incentivos

El drama de lo bienes comunes, poseídos por todos. Un asunto de incentivos que crea un problema económico. El del abuso de los bienes que son propiedad de todos.

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El drama de los bienes comunes

La expresión en inglés es quizá más conocida —tragedy of the commons— que su traducción al castellano. La tragedia de los comunes, o quizá mejor aún, el drama de lo bienes comunes.

Describe ese drama lo que sucede cuando un recurso cualquiera es tratado como un bien de todos, una propiedad común, colectiva: se le maltrata y se le abusa.

Un problema económico

El drama de los bienes comunes, es decir, poseídos en común, ha sido bien descrito de esta manera:

«La tragedia de los bienes comunes es un problema económico en el que cada individuo tiene un incentivo para consumir un recurso a expensas de cualquier otro individuo sin ninguna forma de excluir a nadie del consumo». investopedia.com (mi traducción)

Un ejemplo

Una de las historias que suele contarse, para ejemplificar el drama, es la del burro y los aldeanos.

Decretado propiedad común de todo el pueblo, el asno puede ser usado por el que así lo desee. Todo lo que tiene que hacer es anotar su nombre en una lista y el burro estará a su servicio en el turno que le haya tocado.

Este arreglo, por diseño, está sesgado para producir una situación indeseable.

Quienes usen el burro tendrán incentivos para abusar de él. Le pondrán demasiada carga, no atenderán sus enfermedades y heridas, dejarán a otros el gasto en comida y bebida del animal.

El resultado es ese drama, el abuso del recurso tomado como un bien común —el burro morirá.

Otro caso

Otra historia ha sido también usada. La de una tierra decretada como de uso común, en los que ganaderos podrán llevar su ganado a pastar.

Cada ganadero tendría un buen motivo para llevar más ganado a pastar a esa tierra, lo que terminaría en ese drama, el agotamiento de la tierra para dar de comer al ganado.

El drama de los bienes comunes, su significado

El planteamiento del drama de los bienes comunes es contrastar el interés personal de cada persona por separado, con el interés en común de todos.

Para cada ganadero por separado, se dice, es racional el poner más ganado a pastar a pesar de que eso termine en un daño para todos, incluyéndolo a él mismo. La tendencia será a abusar del recurso de uso común.

Sus efectos

El drama de los bienes comunes se entiende por las consecuencias que anticipan la posesión en común.

Los incentivos moverán a los usuarios hacia un uso o consumo mayor y descuidado. Ellos evitarán hacer inversiones personales en lo que todos pueden usar.

Es un fenómeno de demanda que supera a la oferta. Describe «La tragedia de los bienes comunes ocurre cuando los individuos descuidan el bienestar de la sociedad en la búsqueda de la ganancia personal».

«La idea del drama de los bienes comunes fue popularizada por el ecologista estadounidense Garrett Hardin, quien utilizó la analogía de los rancheros que hacen pastar a sus animales en un campo común. Cuando el campo no está por encima de su capacidad, los ganaderos pueden hacer pastar a sus animales con pocas limitaciones. Sin embargo, el ranchero racional buscará agregar ganado, lo que aumentará las ganancias. Pensando de manera lógica pero no colectiva, los beneficios de agregar animales los lleva el ranchero solo, mientras que los costos son compartidos. La tragedia es que, en última instancia, ningún ganadero podrá usar el campo debido al consumo excesivo». britannica.com (mi traducción)

La conclusión

El drama de los bienes comunes enseña una lección que apoya a la idea de la propiedad privada de los bienes. Ella produce incentivos en favor del cuidado y aprovechamiento de los recursos. La propiedad en común, no.

Yendo más a fondo

¿Es racional la conducta del ganadero que lleva más y más ganado a pastar a tierras comunes? No tanto como se piensa.

Visto de manera aislada, el ganadero sí tiene un incentivo para poner más ganado a pastar porque eso no le cuesta.

Pero es lógico pensar que el ganadero entenderá que todos tienen ese mismo incentivo y anticipará el agotamiento de la tierra. Quizá eso le cree un nuevo incentivo para apresurar el uso de la tierra. Esto empeoraría el problema.

Pero podría ser que se creara otro incentivo. Los ganaderos llegando a acuerdos mutuos para evitar ese agotamiento previsible.

Es razonable que ellos entiendan el probable resultado de su conducta aislada y se pongan de acuerdo para limitar el número de cabezas de ganado que pueden pastar en la tierra común.

Reconocerán también que ese acuerdo es frágil y que todos tendrán la tentación de violarlo, a lo que sucumbirán algunos. Por eso pueden crear incentivos negativos, como multas a los que violen el acuerdo.

Incluso podrán crear otras soluciones, como por ejemplo, dividir el terreno en zonas asignadas a cada uno con cercas.

