 julio 2011
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jordan Ballor. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es apuntar que la caridad va mucho más allá que la cifra gubernamental dedicada a programas sociales. El título original en inglés de la columna es Commodifying Compassion.

Los religiosos progresistas con a menudo rápidos para condenar a aquellos que exaltan las virtudes de las economías de mercados, por poner demasiada atención en asuntos materiales.

Esta acusación de materialismo es, en realidad, una observación válida y central en la mayoría de las críticas al consumismo, un fenómeno por el que la gente tiende a igualar su valor y significado con las cosas que puede comprar y tener.

Pero el consumismo es sólo una manifestación de los problemas de la mente materialista, y resulta igualmente preocupante la compasión considerada un commodity en las creencias de muchos progresistas.

Hemos visto funcionando este tipo de commodification recientemente en los debates sobre el presupuesto federal [en EEUU], en los que campañas como “¿Qué recortaría Jesús?” niegan propuestas de menor gasto gubernamental en programas sociales.

Como lo ha puesto Jim Wallis, “la prueba moral de cualquier sociedad es cómo trata a los más pobres y a los más vulnerables ciudadanos”. Según esta visión, un cierto nivel de gasto gubernamental se iguala con una prueba moral.

Este tipo de lógica es también empleada en esfuerzos como la campaña ONE, que debe su nombre al monto propuesto que deben los gobiernos dedicar a programas de ayuda exterior.

El problema con esta perspectiva no es que considere a la realidad material como importante y útil. Dios mismo habló de la relación entre los bienes físicos y la orientación espiritual: “Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lucas, 12:34).

El problema es más bien que lo material se torne el foco primario, incluso único, cuando se hacen juicios morales.

De esta manera las campañas que hacen de la compasión un commodity juzgan a la moral de manera puramente cuantitativa. Si gastamos más en los asuntos sociales, seremos más caritativos y más justos.

Pero este tipo de cálculo moral falla precisamente por que no toma en cuenta las diferencias cualitativas de diversos tipos de respuestas. Otras cosas cuentan, como el quién y el por qué de la asistencia caritativa.

Una tarjeta electrónica emitida por un gobierno como medio de distribución de beneficios no puede ser valuado como “el vaso de agua fría” dado por un cristiano a nombre de Jesucristo.

La diferencia entre las visiones cuantitativas y las cualitativas de la compasión están bien ilustradas en el caso del ofrecimiento de la viuda (Lucas 21:1-4).

En este encuentro, Jesús observa cómo la gente rica va a ofrecer sus ofrendas al templo. Apunta a una viuda pobre y quien exalta cuando coloca dos pequeñas monedas como ofrenda, (dos centavos). Y dice,

“Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”.

Las palabras de Jesús trastornan nuestros paradigmas meramente materiales para evaluar a la compasión.

En el nivel cuantitativo nos requieren hacer ver no sólo el simple monto de un donativo, sino también la proporción del mismo. Los dos centavos que la viuda dio representaron una proporción mayor de sus posesiones que las comparativamente vastas sumas dadas por los ricos.

Pero esta profundización de nuestros juicios cuantitativos nos lleva al terreno espiritual, donde la calidad de las ofrendas podría también ser reconocida. La ofrenda de la viuda no es juzgada como mayor simplemente porque representa una ofrenda material proporcionalmente mayor. No, esta ofrenda proporcionalmente mayor es evidencia también de una motivación espiritual diferente.

Cuando de ella se dice “de su indigencia”, Jesús apunta a más que su situación moral. Esta mujer vive su fe, sabiendo que los seres humanos “no viven solo de pan” y de su pobreza espiritual, como de la material, ella ofrece más que todos los otros.

No podemos en verdad medir a la compasión meramente viendo el nivel de gasto de gobierno, ni la cantidad de dinero dada, por fácil y tentador que puede serlo. Estas cuestiones materiales son importantes, pero no lo son todo, no son todos los factores que deben verse en la compleja realidad de las actividades caritativas.

Así como no debemos definir el significado de la vida en términos de ingreso o de PIB, tampoco debemos tratar a la compasión como un commodity ignorando las realidades espirituales de la caridad.

Nota del Editor

La idea de Jordan Ballor es admirable en su simplicidad aparente: la caridad no es igual a la suma de presupuestos de programas sociales de gobierno, es mucho más que eso. Pero también es en extremo compleja al poner en tela de juicio un paradigma arraigado que sólo comprende que la ayuda a los pobres puede hacerse por la vía estatal.

El texto bíblico al que hace referencia el autor es:

Después, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Vacío Moral y el Contrapeso.info: Virtudes y Vicios. Más columnas del autor en ContraPeso.info: Jordan Ballor.

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