Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Retraso del Retrasado
Eduardo García Gaspar
20 julio 2011
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Era un joven de veintitantos. Siempre llegaba tarde a la oficina. Una media hora tarde. No era ocasional, era un hábito establecido.

Y era contra las reglas. Un día lo llamé a mi oficina.

Le pedí una explicación de sus llegadas atrasadas al trabajo. Me dijo “es que me levanto a las siete y media y entonces llego a las nueve y media a la oficina”. Le pregunté por qué no se levantaba entonces a las siete y así llegaría temprano, a las nueve, como todos.

Su mirada se tornó en algo vacío y balbuceó algo que me fue incomprensible. Supongo que trataba de decir que no podía levantarse media hora antes por alguna extraña razón.

Nunca corrigió su hábito. Nunca, por eso, tuvo oportunidad de mejora en esa empresa. Me divertía citarlo a las nueve con su jefe.

La historia viene a cuento por causa de una pequeña noticia sobre exámenes aplicados a aspirantes a puestos de profesor en el sistema educativo estatal de México (Grupo Reforma 18 julio 2011).

La noticia reportó que varios aspirantes llegaron tarde al examen, a pesar de saber que no serían admitidos si llegaban con el más mínimo retraso.

El reportaje habla de algunos casos de esos y de las excusas que se dieron por llegar tarde: “mi mamá está en el hospital y la estaba acompañando”, “se me quedaron las llaves dentro del auto”.

No recuerdo cuántas veces he escuchado esas cosas, entre las que una clásica es un neumático desinflado. Mi cálculos personales: una décima parte de ellas son ciertas.

Una persona razonable pensaría que en la circunstancia de un examen vital para su carrera tomaría reservas de tiempo. Si la cita es a las once, calcularía llegar al menos diez minutos antes, e incluso más, por cualquier imprevisto.

Esperar por haber llegado temprano es una mejor opción que no poder hacer el examen.

Ha sido experiencia mía en los negocios que opera una ley inevitable: ninguna reunión inicia a la hora anunciada. Los retrasos suelen ser sustanciales, incluso de media hora o más.

Hay un segmento de personas que llegan antes o a tiempo, pero hay otro cuya costumbre es la de llegar tarde. Una costumbre que se autoalimenta porque en las reuniones se espera al atrasado y eso es premiarlo.

En las conversaciones que he tenido con hombres de negocios que visitan México, cuando se trata el tema, me han comentado que les maravilla que una reunión citada para las diez de la mañana inicie media hora después.

Es, me dicen, un desperdicio que no tiene recuperación. Si diez personas esperan media hora, eso son cinco horas de trabajo tiradas al cesto de la basura.

Tienen razón y se trata de un hábito nacional en México, que los gobernantes llevan a extremos impresionantes. Sus arribos a eventos públicos pueden tener retrasos importantes que mantienen esperando a centenas de personas.

No hace mucho, el gobernador de Veracruz hizo esperar 45 minutos al público de un concierto. Los ha habido mucho mayores, de horas de retraso.

¿Qué hay en la mente del retrasado consistente? La falta más obvia es su desprecio por los demás. Un desaire importante. Es una mente que menosprecia al resto. Debo suponer que es algo relacionado con la soberbia.

Pero también, hay ignorancia profunda de los efectos de su hábito: desperdicio de tiempo y, por eso, de horas de trabajo.

Decía un amigo, un ejecutivo estadounidense, que la impuntualidad le llamaba la atención porque mostraba una pésima organización del tiempo. La gente que llega habitualmente con retraso, decía él, es gente que trabaja más tiempo y hace muy poco.

Bien organizada, una agenda de ocho horas, es suficiente para ser muy productivo. Estar más de ocho o nueve horas trabajado es un signo de improductividad.

Pero también, supongo, el retrasado es un improvisado que toma riesgos sin sentido. Arriesga llegar tarde a lo importante por causas irrelevantes.

Recuerdo a uno que solía llegar a los aeropuertos de última hora y lo hacía como un hábito que le causaba orgullo. Nunca entendí el orgullo de arriesgar sin necesidad un viaje de negocios, con citas acordadas en otra ciudad.

El retraso consistente en el tiempo, el llegar tarde a todas partes, es en mi opinión, también un retraso de otro tipo, un retraso en el uso de neuronas y un retraso en la consideración por los demás.

El retrasado, además, no tiene creatividad en la fabricación de excusas.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Estilos Ejecutivos.

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1 comentario en “El Retraso del Retrasado”
  1. Luis Dijo:

    Es mas comun en estos tiempos donde el ocio suele ser mas importante que la responsabilidad personal. Leyes progresistas, favoritismo laboral, nepotismo, intereses sexuales, abuso de poder, soberbia profesional, etc., suelen algunos entre muchos factores que hacen posible que estos habitos indeseables sean practicados, aceptados y premiados por las patronales y sea parte de la cultura social contemporanea. Es mas comun entre los negros y nosotros los latinoamericanos que entre los anglosajones.

    ¿Es cuestion racial o etnica? No. Pero la cultura de los anglosajones es mas fria, sistematica y disciplinada. Nosotros somos mas acalorados, mas acostumbrados al ocio y a la vida fiestera, y asi mismo son nuestros gobiernos y nuestros lideres empresariales.





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