Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comodidad Sin Imaginación
Eduardo García Gaspar
19 julio 2011
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Le llaman de varias maneras: gobierno nana, estado de bienestar, welfare-state. Palabras diferentes, misma cosa.

Es la idea del Gran Gobierno y ha sido un cambio radical en política.

El Gran Gobierno es una idea, la de un gobierno considerado solución de todo, un eliminador de problemas, un problem-terminator.

Funciona bajo la creencia de que no hay dificultad que no pueda ser eliminado por medio de un acto de gobierno, sea una ley, un impuesto, una política.

Nuestra entera realidad es imperfecta. Nunca viviremos en una situación carente de dificultades. Todas esas dificultades, sin excepción, son consideradas como posibles de solventar a través de una acción de gobierno.

Cada dificultad, cada contrariedad, apuro, aprieto, cada obstáculo, cada atolladero, es una oportunidad para que el Gran Gobierno intervenga.

Es un cambio importante, como dije. En una visión ortodoxa, las funciones del gobierno son limitadas a ciertos campos, generalmente aquellos que por su naturaleza no pueden ser responsabilidad del ciudadano común.

Por ejemplo, la emisión de leyes, o la aplicación de la justicia, o las labores policiacas, o las representaciones diplomáticas.

Esta comprensión de un gobierno limitado a ciertas funciones parte de una idea opuesta a la del Gran Gobierno: hay terrenos en los que es mejor que sea el ciudadano el que se encargue de ellos, como la producción de bienes, la difusión de ideas, la religión… todas ellas son manifestaciones de la libertad humana.

Un gobierno limitado no tiene función mayor y más sagrada que la de cuidar esas libertades humanas dentro de un estado de derecho.

Las personas son, para este gobierno, capaces, hábiles, razonables, tanto como para hacerse responsables de sus problemas y situaciones. La mentalidad del Gran Gobierno es exactamente la opuesta.

Para el Gran Gobierno, el ciudadano es incapaz, inhábil y poco inteligente, tanto como para quitarle la responsabilidad de encargarse de sus problemas personales.

Es el Gran Gobierno quien debe hacerlo. Debe ese Gran Gobierno ser el eliminador de todo problema.

Se entiende muy bien que sean los gobernantes mismos los promotores del Gran Gobierno, pues eso les da más poder y el poder es, como dijo H. Kissinger, el mayor afrodisiaco.

Pero lo que no es fácil de comprender es que muchos de los ciudadanos sean partidarios del Gran Gobierno, uno que les quita libertades y les hace víctimas potenciales de abusos de poder.

Esto es lo que bien vale una segunda opinión, el tratar de explicar lo inexplicable, la razón por la que demasiados proponen un Gran Gobierno, solucionador de cuanta dificultad enfrenta una sociedad.

La explicación tiene diversos ángulos. Uno de ellos es el caso de personas que son beneficiarias del Gran Gobierno. Dos casos claros, algunos sindicatos y algunas empresas, que existen y tienen poder gracias a los actos del Gran Gobierno.

Es claro que ellos apoyarán la idea del Gran Gobierno. Como también lo harán, por ejemplo, los burócratas y quienes reciban ayudas gubernamentales.

No es que esas personas estén convencidas de las bondades del Gran Gobierno, es en realidad una compra descarada de voluntad: esto puede llamarse corporativismo, o, mejor aún, prostitución de conciencia.

Pero queda aún el caso de una persona, bien intencionada, de buena conciencia y racional, que está convencida de que el gobierno es efectivamente el solucionador de todo problema.

Es el caso de quien ve algún apuro social y, sin pensarlo reacciona como el perro de Pavlov: “el gobierno debe hacer algo”. Nunca se le ocurre la posibilidad de que el gobierno no debe hacer nada y que si lo hace, el problema empeorará.

Es ciertamente llamativo que se haya creado esa mentalidad en tanto ciudadano. Con una falta de imaginación categórica sólo piensa en una opción, la del gobierno eliminador de todo problema.

Jamás se le ocurre pensar que pueden haber otras opciones mejores, que las hay. Este es precisamente el punto que quiero destacar.

Es falta de visión para pensar en otras opciones. Placenteramente sentado, cómodamente esperando, ese ciudadano queda inmovilizado en la esperanza de que sea el Gran Gobierno quien solucione sus problemas.

Y, sin remedio, cuando alguien cede sus responsabilidades, también está cediendo sus libertades.

Post Scriptum

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