Y terminarán, posiblemente, diseñando un sistema que evite por diseño el incentivo de llevar más ganado del debido a pastar. Crearán la propiedad privada.

Otras precisiones

El drama de los bienes comunes sirve para contrastar el incentivo personal con el interés colectivo.

Es de gran ayuda para entender una muy probable situación en los casos en los que existe un recurso considerado de todos. Tenderá a ser abusado y agotado porque ninguno de los usuarios tiene un incentivo para cuidarlo. Al contrario, tiene un incentivo para abusar de él.

La historia del burro y la de la tierra para ganado tienen la apariencia de ser demasiado lejanas para muchos.

Situaciones similares

Sin embargo, hay casos más visibles en la actualidad, como la contaminación que una planta química puede causar en su alrededor. El aire es una propiedad común y abusar de él es igual a abusar del burro. Se tendrá un recurso agotado, el aire limpio.

El caso del parque público, propiedad de todos, representa también un drama de lo común. Tendrá un incentivo el propietario de un perro para llevar a su mascota y dejar en el parque las heces del animal. Tiene él el beneficio de usar el parque como basurero, dejando a otros muchos el costo de sus acciones.

Soluciones al drama de los bienes comunes

La solución al drama de lo común está en la implantación de propiedad privada, la que retira el incentivo de abuso y, mejor aún, crea incentivos para el cuidado de los recursos.

Y en aquellos casos en los que no sea posible implantar la propiedad privada, la solución radica en establecer incentivos negativos que anulen los incentivos de abuso del recurso. Como multas a los dueños de mascotas que no limpien los restos dejado por el animal.

Un buen incentivo negativo al abuso de lo común, está en la cultura. Esa serie de creencias, valores y opiniones que son rasgos generales de la población y que pueden incluir el rechazo a conductas de abuso de lo común. Por vergüenza personal, el dueño del perro retirará del suelo la obra de su perro.


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Y unas cosa más…

Debe verse:

El error de ignorar a los incentivos

Otras ideas relacionadas:

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El drama de la propiedad colectiva

El drama de los comunes es el de la propiedad colectiva, un sistema en el que todo es de todos —lo que puede examinarse en una situación como la que sigue.

Una sociedad como ejemplo

El lector puede imaginar una comunidad pequeña de unas 200 a 500 familias y que se rige por ese sistema de propiedad colectiva —eso es lo que han aprobado las personas y desean implantar el sistema.

Han sido advertidos sobre el drama de los comunes, pero aún así desean examinar las cosas que deben considerar antes de implantar a la propiedad común de las cosas.

Las cosas a examinar

1. Producción de bienes

Antes de poseer las cosas, ellas debieron ser producidas —las casas, los muebles, cazuelas, ropa, todo.

Para simplificar, tomo esto como dado y la comunidad empieza a vivir bajo ese sistema con el cúmulo suficiente de bienes. Y no debe descuidarse la idea de que ellas debe seguirse produciendo.

2. No todos los bienes pueden ser comunes

Será en extremo difícil implantar la propiedad común de todos los bienes.

Algunos de ellos necesitan un uso personal, como una cama, una camisa, o un plato —que solo admiten un uso de uno a la vez y presentará un problema de asignación inicial y posterior.

Incluso, un animal o medio de transporte solo puede ser usado por una persona cada vez. Sería en extremo complicado establecer un sistema de rotación de casas, camas, sillas, que respetara la propiedad colectiva.

Se crearía una situación confusa en los tratos entre personas, llegando al potencial de lo absurdo —como el que una persona llegara a dormir una noche a la casa de otra persona y esta tuviera que ir a la de otra para dormir y así en una cadena de cambios que desordenarían la vida.

En cuanto a los otros bienes, los de consumo inmediato, como los alimentos, ellos presentan dos posibilidades de manejo —una autoridad central asigna a cada persona, por ejemplo, una manzana; o bien, cada persona va y toma las manzanas que cree necesitar.

3. Autoridad distribuidora

Si existe esa autoridad distribuidora, entonces se violaría el principio de propiedad comunal, porque esa autoridad sería la propietaria de facto de esos bienes.

Y si cada quien toma los bienes que quiere, la tendencia sería a tomar más de los que le corresponderían en situación de reparto proporcional —el drama de los comunes.

4. Mantener la producción al menos

Para sobrevivir, la comunidad necesitará producir alimentos y bebida, vestido y demás. Adicionalmente, requerirá producción y reemplazo de bienes productivos, como instalaciones, arados, animales, hachas y otros.

Esta actividad no puede ser comunal, puesto que no todos pueden al mismo tiempo hacer lo mismo —como herrar un caballo, cortar leña, echar semillas, matar un cerdo, o llevar trigo al molino. La especialización es inevitable y crea trabajos individuales, no comunes.

