Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Llanto a la Razón
Eduardo García Gaspar
26 mayo 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona no fue precisamente original. En realidad repitió lo que antes otro había repetido. Habló de la necesidad de tener una economía boyante.

Nadie quiere lo opuesto. Pero lo curioso fue lo que propuso.

Sugirió que una economía dinámica, en crecimiento, debía ser cobijada. Que debía ser fomentada por medios gubernamentales. Decir eso significa nada en realidad y todo era un ejercicio inútil.

Lo fue hasta que concretó la idea: el gobierno debía manejar las importaciones, de tal manera que se protegiera a las industrias nacionales que dan empleo.

Fue incluso más específica la persona. Aseguró que sin esa protección a la industria nacional, millones de personas quedarían sin empleo: las importaciones, más baratas que lo producido localmente, desplazarían a las mercancías nacionales.

Le digo, una repetición más de otra repetición.

¿Suena lógico lo que esa persona dice? No, en realidad no.

Pero sí suena conveniente para los empresarios nacionales que desean frenar a la competencia y se envuelven en el pretexto de proteger a los empleados. Pintan un drama nacional. Aseguran un apocalipsis económico. Y, a veces, logran esa protección.

Ellos, de esa manera se protegen y se mantienen produciendo y vendiendo bienes que en otras partes son más baratos. Es decir, en realidad, su protección consiste en hacer que usted y yo, por decreto gubernamental, paguemos más por lo mismo que podíamos comprar en otra parte.

Para que nos entendamos, suponga que en su ciudad hay dos tiendas. Las dos venden cerveza. Pero una la tiene a un precio menor que la otra. Usted iría a la tienda que quisiera, una o la otra, posiblemente más a la que vende a precios bajos.

Pero, el propietario de la tienda con los precios altos va con el gobierno.

Y le dice que no permita que la gente vaya a la tienda de su competidor. Alega que si va la gente, va a tener que cerrar y despedir empleados. Logra lo que se propone y emite una ley que le impide a usted y a mí ir a la tienda que tiene precios más bajos.

Gana el de la tienda más cara. Pero perdemos usted y yo.

Somos usted y yo lo que mantendremos a una empresa que vende más caro y a la que posiblemente no iríamos si no fuera porque la la ley lo impide. Mucho mejor sería que usted y yo tuviésemos la libertad de comprar lo que queramos en el sitio que más nos plazca.

Y que los empresarios tuvieran el incentivo de atraernos a los consumidores y no la herramienta de cortar nuestras opciones por medios legales.

Llámele libertad de comercio o como quiera, se trata de ser libres para comerciar con los que queramos. Es un derecho legítimo. Más aún, tiene ventajas. Cuando comerciamos con otros se da un fenómeno fascinante: tenemos más tiempo para producir y vender eso que sabemos hacer mejor que otros.

Si cada quien se dedica a hacer eso que hace mejor, ganan todos. Esta es la razón por las que muy pocos hacen cerveza, o zapatos. Hay otros que los hacen mejor.

Imagine un caso extremo, el de que usted tenga que hacer su propio coche. Sería imposible. Alegra que haya otros que los hagan y a esos alegra que sean otros los que produzcan otras cosas, como jabones.

Esa libertad de comercio es, en realidad, lo que produce riqueza. ¿Quiere tener usted una economía boyante?

Deje a la gente libre para comerciar lo que quieran. No los obstaculice. No proteja a nadie. Deje que ellos solos se protejan haciendo buenos productos a buen precio. Eso nos hará ganar a todos por la especialización que tendremos así. Y nos hará productivos.

La productividad es al final de cuentas lo que nos enriquece. La logramos al crear capital, toda esa serie de recursos que elevan la productividad personal. Es lo que permite a la gente hacer más con un martillo que con una piedra, con una computadora que con una pluma y papel.

Si se protege al que fabrica papel y plumas impidiendo que compita con los que fabrican computadoras, va a dañar la productividad de todos. Si se protege al que vende más caro o produce bienes de baja calidad, toda la productividad bajará y seremos más menos ricos.

Bien vale una segunda opinión señalar esto y vacunarse contra la idea de que protegiendo a las industrias nacionales se tendrá una economía boyante. Lo que así se tendrá será una ratería exorbitante.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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