Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Colapso: Efecto de Gasto
Leonardo Girondella Mora
9 septiembre 2011
Sección: Sección: Análisis, SOCIALISMO
Catalogado en: , ,


La frase que pone a un gobierno dando pan y circo a los ciudadanos para mantenerlos sin inquietudes políticas revela más de lo que en la superficie se percibe —y en la realidad puede inspirar una manera para la comprensión del funcionamiento de gobiernos.

Lo que intento hacer en lo que sigue es partir o dividir los usos de los recursos gubernamentales en dos tipos generales, con naturaleza distinta y tomar la diferencia que entre ellos existe como un indicador de probabilidades de colapso gubernamental o político.

Inicio con la descripción de esos dos tipos generales de esfuerzo gubernamental. Los dos se refieren al uso de recursos y tiempos de trabajo del gobierno.

Gasto Tipo P —con lo que designo a recursos de todo tipo destinados a la realización de funciones propias de un gobierno, como servicios judiciales, estructura policiaca, construcción de infraestructura, servicios diplomáticos, y en general, labores consideradas como un servicio palpable por los ciudadanos.

• Gasto Tipo I —con lo que designo a recursos de todo tipo destinados a construir y mantener un gobierno carismático y popular entre la mayoría de la población, como campañas de imagen, actos populares, acciones redistributivas, concesión de privilegios a sectores, y en general tareas destinadas a promocionar la lealtad ciudadana favorable a la autoridad.

El gasto tipo P es un gasto productivo, destinado a crear y mantener servicios y bienes públicos que facilitan la vida del ciudadano —como instalaciones y facilidades para el tránsito de vehículos en ciudades y similares, como presas de agua.

Por su parte, el gasto tipo I es improductivo en buena proporción y su beneficiario central es la autoridad misma, no el ciudadano —o bien, el beneficio se otorga no al ciudadano en general, sino a intereses especiales, como por ejemplo, subsidios a industrias y apoyos a sindicatos.

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El mundo ideal es uno en el que la totalidad de los recursos gubernamentales se dedican al gasto tipo P —todo lo que hace un gobierno es dedicado a jugar su papel de proveedor servicios de provecho público general.

Y el peor de los mundos posibles es ese en el que la totalidad de los recurso gubernamentales se usan para a construcción de su popularidad y así mantenerse en el poder —el gasto tipo I.

Entre esos dos extremos existe una infinidad de posiciones intermedias que determinan situaciones más reales —entre las que se encuentran algunas que pueden llamarse sanas, definidas como aquellas en las que el gasto tipo P es el predominante y claro. Las situaciones problemáticas serían esas en las que el gasto principal es el tipo I.

Estas consideraciones, y tipos de gasto, están muy basados en una idea de Lowe, J. W. G. (1985, The dynamics of apocalypse : a systems simulation of the classic Maya collapse (Albuquerque: University of New Mexico Press). Y de acuerdo con las que se permiten ciertas conclusiones:

• Si el predominio del gasto tipo P, el productivo, es claro y se mantiene, la nación sostendrá una sólida estabilidad política —los ciudadanos percibirán los resultados tangibles del gasto gubernamental y tenderán a mantenerlo.

• Si el predominio del gasto tipo I, el de imagen, es claro y se mantiene, la nación estará expuesta a la inestabilidad política —los ciudadanos percibirán falta de servicios gubernamentales y diferencias de trato entre los ciudadanos, favoreciendo a la burocracia y gremios ligados al gobierno. El descontento político podrá llegar a niveles muy elevados.

Creo que la clave central de las posibilidades de descontento gubernamental, que llegue a nivel serio de inestabilidad política y el colapso consecuente, es el período de tiempo durante el que se mantiene el alto predominio del gasto tipo I, el de imagen e improductivo —dándose ocasión a una situación continua y prolongada de agravamiento en la falta de servicios gubernamentales básicos.

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Dadas las circunstancias actuales —las producidas por gobiernos con gastos excedidos y problemas de deudas impagables—, puede ahora verse con más claridad el tema del gasto gubernamental.

Concretamente, ¿es el gasto extra de un estado de bienestar un gasto tipo P o uno tipo I?

El punto es definir qué justifica el gasto del estado de bienestar —si fuese un gasto tipo P, produciría bienes y servicios públicos, pero si es de tipo I, se justificaría por motivos de imagen y popularidad y sin justificación productiva, como por ejemplo, privilegios en pensiones para burócratas.

Mi tesis es que el gasto de un estado de bienestar se justifica mayoritariamente como un gasto tipo I, que no es productivo, ni provee bienes públicos —peor aún es su naturaleza financiera, la de crear pasivos gubernamentales futuros de consideración como en los casos de pensiones de seguridad social.

Así puedo apuntar ya la conclusión final de estas consideraciones: los estados de bienestar tienen una tendencia natural a producir su propio colapso en medio de una turbulencia política que es producida por dos fuerzas opuestas: la imposibilidad material de mantener el gasto improductivo y la protesta sustancial de esos a quienes lastimaría el retiro de ese gasto.

Addendum

La situación de turbulencia política es la que sucede ahora mismo en varios países —en Grecia, por ejemplo, los beneficiarios del gasto tipo I del estado de bienestar protestaron violentamente contra el recorte de ese gasto. Lo mismo que sucede ahora en, por ejemplo, España e Italia, igual que la reacción sindical en los EEUU.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas y en Contrapeso.info: Finanzas Públicas.

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