Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Corto al Largo
Eduardo García Gaspar
18 enero 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es quizá el punto oculto que más dificulta los entendimientos entre personas de distintas opiniones políticas.

Especialmente entre las posiciones progresistas y las conservadoras (que no es lo mismo que socialista y liberal). Es el asunto de la responsabilidad personal.

En la superficie de las cosas, que es el lugar en el que se suelen quedar las discusiones, la posición del conservador se entiende como una especie de individualismo en el que predomina el interés propio. Y también, en la superficie, la posición del progresista se queda como una manifestación de preocupación social que llama altruismo.

Pero en el fondo, las cosas son más complejas.

El conservador tiene fuertes creencias morales que le llevan a concluir que las personas son y deben ser responsables de sus acciones, y que esto es bueno: una especie de maduración del ser humano. Por esto, para el conservador, las culpas son individuales, igual que los éxitos.

Por su parte, el progresista ve menos individuos y más grupos, entre los que busca y encuentra colectividades que deben ser ayudadas y cuya condición débil no es responsabilidad personal. Por esto, para el progresista, las culpas son sociales y colectivas, ajenas a la voluntad y las acciones personales.

En la superficie, al conservador se le suele ver como un defensor del egoísmo y al progresista como uno del altruismo. En este nivel simple, siempre gana el progresista pues se justifica diciendo que lo suyo es superior por tratarse de altruismo.

El problema es que si predomina el altruismo progresista, se socava una parte de la naturaleza humana, la del mérito y la responsabilidad personal.

¿Suena todo demasiado elevado?

Puede ser, pero tiene consecuencias diarias de gran repercusión. Para el progresista, por ejemplo, es deseable y urgente ayudar de alguna manera a las personas de la tercera edad y un gobierno de esa naturaleza, como el de la Ciudad de México, lo hace. Da una cantidad mensual a esas personas y considera que así hace un gran bien.

El conservador, por su lado, diría que ese altruismo basado en colectividades y no en personas, producirá más daños que bienes. Debilitará el sentido de responsabilidad de los hijos con sus padres (los hijos creerán que sus padres ya no son su responsabilidad, sino del gobierno). Minará el sentido de previsión y ahorro de los matrimonios que pensarán que su vejez implica el derecho de ser atendidos por la autoridad.

En pocas palabras, para el conservador, ese altruismo que se percibe como bueno en la superficie y en sus efectos de corto plazo, a la larga crea personas dependientes y pasivas, sin sentido de responsabilidad y sin conciencia de su propia capacidad.

Esta mentalidad conservadora está bien ilustrada en la historia del que enseña a pescar y no regala pescados.

El progresista es ése que se inquieta y conmueve ante problemas, los define en términos colectivos, los resuelve con programas a los que llama “sociales” y los justifica como acciones altruistas incuestionables. Son programas como los de reparto de condones entre jóvenes, Viagra entre adultos mayores, útiles escolares entre estudiantes, de ayudas a madres solteras, de subsidios a transporte público y agua.

Por supuesto, esos programas se perciben de inmediato como deseables y logran que los gobernantes sean populares entre los beneficiados. El conservador los ve como indebidos en buena parte porque debilitan una de sus más preciosas creencias, la de la responsabilidad personal.

Una buena ilustración de las diferentes mentalidades es su comprensión del crimen. Para el progresista, un criminal cualquiera es más una víctima que un delincuente y tenderá a culpar a la sociedad de la conducta delictiva de cualquiera. En cambio, el conservador verá al delincuente como una persona individual que debe ser juzgada responsable de lo que ella hizo.

Las dos posiciones, progresistas y conservadoras, son formas de entender al mundo y de allí que entre ellas existan pocas probabilidades de acuerdos. El progresista se mueve en el corto plazo, con medidas inmediatas que buscan resultados urgentes. El conservador se mueve a más largo plazo, con decisiones prudentes que persiguen bienes futuros.

Son dos maneras de ver a la naturaleza humana. Muy diferentes.

Post Scriptum

Uno de los campos en los que contrasta mucho este choque de mentalidades es el de la educación sexual.

Un progresista de esforzará en proponer la educación sexual abierta y explícita desde edades muy tempranas creyendo que así se logrará prevenir problemas de transmisión de enfermedades sexuales y embarazos no deseados. Para él, lo explícito de, por ejemplo, el correcto uso del condón, es el remedio a los problemas.

El conservador se inclinará a oponerse a esa educación sexual explícita, sobre todo en edades tempranas, proponiendo otras soluciones a las enfermedades y embarazos. Propondrá, por ejemplo, la abstinencia como una mejor solución que la del reparto de condones.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Progresismo y Conservadurismo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Del Corto al Largo”
  1. Corina Dijo:

    Por lo que se ve el pensamiento progrestista es completamente contrario a lo que dice la palaara de Dios o se la Biblia,. En cuanto al pensamiento Conservador va de acuerdo con el Pensamiento de nuestro creador… NOTA DEL EDITOR: no necesariamente, existen conservadores sin creencias religiosas y progresistas que las tienen.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras