Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuatro Clisés Consumistas
Leonardo Girondella Mora
12 agosto 2011
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en: , ,


Mi intención es examinar una serie de clisés que versan sobre el tema del consumo irracional —o, mejor dicho, eso que se llama consumismo.

En lo que sigue examino algunas de las ideas que he escuchado y las analizo en su significado.

1. La gente consume más de lo que debe y es razonable para resolver sentimientos de inseguridad personal. Ese consumo exagerado les sirve para llenar un vacío interno que podría satisfacerse con bienes mejores, como el conocimiento, la amistad y otros similares.

Puede ser —en realidad debe haber casos de ese tipo y, concuerdo, no son sanos. Lo que apunto es que de no existir el consumo exagerado, eso mismo sucedería por otros medios que no son asuntos de consumo. Si se retirase el consumo, persistirían los sentimientos de inseguridad y los vacíos internos se llenarían con otras cosas.

2. El consumo es usado para establecer jerarquías entre personas —unos abajo y otros arriba dependiendo del status que sus compras les dan, incluyendo su ingreso. La gente, por medio del consumo, intenta buscar posiciones más elevadas.

Igual que antes, la situación es real. Algunas personas sí usan su consumo para demostrar status social, pero eso mismo sucedería sin existir el consumo.

Es un fenómeno independiente de la existencia de abundantes artículos de consumo. Si se retirasen los bienes de consumo, las personas buscarían otras formas de demostrar superioridad sobre otros.

3. Las personas se apropian de los bienes externos de consumo —los usan para juzgarse a sí mismos y el éxito que ellas tienen. No sólo usan al consumo para demostrar superioridad personal frente a otros, también ellas mismas se convencen de medir su ser por medio del consumo.

Como en los dos casos anteriores, lo que ese clisé dice es cierto —lo que olvida es que ese mismo fenómeno de juzgarse a sí mismo por medios externos es independiente de vivir en una sociedad de consumo. Quítese esa serie de bienes de consumo, y lo mismo sucederá por otros medios.

4. El consumo exagerado hace que la competencia sea la guía del comportamiento —haciendo ver que el resto sean una amenaza a la posición personal que siempre tienen que ser superior, estando en competencia continua y siempre ascendente.

Otro caso como los anteriores —la crítica apunta a un vicio humano, o a una costumbre indeseable, pero que no es única y exclusiva de una sociedad de consumo. Lo mismo puede ser dicho de otras instancias en las que no existan las condiciones de una sociedad de consumo.

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Los cuatro clisés anteriores tienen en común un rasgo claro: el culpable de vicios como los descritos es la sociedad de consumo —de lo que se deduce que si se retirasen los bienes de consumo y se viviese en una situación de menor riqueza, esos vicios desaparecerían.

La fisura en el razonamiento es grande: esos vicios, como el buscar status social, el ver a otros como amenazas y demás, existen con independencia de si se vive en una sociedad de consumo o no.

Si esa argumentación fuese cierta, resultaría que en tiempos pasados cuando no existían sociedades de consumo, las personas no padecían esos vicios.

Pero si se cree que el origen de esos vicios es la sociedad de consumo, se concluiría que para erradicarlos debe erradicarse esa sociedad muy rica en bienes materiales —y que, paradójicamente, sería moralmente superior vivir en una sociedad menos rica o más pobre.

Desde otro punto de vista, los cuatro clisés tienen un sabor platónico: para hacer que las personas se comporten moralmente se les deben retirar las tentaciones que la vida les presenta —alguien debe tener el poder para frenar la existencia de productos que puedan conducir al consumo exagerado.

Es el sabor de la censura en los libros para evitar que la gente tenga ideas equivocadas.

Al examinar esos cuatro clisés relacionados con el tema del consumismo propio de un sistema capitalista contienen una falla alarmante en su razonamiento: creer que la existencia de bienes abundantes es el origen único de conductas indeseables.

Esas conductas indeseables existen independientemente del nivel de abundancia de bienes.

Y es por eso mismo que si se impusiera un sistema económico que intencionalmente redujera la abundancia de bienes, incluso hasta el nivel de lo más primitivo, esas conductas viciosas e indeseables no desaparecerían —todo lo que se habría logrado en empobrecer a todos

Addendum

Podría argumentarse que una sociedad de consumo y capitalista empeora esos vicios en relación a otro tipo de sociedades con menor abundancia de bienes. No lo creo por una razón que ignoran esos clisés: los incentivos a las conductas.

El clisé estándar dice que dentro de una sociedad de consumo crea un modelo piramidal —con gente arriba y abajo y en medio, que pelean por subir a posiciones en la que sólo puede haber muy pocos, lo que crea divisiones y peleas internas, produciendo un medio ambiente de desconfianza y soledad personal.

Esa descripción piramidal de grupos en competencia, con desagradables consecuencias, no es propia de una sociedad de consumo y capitalista —puede serlo de una sociedad de cualquier tipo y que recuerda el argumento de Los Que Vivimos, la novela de A. Rand que describe las condiciones de la gente en los inicios de la URSS.

Nota del Editor

La columna de Girondella tiene un gran mérito: el apuntar que la naturaleza humana permanece igual a pesar de un cambio de condiciones externas. Una sociedad de consumo podrá provocar que algunos cifren su estima personal en la propiedad de un bolso Vuiton. Una sociedad pobre podrá provocar esa misma estima personal en el sometimiento a las mujeres.

Hay más ideas sobre el tema central en ContraPeso.info: Naturaleza Humana.

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