Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dilema del Gobernante
Eduardo García Gaspar
16 noviembre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El dilema existe y es político. Me refiero al dilema del gobernante. Está el usualmente partido en dos.

De un lado puede decidir hacer lo que conviene a la sociedad que gobierna.

Del otro, optar por aquello que le conviene en lo personal y que no necesariamente es bueno para la nación.

Un caso concreto, en México, pero de aplicación universal: el manejo del presupuesto federal de gasto. Del año 2000 al 2010, el gasto corriente aumentó 75 por ciento.

Este es el gasto dedicado, centralmente, al pago de sueldos de burócratas y sus pensiones.

En otras palabras, el dinero recolectado es gastado por el gobierno en sí mismo y no tanto en cosas de beneficio al ciudadano.

Este es un ejemplo tangible del dilema que menciono. El dinero recolectado puede gastarse en dos cosas. Una de ellas es el mantenimiento de la burocracia misma. La otra son las obras para el país.

En este caso, se ve que el gobierno ha preferido gastar en su propio beneficio, antes que en provecho de los otros. No es sorpresa.

No es nada que sea novedoso, ni extraño, ni extraordinario. Es parte de la misma naturaleza humana, la que tienen a preferir el beneficio personal antes que el ajeno. Los gobernantes no son la excepción y por eso se enfrentan al dilema del gobernante.

¿Daré preferencia a mi beneficio o al beneficio del ciudadano?

Este dilema supone que hay oposición entre hacer lo que conviene al gobernante y lo que conviene al ciudadano. Supone que son contrario y antagónicos. ¿Lo son? No necesariamente.

En el largo plazo, al menos, si el gobernante hace lo que conviene a la nación saldrá él sin duda beneficiado al gobernar un país más próspero y rico.

Los problemas de antagonismo se tienen en el corto plazo. Tome usted a México como ejemplo de esto. El dilema del gobernante mexicano, en estos momentos, es el que le digo.

Buscando su beneficio personal solamente, dedica todo su poder a la búsqueda de la victoria en las siguientes elecciones. Y descuidando el beneficio del país, abandona las cosas que serían de beneficio a la nación.

Este fenómeno político es lo que creo que bien vale una segunda opinión. Se trata de entender y explicar el por qué de conductas políticas que a cualquiera parecerían absurdas y aturdidas.

Por ejemplo, en una mente más o menos racional, lo lógico sería que el gasto corriente disminuyera con el tiempo, es decir, que se elevara la productividad del gobierno. De esta manera sus recursos se usarían en proporción creciente para beneficio nacional.

Pero no sucede lo lógico, sino lo opuesto y disparatado. ¿Por qué? El dilema del político lo explica.

El gobernante tiene poder sobre una cantidad enorme de recursos. Los puede gastar en beneficio propio o en beneficio ajeno. Es humano que tienda a gastarlos en beneficio propio, apoyando sus ideas o, lo peor, de manera corrupta.

Otro caso mexicano, el de la deuda pública de Coahuila, de 34 mil millones. Irracional y desatinada, ajena a toda lógica siquiera primitiva… pero explicada por haber preferido el beneficio personal al ajeno.

Es una costumbre establecida el culpar de egoístas a los empresarios que persiguen una utilidad. Es cierto que el empresario busca su beneficio, pero con una salvedad: no tiene él el poder para meter su mano en nuestros bolsillos.

Llama mucho la atención que el mismo egoísmo del que se acusa a los empresarios no sea reconocido en los gobernantes que sí tienen el poder de meter su mano en nuestros bolsillos.

Es francamente ingenuo suponer que los únicos e incorregibles egoístas son los empresarios, como si los otros fueran ángeles bondadosos altruistas máximos. Tome usted el caso de los que protestan con el tema de Occupy Wall Street.

Quieren que el gobierno tenga más recursos y que los maneje en beneficio de la sociedad. Es suicida proponer eso porque los gobernantes son también egoístas y gastarán esos recursos en beneficio propio.

Mi punto, en resumen, ha sido proponer al dilema del gobernante como una idea que retire de las mentes la ingenuidad propia de quien piensa que todo sería mejor si el gobernante tuviera más dinero.

¿Ingenuidad? Si, ingenuidad, y si no me cree tome el caso de Grecia, un gobierno con cantidades enormes de recursos, tantos que produjo una crisis mundial porque se decidió gastar en beneficio propio del gobernante.

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