Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Punto A y el B
Eduardo García Gaspar
21 junio 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Las cifras son las imaginadas hasta cierto punto. Pero ellas tienen el valor de poner las sospechas nebulosas en una imagen clara.

Según una nota (El Universal, 17 junio 2007), “La presencia de profesionistas mexicanos en el extranjero creció en la última década, al pasar de 411 mil a un millón 39 mil, es decir, un incremento de aproximadamente 153%”.

La reacción es la estándar y acostumbrada, es decir, la que no llega hasta donde es posible y se pierde en un caldo sentimental. Se dice que es preocupante, que es significativo, que sólo en temporal, que es fuga de talento y de trabajo.

El asunto, mucho me temo, es bastante más que eso.

Cuando una persona cualquiera hace una cosa, la que sea, es por una razón siempre y sin excepción: cree que haciendo eso terminará en una situación mejor a la previa. Es la razón por la que usted lee esto y por la que usted, quizá, tome un par de cervezas algún día caluroso (o aunque no haga calor).

Esto es una buena pista para comenzar a examinar el asunto.

Ese número de profesionistas mexicanos hicieron una cosa, decidieron emigrar. No hay duda de que lo hicieron porque pensaron que eso era bueno, que les beneficiaría, que acabarían mejor que antes. Pero emigrar no es una decisión cualquiera, tienen costos de abandono de circunstancias familiares. Es decir, pensaron que la emigración compensaba esos costos sustanciales.

La situación puede verse como un esquema de escuela.

La persona se movió del punto A al punto B porque pensó que estaría mejor en el punto B y que el costo de moverse sería menor a lo que piensa le beneficiará el estar en el punto B. Esto es axiomático, se demuestra por sí mismo.

Y eso nos lleva a lo que bien vale una segunda opinión, que es el asunto del punto A comparado con el punto B.

Poco más de un millón de profesionistas según esas cifras fueron del punto A, que es México, al punto B, que es otro país, el que sea, posiblemente EEUU. No es una cifra para ignorar y permite sacar una conclusión irrebatible: para una buena cantidad de personas el extranjero es mejor que su país, México.

Y eso es precisamente lo que dicen esos datos.

Por supuesto que son preocupantes, es un millón de testimonios en contra de México y demostrados con conducta real. El punto A es inferior al punto B, según ese millón de profesionistas. Y aquí es donde se abre la puerta a interpretaciones obligadas.

Una de ellas: el punto A, es decir, México, está bien, pero es mejor el punto B. Tan mejor, como para justificar una emigración tan costosa. La otra interpretación: el punto A, México, está tan mal que casi cualquier otro punto es mejor. Quizá la realidad se encuentre entre esos dos extremos, dependiendo del caso particular.

Pero la realidad es imposible de negar. Hay algo en el punto A que falla sustancialmente, que lo hace notablemente inferior al punto B.

Entonces, la reacción saludable es examinar qué tiene el punto A que lo hace ser inferior a otros. En otras palabras, se trata de examinar al país de origen, no al que emigra. El que emigra ya dio su opinión, el paso siguiente es examinar la esencia del problema.

¿Por qué para tantos México es un lugar en el que no vivirían tan bien como en el punto B, otros país? ¿Qué tiene el país que hace que tantos se vayan de él? No es un fenómeno único de México. Lo tienen muchos otros en todos los continentes.

Mi único punto es el de una idea simple: examinar al país que resulta tan poco atractivo en relación a otros, como para provocar una emigración sustancial de sus habitantes.

El examen detallado encontrará cosas específicas, pero el examen general indicará lo obvio e innegable: las condiciones necesarias para el bienestar personal son sustancialmente mejores en el punto B, al que se emigra. Del otro lado: hay condiciones generales en el país de origen que dañan el bienestar personal.

Una explicación reciente para México es la violencia (El Universal, 28 febrero 2011): “La fuga de talento de la industria nacional creció 33% debido a la violencia que se vive en México…”. Es una variable reciente, pero no explica todo para un país en el que la emigración es un fenómeno de décadas.

Simplemente expresado, en México no se han creado condiciones que en el juicio de muchos son propicias para el desarrollo y el bienestar personal.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Emigración.

El fenómeno de emigración de profesionistas suele ser llamado “fuga de cerebros”, lo que curiosamente pone la atención del punto principal: las personas sólo se fugan de prisiones y de condiciones de vida que consideran insoportables. Eso es lo que piensan de su país de origen, aunque no lo expresen en palabras.

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