5. Conflictos inevitables

Lo anterior produce un conflicto interno considerable: al mismo tiempo que el trabajo de producción depende del esfuerzo personal, los beneficios de ese trabajo se aíslan del esfuerzo.

Eso producirá una tendencia a la baja en las cantidades producidas sin la correspondiente reducción en las cantidades solicitadas o tomadas.

La propiedad comunal tiene una naturaleza que rompe la conexión que existe entre el trabajo realizado y los beneficios obtenidos —el trabajo propio se desliga de su consecuencia productiva.

El logro producido se liga a quien no lo ha creado. Una desagradable consecuencia que va contra la misma naturaleza humana.

La separación entre esfuerzo y logro tenderá a reducir los logros, es decir, lo producido —y esto creará problemas de escasez que amargarán la existencia de la comunidad con reclamos y quejas.

La supuesta buena voluntad y bondad en el trato humano que connota un sistema de propiedad comunal afecta las actitudes —no solo incrementarían los reclamos y conflictos, sin que sería imposible el conjunto de virtudes asociadas con la caridad.

Resulta muy difícil ser caritativo cuando todo se posee en común.

Concluyendo

Lo que he querido demostrar es el contraste que existe entre la percepción irreal de una sociedad en la que no hay propiedad privada, con los problemas reales que sus miembros sufrirían.

La propiedad en común suele acarrear connotaciones idealistas en las que las personas viven entre bondad y dulzuras desbordantes —pero es en realidad ese drama de los comunes.

Las propiedad comunal, lejos de crear un sueño de cordialidad y benevolencia extremas, produce lo opuesto —un clima de rencillas, reclamos y egoísmo en el que será necesario imponer una autoridad que tome para sí la propiedad de las cosas.

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La historia de una inteligente mujer

Una situación y su personaje central

Una ama de casa en México que hace la compra de los comestibles una vez a la semana, cuando compra de todo, incluyendo la dotación semanal de tortillas.

Coloca ella las tortillas en un bote de plástico y las pone dentro del refrigerador, para conservarlas durante los siete días, hasta que vuelva a resurtirlas. De ese bote, todos pueden tomar las tortillas que necesitan en el momento que cada quien quiera.

El drama de los comunes

Con un marido y tres hijos, sin embargo, esta mujer enfrenta un problema serio, pues las tortillas suelen terminarse antes del séptimo día… con frecuencia ya no hay tortillas para el cuarto o quinto día.

El problema fue intentado de resolver comprando más tortillas, aunque eso le significara más gasto y por esa razón comprar menos de otros artículos. Pero tampoco eso funcionó, pues al ver más tortillas disponibles, el marido y los tres hijos consumían más de ellas.

Siendo una ama de casa inteligente, como todas, puso atención en el problema y un día fue al supermercado como de costumbre, compró lo de siempre, incluyendo la dotación normal de tortillas.

La solución

Pero añadió la compra de cuatro botes similares, aunque más pequeños, a aquél en el que guardaba las tortillas. A cada uno de los cuatro botes les escribió el nombre de los tres hijos y del marido. Ella se reservó el bote mayor, pues de allí tomaría tortillas para preparar la comida de todos.

Fue así que llegó a la casa y distribuyó las tortillas compradas en los cinco botes. Y ese día dio los botes a cada miembro de la familia y les explicó que las reglas del juego eran sencillas.

Cada uno de ellos podía tomar las tortillas que quisiera cuando lo quisiera, pero solo de su propio bote. No podían tomar tortillas de los botes de otros. Cada siete días esos botes serían llenados de nuevo con un número igual de tortillas, pero no antes.

La solución dio resultados maravillosos, pues en lo general no faltaron tortillas.

Un efecto inesperado

Incluso había semanas en las que sobraban, lo que dio origen a un mercado informal de compra-venta de tortillas entre los miembros de la familia.

Se intercambiaban favores a cambio de tortillas, a veces eran cervezas lo que intercambiaban. Se creó espontáneamente un mercado.

El razonamiento

Lo que esa ama de casa averiguó por sí misma es sencillo y muy conocido: las personas cuidan su propiedad personal mucho más que la propiedad común. Por eso, se puso a pensar ella, hay más basura en las calles y en los jardines públicos que dentro de las casas.

Por eso se cuidan más los autos y los departamentos propios que los autos y departamentos rentados. Por eso se talan los bosques que son de nadie. Por eso se administran mal las empresas públicas que son de todos. Tú cuidas lo que es tuyo porque después de todo esa es una forma de decir que lo tuyo te costó trabajo adquirir.

[La columna fue revisada en 2020-08]