Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desperdicio de Talento
Eduardo García Gaspar
29 noviembre 2011
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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No es el único caso el de este ejecutivo. Sucede demasiadas veces. Este hombre, bien intencionado y bueno, padecía un terrible vicio.

No sabía delegar en su gente. Ocupaba un alto puesto de dirección en una empresa muy grande. Trabajaba doce o más horas diarias y atendía todo asunto.

No sabía hacer que su personal asumiera responsabilidades. Nada decidían ellas. Todo lo decidía él. Incluso detalles pequeños debían esperar su aprobación.

Dos consecuencias fueron inmediatas. Primero, el personal se sentía frustrado al no poder decidir y veían a su superior como un estorbo porque decidía sin el conocimiento del especialista. Sus errores eran severos.

Segundo, la empresa marchaba a la velocidad de un caracol con artritis. Todo debía esperar la aprobación del gran ejecutivo. Nada era excepción a esa regla.

Obviamente, se perdieron oportunidades y se ganaron problemas. Son consecuencias muy conocidas de la falta de delegación de decisiones en una estructura empresarial. Todos conocemos esto.

Bajo este padecimiento de falta de delegación de autoridad tiene usted varios problemas. El que decide no tiene el conocimiento del especialista. El que decide retrasa posibilidades de avance. El talento del subalterno se desperdicia. Las habilidades del subalterno se canalizan a esperar y complacer a su superior.

A nadie en su sano juicio se le ocurriría manejar una gran empresa bajo el sistema de no delegación de autoridad.

Y, sin embargo, hay quienes proponen con toda seriedad que ese sistema de no delegación de decisiones se aplique en la mayor escala posible, a todo un país. Es cierto.

Existen personas, libros, organizaciones, que apoyan la idea de la no delegación de decisiones en una nación.

Funciona así. El el país se crea una institución jerárquica superior a todas y que concentra en ella las decisiones y el poder para tomarlas. Quiere supervisar todo. Impide que el resto haga cosas sin pedir permiso primero.

Es igual, pero en una escala gigantesca, al ejecutivo que todo lo decidía porque no confiaba en las decisiones de su gente.

Igual con este sistema nacional de no delegación de decisiones. Esa institución todopoderosa decide por el resto de las personas: lo que comprarán, lo que producirán, los lugares donde lo pueden hacer, el precio al que lo harán, la escuela a la que irán, el médico al que consultarán, la casa en la que vivirán.

Nada se escapará a su decisión y supervisión.

¿Qué sucederá en ese sistema de no delegación de decisiones? Lo mismo que en la empresa que lo sufre.

Todo se retrasará. Las decisiones serán tomadas por quien no conoce del tema. Habrá más errores. Se desperdiciarán talentos y habilidades. Las personas se tornarán pasivas y canalizarán sus habilidades para influir en las decisiones del superior. Si una empresa no puede sobrevivir así, tampoco lo puede hacer un país.

Las causas están a la vista, pero hay una que bien merece una segunda opinión.

Un sistema de no delegación de decisiones y responsabilidades desperdicia talento a raudales. No aprovecha las habilidades ni los conocimientos del resto. Sólo usa el talento de quienes están en la súper institución que todo lo controla y supervisa. No hay manera de evitar que esto sucede.

Pongo un ejemplo de la vida real, el del monopolio estatal petrolero mexicano. Uno de los sectores de mayor importancia es controlado por una sola entidad, el gobierno.

Un sector que sufre de la falta de talento del resto de las personas. Y, por eso, es un sector económico desaprovechado, inutilizado por la prohibición del uso de talento que no sea gubernamental.

Es un acto real de discriminación: prohibe la entrada de particulares a un sector económico. Imagine usted que esto sucediera en el sector de los medios de comunicación y estuviera prohibida la entrada de particulares, digamos, a los periódicos, o a la radio.

Sería un absurdo absoluto. Discriminatorio, por supuesto, pero también un desperdicio de talento de los que más saben.

Ese sistema de no delegación de poder de tomar decisiones tiene un nombre. En las empresas se le juzga como un error monumental. En la política se le llama socialismo y suele recibir aplausos de demasiados.

Por mi parte, no entiendo cómo puede apoyarse un sistema que desperdicia el talento de millones y millones.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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