Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dime en Qué Inviertes
Eduardo García Gaspar
31 enero 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La comparación es interesante. Poner de un lado las inversiones que hace un político a nombre de los ciudadanos y la que hace el mismo gobernante a su nombre. Tomo datos de un comentario de hace unos días del WSJ (18 enero 2011).

La historia es sencilla. Sucede en Massachusetts y tiene dos personajes centrales. Uno es el gobernador del estado, Deval Patrick. El otro es una empresa de paneles solares, Evergreen Solar.

La empresa anunció que cerraba sus puertas. Despide a unos 800 empleados. Tiempo atrás, en 2007, recibió ayuda del gobierno, unos 58 millones de dólares. La empresa empezó su operación en 1994. Ha perdido un acumulado de 685 millones. Perdía dinero en el momento de darle esas ayudas.

El gobernador anunció las ayudas con bombo y platillo. El autor del comentario dice que hay que recordar que no sea ese gobernador quien se encargue de seleccionar nuestras inversiones. Tiene fondo.

Vuelvo a la comparación mencionada antes.

Tome usted al gobernador estadounidense de esta historia. Seguramente tendrá un portafolio de inversiones con sus ahorros personales. ¿Tendrá allí acciones de Evergreen Solar? Seguramente no.

Una empresa que pierde consistentemente no es buena inversión. Peor aún si enfrenta competencia extranjera a menor precio. Deval Patrick no invertiría su dinero en esa empresa (presupongo que no fuese delito conceder ayudas a empresas en las que uno tiene intereses).

Ahora tome usted otro caso, el del mismo gobernador invirtiendo el dinero de otros en esa empresa. Fue eso precisamente lo que hizo. Exactamente eso. Puso dinero de otros en una empresa en la que él no pondría su propio dinero.

La comparación es indicativa de un fenómeno muy humano y conocido ya de siglos.

Usted cuida lo suyo con mucho más atención y esmero que lo que es de otros. La oportunidad de invertir en una empresa riesgosa es rechazada tratándose del dinero de uno mismo. Pero con dinero ajeno, se hace tal inversión, la que uno no haría.

El caso es estadounidense, sucedió en uno de sus estados, pero no es local ni aislado.

Es un caso de un principio universal, el del burro que era propiedad de todos en el pueblo. Y como de todos era, el burro fue descuidado, abusado y mal alimentado. Lo que es ajeno recibe menos atención que lo propio.

Esta es la razón por la que, en lo general, los presupuestos públicos son administrados con descuido. Ese dinero fue cobrado por la fuerza y es de otros. Es una combinación fatal de por sí. En nada distinta al caso que se reportó y que cité.

Dinero ajeno, propiedad de otros. Y además, obtenido sin esfuerzo personal, sino por la fuerza.

Es exactamente igual a que entre usted a casa de su vecino con una pistola y le obligue a darle la mitad de sus ahorros. Usted no tratará con cuidado esa suma, especialmente si sabe que al terminarse, usted puede hacer lo mismo con el siguiente vecino.

La cosa empeora por otra razón.

Hay otro ingrediente funesto: parte del dinero recibido por el gobierno será gastado en bienes dados a terceros, por ejemplo, la pavimentación de una calle. Habrá poderosos incentivos para realizar un trabajo mediocre. Y, del otro lado, la burocracia tenderá a tratarse ella misma muy bien con ese dinero.

El caso bien vale una segunda opinión, no para apuntar un caso más de desperdicio de recursos, sino para enfatizar la existencia de un principio universal: los recursos manejados por un gobierno siempre tienden a ser usados con descuido. Siempre.

Y ese principio universal tiene sus consecuencias naturales y lógicas. Habrá, por ejemplo, más probabilidades de progreso donde los impuestos sean lo más bajo posible y menos donde ellos sean altos. O visto del otro lado, la pequeñez del presupuesto público de gasto es una ayuda al avance económico.

Recientemente el gobierno federal mexicano anunció un presupuesto de gastos para 2011. Varios análisis lo calificaron como el mayor de la historia del país. Para algunos eso ha sido un logro social, pero se necesita gran ingenuidad para creerlo, es exactamente lo contrario.

No son estas cuestiones ideológicas, son simples consideraciones de sentido común. Se trata de reconocer la realidad de nuestro mundo y de los principios que lo rigen. Y, si no me cree, vea en qué invierten los gobernantes su propio dinero.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Finanzas Públicas.

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