Será un tema favorito en las próximas elecciones mexicanas. Lo es en todas partes.

Este país no es la excepción a capitalizar el tema en favor de cada candidato.

Obama, por ejemplo, lo ha explotado por años y ahora mucho más. Todos lo hacen.

Me refiero a la pobreza. Obama lo usa al viejo estilo, el del enfrentamiento entre pobres y ricos, una lucha en la que él y su gobierno desempeñan el papel de héroes que rescatan a las víctimas de los villanos.

El tema ha sido por años aprovechado en la retórica electoral y lo será también en las plataformas de todos los candidatos mexicanos en 2012.

Y los papeles serán más o menos los mismos. Unos son los villanos acostumbrados y otros las víctimas usuales. Sin embargo, lo que bien vale una segunda opinión no son esos dos papeles del drama creado, sino el tercer personaje, el del gobernante.

El personaje que se erige en héroe y que es producto de una mentalidad muy particular.

Examinar esta mentalidad bien vale una segunda opinión, por la obra de teatro que fabrica. La mentalidad del héroe, una variación incompleta de Robin Hood.

Para el gobernante, la sociedad a la que desea gobernar, es una especie de cuento infantil, un escenario en el que hay buenos y hay malos. Al que él entra para salvar a los buenos, que son incapaces de hacer nada sin él.

Ese escenario simplificado tiene una condición, debe haber malos y buenos. Si los personajes se vuelven reales, el gobernante pierde el atractivo del héroe y se derrumba su actuación.

Es por esto que en sus campañas electorales, ellos dramatizan la existencia de pobres y explotadores. Tienen ellos verdaderos arrebatos al hablar de la pobreza: cuanto más grande sea la pobreza, mejor para su esquema electoral.

Y es entonces cuando el tercer personaje se muestra en todo su esplendor: prometerá remediarla con las medidas más atrevidas.

Prometerá crear empleos, cientos de miles en pocos meses. Creará esperanzas de un crecimiento económico nunca visto. Ofrecerá estudios gratuitos, transporte barato, agua subsidiada, medicina sin costo, espectáculos gratis. Ofrecerá todo eso y más a los pobres.

Lo fascinante aquí, es que entra en juego un elemento adicional, el de la creación de un enemigo. Sin enemigos, el papel del héroe no tendría sentido. Sostendrá y repetirá que los pobres lo son por los actos de esos enemigos, a los que promete atacar.

No es un enemigo específico, sino uno genérico, los ricos. Porque, según el tercer personaje, la sociedad se divide en dosy nada más que dos, pobres y ricos, un drama en el que él es el campeón insustituible.

Tras las bambalinas de todo esto, un escenario dramático y espectacular, lleno de discursos y frases, hay un mecanismo simple que explica el truco. Igual a como cuando a un mago se le descubre la forma en la que realiza el acto de magia.

Ese mecanismo que crea apariencias tan vistosas, es por demás directo. Todas sus promesas se reducen a quitar a unos para dar a otros. Así de primitivo es el escenario tras bambalinas del fastuoso escenario que ha creado el tercer personaje. Lo que nos lleva a otra cosa aún más fascinante.

Si el héroe quiere quitar a unos para dar a otros, no hay otra manera de hacerlo que el mismo gobernante dando un primer paso inevitable: quitarle a unos lo que ha prometido dar a otros.

Es decir, primero tiene que quitar y luego, si cumple su palabra, dará. El problema ese que en el momento de la verdad, no dará lo prometido, sino mucho menos. Por varias razones, principalmente dos.

Una, lo quitado no alcanza para hacer todo lo prometido (por eso pedirá préstamos y creará crisis económicas de deuda impagable).

Dos, se quedará él con buena parte y preferirá dar a sus favoritos antes que a otros, siendo sus favoritos los que lo apoyan. Detrás de bambalinas, por tanto, habrá una lucha descarnada entre grupos de interés, incluyendo a los villanos, por obtener lo quitado.

Esto es lo que realmente está detrás del bonito escenario que pintan las promesas electorales.

Y, finalmente, esto me lleva a algo que no entiendo.

Lo ilustro con una persona que es fan de uno de los candidatos, al que considera con el mejor plan de gobierno precisamente por prometer quitar y dar, lo mismo que el resto. No es alguien con baja educación, no le falta inteligencia, y, sin embargo, no alcanza a ver al tercer personaje tras bambalinas.

Post Scriptum

Dije que el papel del tercer personaje, el gobernante, es una variación incompleta de Robin Hood, el ladrón que robaba a ricos y daba a los pobres. Repito aquí lo escrito antes por otros, los gobiernos cumplen con la primera función de Robin Hood, el quitar a unos, pero olvidan la segunda función, el dar a los pobres.

Esto puede llevar a argumentar que la política de redistribución sería existosa si Robin Hood repartiera, es decir, si el gobierno aplicara con honestidad y eficiencia la redistribución. Por supuesto, funcionaría mejor la redistribución, pero ello no la libra de su error esencial y que causaría problemas sin remedio: crearía ciudadanos pasivos, dependientes; crearía estímulos negativos a la creación de capital; acumularía demasiado poder en el gobierno; produciría necesidades ilimitadas de fondos que llevarían a emisión de deuda soberana por encima de capacidades de pago.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.