Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Estado Natural de Cosas
Eduardo García Gaspar
5 septiembre 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea es al menos interesante. Trata de determinar el estado natural de cosas en las naciones. Eso que en cada nación o grupo de ellas es lo común y habitual, lo que les caracteriza como usual y nativo.

En otras palabras, lo que les es oriundo y normal. Por supuesto, las opiniones varían.

Una de ellas bien vale conocer. La de Alexis de Tocqueville (1805-1859), francés, escritor, pensador. El autor de uno de los libros más trascendentales sobre política, La Democracia en América, de 1840.

En algunas aisladas páginas hace referencia a las naciones de Latinoamérica, las que fueron colonias españolas. Sobre el tema dice que,

“Se sorprende uno al ver agitarse a las nuevas naciones de América del Sur desde hace un cuarto de siglo, en medio de revoluciones renacientes sin cesar, y cada día se espera verlas volver a lo que se llama su estado natural”.

La percepción es clara: agitación continua en esas naciones por causa de revoluciones y con una expectativa, la de llegar a un estado natural.

¿Cuál es ese estado natural? La expectativa lógica sería la de un estado de cosas en el que privara el orden, la aplicación de la ley, la paz interna.

Es decir, el estado natural esperado de las cosas es la no existencia de esa convulsión de revoluciones incesantes. Un estado de cosas sin perturbaciones ni intranquilidad.

Inmediatamente a lo escrito, Tocqueville hace una pregunta, “Pero, ¿quién puede afirmar que las revoluciones no sean en nuestro tiempo el estado natural de los españoles de la América del Sur?”.

La interrogante es directa. ¿No es acaso la agitación revolucionaria el estado natural de estas naciones, eso que les es común y natural?

El caso de la independencia en México puede apoyar esa posibilidad. Después de lograda la independencia en 1821, la nación tuvo un estado de cosas muy claro, el de desorden y agitación política y militar, que duró décadas.

Con un intermedio breve, pudo ser terminado hasta la aparición de un régimen de mano dura. Al término de éste, vino otro período de desorden que finalizó con otro régimen fuerte.

Si es que el estado natural nacional es el de la agitación y el desorden que sólo pueden desaparecer con regímenes políticos de mano dura, la situación actual puede examinarse desde esa perspectiva.

Es una especulación que me parece que bien vale una segunda opinión.

De inmediato se plantea la duda de si la nación puede soportar y mantener un sistema democrático de libertades sin caer en la agitación y la convulsión que lleve al desorden.

¿Es nuestro estado natural de cosas el tener un gobierno de mano dura cuyo principal razón de ser sea la de evitar la perturbación política excesiva? Las apariencias dan indicios de una respuesta afirmativa.

• Una muestra notable fue la reacción de López Obrador frente a la presidencia de Calderón. Para el perdedor fue preferible perturbar el orden que mantenerlo. Aceptar su derrota habría sido una victoria del orden y la estabilidad.

• Otra muestra notable la conforma la cantidad de decisiones políticas de irresponsabilidad financiera, que tienen un ejemplo ilustre en la deuda de Coahuila. El provecho propio del ex-gobernador Moreira produjo inquietud política y convulsión institucional, sin que él haya considerado la estabilidad que su renuncia produciría.

• La negativa a renunciar del alcalde de Monterrey ante el escándalo de su hermano ilustra lo mismo: preferir lo propio aunque se dañen las instituciones que son las que producen estabilidad y orden.

Si la clase política no se distingue por su sentido de hacer valer lo que logra estabilidad y respeto a una democracia, mucho me temo que tampoco lo haga eso que llamamos la opinión pública.

La democracia, que no es otra cosa que un mecanismo para la defensa de las libertades, necesita apoyo en los ciudadanos, ideas arraigadas que incluso siendo simples permiten una defensa de ideales democráticos, como el valor del ciudadano frente al gobierno.

A lo que me refiero es a la existencia de una especie de credo político común a la mayoría y que le permita ir más allá de la indignación frente a una clase política no precisamente inteligente.

Un credo que dé criterios para proponer acciones, no una inquietud desencaminada que haga de la agitación ese estado natural de cosas que sólo fomenta el desorden y es semilla a gobiernos ajenos a la idea de la libertad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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