Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Odio a la Simpatía
Eduardo García Gaspar
26 octubre 2011
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona manifestó un sentimiento grande, el de un nacionalismo casi sin límites.

Ama a su patria, dijo, y piensa que es lo mejor del mundo, que los demás países poco valen frente al suyo.

No creo que haya nada de malo en querer a la tierra en la que se nació, pero llegar a ese extremo es poco prudente.

El nacionalismo puede ser definido como cada quién quiera, pero en general se refiere a una mentalidad que considera a la nación como un punto de partida para la organización política mundial.

Todo el planeta puede ser dividido en naciones: grupos de personas con cultura similares.

Es una idea que gusta clasificar personas en nacionalidades: argentinos, franceses, rusos, mexicanos. Tiene un problema, pues el nombre del país no necesariamente coincide con la nación.

Un país es más una entidad política, un estado. Una nación es más una noción cultural basada en similitudes de creencias, historia, idioma, religión, comida, folclor, etnicidad.

La nacionalidad desarrolla en la persona un sentido de identidad, el que le da la pertenencia a un grupo nacional. Es lo que esa persona dijo cuando afirmó amar a su patria, que es como un sinónimo cariñoso de nación.

No está mal amar a la nación propia, si es que las cosas se quedaran allí.

El peligro del nacionalismo es su continuación natural en un sentimiento de aversión o antipatía hacia personas de otras nacionalidades. Es común, en muchas partes, crear eso que se llama estereotipos nacionales, generalizaciones extremas de otras nacionalidades, y hacerlos objeto de burla.

Un ejemplo: en la televisión mexicana se presentaba el estereotipo español mal imitado y caricaturizado. Y no es infrecuente encontrar a quienes manifiestan un odio severo a España acusándola de cuanto crimen pueden.

Esta es una consecuencia terrible del nacionalismo: la generalización caricaturizada de un grupo de personas, como si todas fueran iguales.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión, la idea de las extremas sensibilidades que suele crear el sentimiento de nacionalismo.

Recuerde usted la crisis mexicana, hace ya tiempo, por los comentarios en un programa inglés de autos. El nacionalismo tiene ese peligro, el de producir una piel muy delgada frente a lo que hagan las demás nacionalidades.

Tome usted, por ejemplo, una misma crítica de México. Si la expresa un mexicano, los demás mexicanos la escuchan como si nada. Pero si la dice un extranjero, muchos serían capaces de pedir su expulsión del país. Esto es lo indeseable del nacionalismo, ese estándar doble.

El nacionalismo, por un lado, permite caricaturizar al extranjero hasta el ridículo. Pero, al mismo tiempo, no permite a ese extranjero, al que se ha caricaturizado, el decir algo malo sobre el país.

El nacionalismo es demasiado irracional para mi gusto, demasiado sentimental. Demasiado riesgoso.

Hay en él peligros serios de racismo y xenofobia. Puede ser explotado por el populista. Crea riesgos separatistas. Produce estereotipos irreales. Fomenta odios.

Y esto es lo paradójico, porque el sentimiento positivo de amar la tierra en la que se nació o vive, puede conducir a rencores, fastidios y conflictos.

Me disgustan, por ejemplo, los partidos de futbol entre países. Cierto que suele verse buen futbol algunas veces, pero algunas reacciones masivas son detestables.

Recuerdo un partido de México contra EEUU, en el que los espectadores mexicanos se comportaron de forma insolente. Los animaba un nacionalismo idiota, fundado en el odio hacia otros.

Son razones como éstas las que me hacen considerar al nacionalismo en dosis homeopáticas. Hay un buen sentimiento en amar a la nación a la que se pertenece, pero hay muy malos sentimientos cuando eso genera aborrecimiento hacia otros y una sensibilidad extrema.

Es por esto que los chistes sobre las nacionalidades son educativos: ayudan a limitar los rencores nacionalistas.

Mejor aún es la costumbre que he visto en varios: ellos son los primeros en burlarse de su nacionalidad frente a extranjeros usando caricaturas conocidas por todos. Quizá sea esta la gran diferencia.

Cuando el nacionalismo se toma con demasiada seriedad se convierte en esas cosas reprobables. Cuando se toma con humor, se crea un ambiente de simpatía mutua.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Nacionalismo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Del Odio a la Simpatía”
  1. Juanjo (Una colección de células) Dijo:

    El nacionalismo es un instrumento demagógico del Estado Antiliberal, lo utiliza de varias formas, como tildar de “Traidor a la patria” a cualquier idea que no comulgue con el beneficio burocrático. El ejemplo mas claro es el de “El petróleo es de todos los mexicanos”. Es también la excusa preferida para el proteccionismo arancelario, ya que hacen ver a los productos extranjeros como una amenaza, casi un crimen para los ineficientes productores locales. Además de ser el principal obstáculo de la autonomía estatal. Es por eso que utiliza su monopolio educativo para inculcarlo o inclusive inventarlo; para los que vivimos en el norte es mas notorio, por ejemplo, dede hace aproximadamente 30 años, se empezó a instituir en las escuelas, el que se elaborara un altar de muertos, una tradición maravillosa y mistica, pero que no es propia de los norteños, nuestros papas, abuelos, jamás hicieron un altar, pero sirve para hacer mas fuerte el Nacionalismo.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras