Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Tercero Descompone
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2011
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es parte de nuestras libertades, la de poseer propiedades. Y ser propietarios de una casa es uno de nuestros derechos. Podremos ejercerlo, o quizá no.

Depende de cada uno. Muchos podrán ambicionar comprar su casa. A otros les dará igual. Y esto es lo que merece una segunda opinión.

La libertad de poseer una casa es una decisión propia, que cada quien decide. Igual que comprar o no cerveza. Pero hay una posibilidad distinta, la de que sea un tercero el que mueva a la gente a comprar casa.

Es decir, que la decisión de hacerlo o no sea alterada por una persona distinta. Esta otra persona entra a agitar las decisiones de los demás.

En otras palabras, el tercero descompone, distorsiona las acciones que la gente normal tomaría alterando las condiciones de esa decisión.

En una situación de libertad, sin alteraciones por parte de terceros, las personas deciden o no comprar los bienes que necesitan. Los precios de los bienes subirán y bajarán de acuerdo con esas decisiones, tanto de compradores como de vendedores.

Pero ahora viene lo interesante. Suponga usted que un tercero, el gobierno, entra al mercado a, por ejemplo, facilitar la compra de casas. En la superficie se verá como algo positivo: es bueno que la gente sea propietaria de la casa en la que vive.

Y entonces, el gobierno ofrece incentivos a esa compra de casas. Podrían ser tasas de interés reducidas, avales mayores, deducciones especiales de impuestos, compra de hipotecas.

Esas cosas o cualquier otra que modifica la situación normal en la que una casa de compraría. Esta modificación es una distorsión del mercado: se hace más atractivo comprar una casa ahora, incluso para esos que no pensaban hacerlo.

Y, más aún, se hace atractiva la opción de comprar una casa, incluso a pesar de no necesitarla, como una oportunidad de negocio para venta posterior.

La distorsión es obvia: el cambio en la situación altera las decisiones personales y crea una demanda mayor de casas, lo que a su vez eleva los precios y hace percibir el gran negocio de haber comprado una casa que al poco de tiempo subió de valor.

El efecto acumulado del cambio de circunstancias crea al principio un incremento de demanda que luego se trasforma en una especie de mercado alegre y loco, es decir, una burbuja (en este caso del mercado hipotecario).

Por supuesto, la locura no puede seguir y el problema comienza con el cierre de recursos para hipotecas, el que acumulado, produce una reducción en el precio de las casas, las que llegarán a valer menos que el valor de la hipoteca.

Sea o no el mercado de casas, esas distorsiones funcionan igual para cualquier bien. Lo mismo sucederá con el pan, las salchichas, lo que usted quiera.

Lo que variará será el tamaño de la burbuja, que en el caso de las casas, es considerable. El monto perdido en el regreso a la realidad será considerable y afectará a toda la economía.

En medio de toda la confusión y de todo el drama, podrá con facilidad perderse el origen del problema, que no es sino la distorsión de los precios por causa de una modificación artificial en las condiciones de compra. Modificación que puso incentivos a decisiones que no se hubieran tomado en circunstancias normales.

Esto es lo que pasó en los años previos a 2008: gobiernos con buenas intenciones que pensaron que era bueno que la gente fuese propietaria de sus casas y que con mucha ingenuidad alteró las circunstancias de la compra para hacerla más fácil.

Otro caso de buenas intenciones y pésimos resultados. No es muy diferente a la crisis actual, de deuda gubernamental.

En este caso, los gobiernos piensan que su labor es de beneficio social, pero que no tienen los recursos para hacer todo lo que quieren. Los recursos de los impuestos no bastan y, por eso, acuden a los préstamos.

Conforme más quieren hacer, más préstamos necesitan. Pero hay un límite, un endeudamiento tan alto que cause sospechas incluso entre los más ingenuos y lleve al punto en el que se piense posible un default.

En ambos casos, el origen está en gobiernos excedidos que quieren hacer grandes cosas, muy loables y admirables, pero que producen efectos colaterales peores que esos que quisieron remediar.

El fondo de los sucesos es claro y contundente, pero es frecuente que no se vea, que se pierda de vista.

Post Scriptum

Una forma clara de exponer la distorsión de los precios es considerar las rebajas de precios que hacen los vendedores de bienes. Un vendedor pone en rebaja el precio de la cerveza que produce con lo que claramente intenta modificar las decisiones del comprador, para que compre él su marca y no la de otros.

La decisión de alterar el precio es del vendedor y es libre. Pero, cuando entra el gobierno, como en el caso de las casas, lo que produce es una rebaja general: todas las casas están en rebaja, sin que el vendedor lo haya decidido él mismo. El gobierno ha puesto en venta especial a todo un mercado, sea el que sea. Es una distorsión artificial.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Efectos Colaterales. Allí está la colección completa sobre esos casos en los que queriendo hacer el bien, se empeora la situación que deseaba solucionarse.

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