Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Principios, un Gobierno
Eduardo García Gaspar
11 noviembre 2011
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los gobiernos existen por algún motivo. Lo interesante es descubrir ese motivo, la causa que justifica la existencia de un gobierno.

Suele decirse que esa causa es el bien común, un orden social justo, que puede mantenerse en el tiempo.

No está mal la respuesta. Pero no significa mucho para las decisiones de gobierno.

Por ejemplo, en México se justifica como parte del bien común la existencia de un monopolio estatal petrolero. En otras partes, ese mismo bien común justifica la propiedad privada de esa industria.

La cosa no está nada clara.

Y esa confusión ayuda a gobernantes a acumular más poder del debido, ocasionando abusos de poder que van contra el bien común, el bienestar general, o como quiera usted llamarlo.

Una posibilidad de solución es el ver dos principios en equilibrio, de tal manera que se tenga ese orden social justo.

Un principio es muy claro, mucho más que el otro.

Es el principio que manda a la autoridad a tratar de impedir, prohibir y castigar ciertas acciones claramente indebidas. Son cosas que no necesitan realmente prueba de que son negativas. Me refiero a actos como el robo y el asesinato, de los que se derivan prohibiciones de fraudes y daños a terceros.

Este es el principio más comúnmente reconocido y el que se usa con más frecuencia para justificar la existencia de gobiernos. Tiene su importancia por ser una evidencia de la libertad del ser humano: no debe robar, pero puede hacerlo; no debe matar, pero puede hacerlo.

Son leyes que en común tienen la función de limitar la libertad humana con fuerte razón

Y eso es lo que merece una segunda opinión sobre el otro principio que un gobierno debe equilibrar con el primero. El primero es claro en su función de limitar la libertad para evitar actos claramente reprobables.

El otro principio a balancear es el de permitir la libertad de los seres humanos, otra cuestión de justicia, igual que la otra.

Un gobierno, por tanto, uno bueno y justo, que desee realmente lograr y mantener un orden social justo y el bien común, es un acto de equilibrio entre dos principios que tienen que ver con la libertad humana.

Por un lado limitar eso que es claramente indebido, pero del otro, dejar libres a las personas para hacer lo que ellas quieran.

Quizá la discusión política central de nuestros días sea el punto de ese equilibrio. Los extremos ayudan a ilustrar todo lo anterior.

Tomemos la escuela socialista, la de partidos como el PRD en México, o regímenes como el de Obama y los de la Unión Europea. Para ellos, ese equilibrio está mucho más inclinado hacia la limitación de las libertades humanas.

Del otro lado, están los regímenes liberales. El equilibrio de estos sistemas está más inclinado a dejar amplias libertades, libertades que en un sistema socialista estarían altamente reguladas. Hong Kong ha sido, especialmente antes, un claro ejemplo de esto.

Vuelvo al monopolio estatal petrolero en México. Muestra él la mentalidad de prohibir libertades en aras del bien común. Prohibe la libertad de tener empresas petroleras en el país. En otros países, esa libertad es real. La comparación ayuda a entender el problema de equilibrar libertades.

Otro ejemplo, la prohibición de fumar en restaurantes y bares en México. Muestra esta medida la mentalidad gubernamental de retirar libertades al ciudadano. En su opuesto, el gobierno dejaría en libertad al propietario de decidir si en su establecimiento se fuma o no.

¿Dónde está la solución correcta?

Si nos quitamos de la mente ideas preconcebidas, resulta razonable el ver a la naturaleza humana y entender que la libertad es parte esencial de ella. Por tanto, el mejor equilibrio de libertades es el que permita la mayor cantidad de libertad posible e impida por ley la menor posible limitación de libertades.

La libertad, de acuerdo con esto, no es absoluta. Tiene limitaciones que son convenientes.

No puedo ser libre para entrar en casa de mi vecino y robarle su coche, o darle un golpe en la cabeza con un martillo. Pero esas limitaciones legales deben ser mínimas, limitadas a lo más básico de la justicia.

El resto debe ser dejado libre, también por justicia a la naturaleza humana, la que debe seguir manteniendo la libertad de actuar bien o mal en cuestiones que no son las más básicas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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