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Caridad y Estímulos
Selección de ContraPeso.info
20 junio 2011
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Kevin E. Schmiesing. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La situación que trata el autor sucede en los EEUU, pero las ideas detrás de ella son universales: las visiones diferentes sobre el papel del gobierno en la reducción de la pobreza.

Continúa en Washington la lucha sobre el presupuesto, con líderes y organizaciones religiosas en ambos lados de la discusión.

Las posiciones de los participantes cristianos en esta batalla son tan intratables como las de los combatientes seculares. Por una razón: una diferencia fundamental de la visión sobre el papel del gobierno y los efectos de los programas de gobierno.

Este enfrentamiento se ha reflejado en debates recientes entre líderes y organizaciones cristianas.

Un grupo de profesores católicos acusó a John Boehmer, y por implicación a todos los que concuerdan con sus prioridades presupuestales, de ir en contra de la doctrina de la Iglesia, por favorecer recortes a los programas de bienestar.

Robert Sirico, George Weigel y otros han respondido poniendo en tela de juicio la opinión de que la política los los Demócratas en los EEUU se ajusta perfectamente a la enseñanza social católica.

Los críticos católicos de Boehner estaban entre los que emitieron una declaración ecuménica llamando a un “Círculo de Protección” alrededor de “programas que satisfacen las necesidades esenciales de personas pobres y hambrientas en casa y el exterior”.

Los defensores de programas de gobierno para pobres, mantenidos o incrementados, insisten en que esos programas en verdad ayudan a los pobres. Los firmantes del Circulo de Protección insisten en que los fondos enfocados a la reducción de la pobreza no deben ser recortados, que esos fondos deben ser usados con efectividad, pero no recortados.

Tiene mérito que esa posición reconozca implícitamente que pueden existir deficiencias y abusos en esos programas. Sin embargo, la idea de que gastos recortados puedan hacer más efectivos esos programas, no entra aparentemente en el terreno de lo posible.

En medio de la controversia de Boehner, un escritor en el blog católico Vox Nova, preguntó si puede alguien argumentar que el presupuesto de Boehner protege a los pobres. El escritor confiesa que el emparejar los recortes de impuestos para ingresos altos con recortes de presupuesto de programas de ayuda a pobres y personas de recursos limitados, es algo opuesto sin duda a la doctrina social católica.

Está allí el meollo del asunto.

Los defensores de programas gubernamentales de bienestar no sólo no pueden concebir la posibilidad de que esos programas dañan, no ayudan, a la gente que tratan de proteger; tampoco pueden entender la eventualidad de que otros conciban esa posibilidad.

Aquellos de nosotros que sinceramente creemos que esos programas son dañinos nos sorprende lo que percibimos como resistencia obstinada frente a los fechos del tema: el gasto en programas de la Guerra a la Pobreza se ha elevado 13 veces desde que Lyndon Johnson la estableció, sin que existen efectos sensibles.

El papa benedicto XVI, en Deus Caritas Est (2005) escribió que necesitamos un Estado que, en concordancia con el principio de la subsidiariedad, reconozca con generosidad y apoye iniciativas de las diferentes fuerzas de la sociedad, y combine espontaneidad con cercanía para los necesitados.

Es difícil ver cómo Medicaid y los cupones de comida se acomodan a este modelo.

Los oponentes a las propuestas presupuestarias de los Republicanos fallan al no reconocer esta tensión interna de su visión.

El escritor de Vox Nova reconoce que la crisis deficitaria fue causada en parte por una caída en el ingreso.

El Círculo de Protección merece también reconocimiento, por su insistencia en que una tarea fundamental es crear empleos y estimular el crecimiento económico, que empleos buenos con salarios buenos son el mejor camino para salir de la pobreza y que restaurar el crecimiento es una forma poderosa para reducir déficits.

Desafortunadamente, los firmantes de la declaración no ven que la economía boyante que ellos desean como antídoto a la pobreza podría ser anulada por las otras partes del programa que apoyan.

Lo que los desempleados y los pobres necesitan realmente no es caridad del gobierno, sino acceso, capacidad y estimulo para ser parte de una economía de mercado —como lo expresó el papa Juan Pablo II, “entrar en un círculo de intercambio”.

La política de gobierno debería estimular a las empresas a emplear y a los empleados a ser contratados.

Sin embargo, como un ejemplo reciente de medidas contraproductivas, economistas han mostrado que el extender ayudas de desempleo más allá de cierto tiempo se correlaciona con tasas mayores de desempleo (docs.google).

Cuando una red de seguridad se vuelve muy cómoda, las personas se inclinan a permanecer en ella. Los partidarios de la ayuda estatal niegan esto con vehemencia —dicen que todos quieren trabajar, que sólo necesitan la oportunidad—, pero la evidencia estadística y un entendimiento realista de la naturaleza humana los contradicen.

Puede ser que no esté disponible el empleo perfecto; quizá encontrar un trabajo signifique recoger y cargar, o aceptar una paga menor, o entrenarse para adquirir una nueva habilidad. Las personas que se enfrentan a estas situaciones merecen nuestra compasión y asistencia.

Pero si minimizamos el incentivo para hacer lo que es necesario para encontrar un empleo, no le hacemos ningún favor, ni al desempleado ni a la economía.

Con el séptimo punto del Círculo de Protección todos podemos estar de acuerdo: “Como creyentes, nos dirigimos a Dios con oración y ayuno, pidiendo sus guía cuando nuestra nación toma decisiones sobre nuestras prioridades como personas”.

Las decisiones presupuestales son en realidad acciones morales. Si la moral nos apunta hacia la expansión de los programas de reducción de pobreza, su revisión —incluso su reducción, eso es otro asunto.

Es una gran cosa que los cristianos se involucren en este debate, porque su resultado tendrá consecuencias de largo alcance para los pobres y para todos nosotros.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en

La idea de L. Mises sobre el Seguro de Desempleo es de utilidad. Pero la idea de Murray sobre la ayuda a los pobres es, quizá, el argumento más claro sobre el tema.

El título en inglés de la columna es A Circle of Exchange is Better than a Circle of Protection. Más columnas del autor en ContraPeso.info: Kevin E. Schmiesing.

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