Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Escéptico y la Gitana
Eduardo García Gaspar
3 mayo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


La historia comienza con un hombre escéptico, de esos que no son presa fácil de engaños y que examinan las cosas con cuidado.

Pues bien, este hombre, por circunstancias ajenas a su voluntad, se encontró un día frente a una gitana que adivinaba el futuro.

Unos amigos suyos lo habían llevado con ellos y no puso rehusarse. Viendo con incredulidad a la adivinadora, quiso ponerla a prueba. Le preguntó sin siquiera darle los buenos días: “Si usted sabe todo, dígame ahora cuántos hijos tengo”.

La adivinadora lo vio de reojo, sin levantar la cabeza e hizo unos pases con la mano alrededor de la bola de cristal que estaba en una mesa frente a los dos.

“Usted tiene tres hijos”, le dijo fijando los ojos muy negros en la cara inexpresiva del hombre.

“Se equivoca usted de cabo a rabo”, le dijo, “yo tengo cuatro hijos y no tres como usted me ha dicho”. La adivinadora no cambió su mirada y de inmediato respondió, “Eso es lo que usted cree”.

Ni un pliegue de la expresión del hombre se movió. No dijo nada y salió de la sala donde todo había sucedido. Lo acompañaban sus amigos, los que pensaban que su silencio denotaba una contrariedad extrema. Al poco tiempo sonrío y soltó una gran carcajada.

“¿Lo ven, la adivinadora no puede adivinar?”, les dijo. Sus amigos le miraron sorprendidos, pues creían que la adivinadora le había revelado una verdad muy indeseable. Le preguntaron que les explicara la razón de su alegría.

“Ustedes saben que tengo efectivamente cuatro hijos”, les dijo, “pero lo que no saben ni ella ni ustedes es que ninguno de ellos es mío. Lo único que hizo la adivinadora es usar el viejo truco del shock de una supuesta realidad improbable, que es la que más dispuestos estamos a creer por idiota que sea. No lo saben ustedes, pero mis hijos son todos adoptados”.

La historia muestra la victoria del sano escepticismo.

La del que se da cuenta de que si efectivamente la adivinadora pudiera saber de otros y predecir el futuro, se dedicaría a otras cosas. Habría comprado acciones de Apple hace algunos años, por ejemplo.

Pero quizá lo más interesante es lo sucedido con los amigos del hombre escéptico. Nos los podemos imaginar mientras hablaba la adivinadora diciéndole que sólo tres de sus hijos eran realmente suyos. De seguro pusieron una cara de total sorpresa y habría pasado por su mente un sentimiento de lástima y vergüenza.

Después de todo, su amigo habría averiguado una verdad muy penosa que lo lastimaba mucho. Fueron ellos víctimas de ese shock de una supuesta realidad imposible de verificar.

Cuentan que al día siguiente, el hombre escéptico invitó una copa a sus amigos y que ya en el bar, les explicó ese truco de la adivinadora.

Les dijo que era un truco común, que se basaba en dar como un hecho innegable algo imposible de probar en un sentido u otro. Para probar que un hijo no era de él, el costo de hacerlo lo volvía imposible o casi: tendría que interrogar a su mujer por causa de una aseveración que no tenía pruebas de lo que decía.

Les habló de la historia del filósofo que se burlaba de la aseveración que sostenía que existía una tetera girando alrededor del sol en alguna parte de nuestro sistema solar. La aseveración es imposible de probar en un sentido o en el otro, lo que tiene un efecto importante: queda la duda de si efectivamente existe esa tetera flotando en el espacio.

Y el sólo hecho de existir esa duda es ridículo y absurdo porque ignora la posibilidad de probar su verdad usando otros métodos y el sentido común. Sin duda, viendo el asunto con seriedad se concluirá que todo lo que sabemos indica que no es razonable pensar que existe tal tetera.

La historia muestra un rasgo fascinante de nuestra naturaleza, esa terrible tendencia a dar igual probabilidad de ser cierta a la más absurda idea que a la más razonable. Este es realmente el problema de la posición del que duda irracionalmente: el conceder igual mérito a lo insensato que a lo juicioso y reflexivo.

Es lo que criticó a sus amigos. Ellos habían dado igual probabilidad de ser infiel a su esposa que de haber sido fiel en su matrimonio. Toda la evidencia que ellos conocían era contraria a lo que la gitana había dicho y, sin embargo, le dieron tal peso que estuvieron dispuestos a ir contra todo lo que sabían y era razonable.

Post Scriptum

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