Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Domingo de Pentecostés (2011)
Textos de un Laico
10 junio 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-11) se narra la famosa escena de la reunión del Duda de Santo Tomásdía de Pentecostés, cuando reunidos los discípulos sobre ellos se posaron lenguas de fuego y “se llenaron todos del Espíritu Santo.”

Como resultado visible de eso, “empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.”

Quienes les escuchaban, quedaban “atónitos y llenos de admiración” pues “cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua.”

Hay aquí una idea de universalidad, de un mensaje divino dirigido a todas las personas y que proviene de Dios mismo. El Espíritu Santo se ha quedado con nosotros y nos guía a todos.

• En la segunda lectura, San Pablo en la primera carta a los corintios (12, 3-7.12-13) profundiza en la idea de las manifestaciones del Espíritu Santo diciendo que “hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo.”

Para dejar las cosas claras, insiste diciendo, “Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.”

La conclusión es lógica, “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.”

A lo que añade la idea de la universalidad. Dios lo es para todos, “… todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu… y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.”

Son las ideas esenciales de la primera lectura. El mensaje de Dios es universal, es para todos. El mensaje viene de un solo Dios y en cada uno se manifiesta de diversas maneras, siempre para el bien.

• El evangelio de este domingo (Juan 20, 19-23) narra el suceso de otra reunión de los discípulos. Jesús se presenta en medio de ellos, lo que les llena de alegría y les dice, “… Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo… Reciban al Espíritu Santo…”

Colocando las tres lecturas juntas, podemos ver un mensaje dirigido a nosotros, a cada uno en lo individual.

Es un mensaje de Dios mismo dirigido personalmente a nosotros y que encierra un gran misterio, el de hacernos guiar por el Espíritu Santo para que nuestras vidas sean manifestaciones del Señor. Es natural que ahora nos preguntemos cómo recibir ese mensaje.

La respuesta la da San Pablo en la primera frase de su carta, que dice, “Nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.” Es decir, si en verdad desde lo más profundo de nuestro corazón llamamos ‘Señor’ a Jesús, eso nos permitirá recibir al Espíritu Santo.

La secuencia de este domingo ofrece una oración preciosa al respecto, cuando dice, “Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el cielo tu luz para iluminarnos… Ven, luz santificadora, y entra hasta el fondo del alma de todos los que te adoran.”

Es un conjunto de lecturas profundamente reveladoras, que los llaman a la alegría que produce el ponernos en las manos de Dios y dejarnos conducir por él.

A esa alegría se entra por la puerta del reconocimiento de Jesús, adorándole, llamándole Señor y abandonándonos en él para ser sus instrumentos en la tierra. Y así, cada uno de nosotros, de mil maneras diferentes, pero bajo un mismo Dios, actuaremos para el bien.

Esto puede ser visto también como un llamado a la santidad, que nos dice que cada quien puede ser un santo a la manera en la que el Espíritu le conduzca… así sea en la más pequeña de las actividades que realizamos.

Nuestro trabajo diario es, por tanto, una ocasión de santidad si él está realizado bajo esa sencilla oración, la de llamar ‘Señor’ a Jesús.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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