Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos Maltrechos
Eduardo García Gaspar
29 abril 2011
Sección: DERECHOS
Catalogado en: ,


Arturo está comprando el coche de Benito. Así comienza un ejemplo de un fenómeno interesante, al que todos estamos acostumbrados hasta que se le ve desde otro ángulo.

Muy bien, Arturo quiere comprar el automóvil de Benito. Una situación común, del diario. Pero en este caso, Arturo no es alguien común y, toma una decisión: acude con todos los compradores potenciales del auto de Benito y los convence, por las buenas o por las malas, de no hacer ofertas de compra.

Benito, por tanto, se ve acorralado. Quiere vender su auto. Necesita vender su auto. Ha puesto un anuncio en el periódico, al que contestó Arturo, quien ve el carro y le gusta. Lo quiere comprar… pero Arturo se ha encargado de que no existan otras ofertas de compra. La suya es la única que existe.

Arturo pide una reunión con Benito. Va a su casa y le dice que ya que no tiene otras ofertas para el auto, debe aceptar la suya. No hay más.

Benito se niega. No acepta el precio que le ofrece Arturo y la negociación entre los dos se suspende.

Pero las acciones de Arturo no se detienen. Sigue con la intención de comprar el automóvil y realiza otra acción: da órdenes a varios de sus amigos y contrata otras personas para que vayan a casa de Benito. Rodean la casa, impiden el acceso a ella de todo. Ya que son muy compasivos, permiten la entrada de alimentos.

Benito es dentista. Tiene que ir a su consultorio. Tiene citas con pacientes, pero las personas al mando de Arturo le impiden la salida. Ahora no puede trabajar. Deja de tener ingresos. Arturo tiene otra reunión con Benito para forzar la compra del auto al precio que Arturo quiere.

Benito vuelve a negarse. Es un mal precio. Arturo, entonces, contrata más personas y con ellas realiza una marcha por la principal avenida de la ciudad. Llevan pancartas que dicen “Benito explotador”. Y cantan consignas como “Se ve se siente, Benito es delincuente”.

Piden la intervención del gobierno porque Benito viola el derecho de Arturo para transportarse. El gobierno propone una mesa de diálogo entre las partes para llegar a un consenso de beneficio social que respete las leyes y el bien público.

Benito acude al diálogo y los medios reportan que los resultados de la negociación están estancados.

Si algo como lo anterior sucediera en un país más o menos civilizado, todos nos escandalizaríamos. Es obvio que Arturo ha cometido actos indebidos e ilegales. Ha impedido que otros compitan con él en la compra del auto. Ha violentado a Benito en su casa. Le ha impedido trabajar.

Y, peor aún, ha invertido los planos: su deseo de comprar un auto ha sido convertido en un reclamo de derechos que han involucrado a la autoridad y violan los derechos de Benito, los de sus propiedades. En resumen, habría una indignación general.

Curioso es, por tanto, que eso mismo suceda en otros casos y no sintamos esa misma irritación.

Tome usted, por ejemplo, a los sindicatos que negocian con empresas. En realidad, hacen lo mismo que Arturo. Por principio de cuentas impiden que otros entren a la posibilidad de negociar con esa empresa.

Es un acto monopólico claro. Si la empresa lo hiciera, habría gritos y protestas. Pero si lo hace un sindicato, es sujeto de halagos y aprobación, se llega a hablar de derechos sociales.

Le digo, es curioso que tal asimetría sea ignorada. Y si las cosas llegan a mayores, los sindicatos van al extremo de impedir que la empresa trabaje, igual que le sucedió a Benito.

Esta forma de plantear el tema no es mía. Es de E. Chamberlin (citado en Woods, T. E. (2005). The church and the market : a Catholic defense of the free economy (Studies in ethics and economics). Lanham, Md: Lexington Books, p. 75).

He modificado la historia, pero el fondo es el mismo.

Apuntar esto bien vale una segunda opinión, la que espero agregue algo de sentido común a sucesos que se ven como normales e incluso satisfactorios, hasta como logros sociales, cuando en realidad son situaciones impropias y ruines, que violan derechos.

Porque, la verdad es ésa. En buena cantidad de situaciones se ha dejado de usar el sentido común y eso sucede particularmente por un mal entendimiento de una expresión, la de “derechos humanos”. Se ha llegado al extremo justificar violar libertades y derechos usando reclamos absurdos.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Sindicatos.

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