Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Descubrimiento del Capitalismo
Santos Mercado Reyes
30 marzo 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es difícil establecer cuándo, dónde y quién descubrió el  capitalismo. Quizá fue en África, China o Mesopotamia,  nadie los sabe, sin embargo, se puede asegurar que aquél día en que dos hombres decidieron intercambiar pacíficamente pescado por naranjas nació el sistema capitalista.

La humanidad descubría así una relación de gran trascendencia.

Desde tiempos remotos los humanos se agrupaban en tribus para protegerse y sobrevivir frente a las inclemencias del tiempo. La tribu resolvía sus necesidades colectando fruta silvestre o cazando animales, dormían a la intemperie, en cuevas o en chozas.

Si se percataban que la tribu vecina tenía algún alimento del que éstos carecían, esperaban la oscuridad de la noche para asaltar y llevarse lo que apetecían. Si era necesario mataban al que opusiera resistencia y a veces eliminaban a la tribu completa.

Esta manera de conseguir lo que la tribu no podía producir por sí misma mantuvo a la humanidad en un largo período de caos, violencia, división y resentimiento.

¿A quién se le ocurrió que en lugar de usar la violencia, el sometimiento y la coacción  se podían conseguir las cosas  civilizadamente, negociando? No lo sé, nadie lo sabe, pero seguramente merecería un doble Premio Nobel de la Paz pues con ello estableció las bases para crear sociedades mejor desarrolladas.

No es fácil comprender el enorme salto que la humanidad estaba dando con el descubrimiento del intercambio libre y voluntario. Veamos algunas implicaciones de este descubrimiento.

Para disponerse a negociar el  intercambio de pescado por naranjas, sin darse cuenta,  se estaba dando nacimiento a la institución más importante del capitalismo: la propiedad privada.

Pero si los hombres no eran conscientes de la importancia del intercambio voluntario, menos de la propiedad privada.

Para que se hiciera posible el intercambio, se requería:

  • tener la necesidad de naranjas;
  • reconocer que esas naranjas no son mías;
  • reconocer que esas naranjas son tuyas;
  • reconocer que no tengo derecho de arrebatarte las naranjas;
  • reconocer mi derecho para hacerte una oferta interesante;
  • reconocer que no te puedo obligar para que intercambies;
  • reconocer que únicamente haremos el intercambio si llegamos a un acuerdo, pues nada nos obliga.

Ambos agentes entran en la relación de intercambio porque ambos sienten que necesitan y se benefician con lo que el otro tiene.

La  pregunta crucial es ¿quién de los dos ganó con el intercambio libre y voluntario? Los marxistas dirán que lo que uno gana el otro lo pierde, es un juego de suma cero.

Los pensadores austriacos dirán que los dos ganan argumentando que nadie hace intercambios si no siente que saldrá beneficiado, es un juego de suma positiva.

Se descubre así que el intercambio libre y voluntario es un excelente mecanismo para lograr la satisfacción de gustos y necesidades de una persona. En realidad, cada intercambio voluntario genera una cadena invisible de beneficios. La sociedad se hace más próspera conforme se incrementa el número de intercambios voluntarios.

Ahora bien, el  haber usado las naranjas o el pescado como un medio para mejorar su situación, es decir, para lograr ganancias, transforma al pescado y a las naranjas en “capital” de quien los posee.

Es capital antes de realizar el intercambio, después deja de ser capital para ser solo un bien de consumo.

En otras palabras, algo es mi capital si tengo la esperanza de usarlo para obtener un beneficio y efectivamente lo logro. De aquí se desprende que el capital es una categoría económica subjetiva, es decir, depende de la persona.

Lo que para mi puede ser capital, para otra persona puede no serlo.

Nótese que el concepto de capital es un concepto dinámico, es decir, requiere de un comportamiento a dos períodos. En el primer período al agente le genera expectativas de obtener beneficio y en el segundo, los obtiene.

Quiere decir que alguien puede creer que tallar una piedra le puede generar beneficios, pero si nadie se las compra, o nadie le  intercambia por algo, entonces esa piedra  no tiene las cualidades para ser considerado como  capital.

Cuando la gente vive en una sociedad donde nadie le estorba y tiene todo el derecho de usar sus bienes para intercambiarlos, es decir, para comerciar con el fin de obtener ganancias, se dice que vive en un sistema capitalista.

Empero, el intercambio libre y voluntario es imposible si no le precede el reconocimiento a la propiedad privada.  Por tanto, podemos afirmar, categóricamente, que la base del capitalismo es la propiedad privada, la cual da lugar al intercambio voluntario y a otros fenómenos muy interesantes.

Nota del Editor
Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Capitalismo. Sobre el origen del capitalismo puede verse otro enfoque en Capitalismo en el Siglo 9.

El gran mérito de la columna es acudir a la idea de que el comercio es un instinto humano, algo intuitivo y natural que se realiza sin mucho pensarlo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras