Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Trastornado Que Gasta
Eduardo García Gaspar
24 agosto 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Las crisis económicas son muy visibles, pero sus orígenes suelen permanecer en la oscuridad. Hace poco sucedió algo que vale como muestra de eso que queda en lo oscuro.

De eso que se percibe como una noticia nada más, sin hacer la conexión con lo que después vendrá: una crisis económica.

Primero, los datos del escándalo que ocupa espacio en las noticias. Sucede en Coahuila, uno de los estados en México, y el protagonista es su gobernador, Humberto Moreira, que actualmente está con licencia y así ocupa la dirigencia del PRI.

Oficialmente, se declaró que el gobierno del estado tenía una deuda de 7,500 millones. Era ésa la cifra oficial. Pero resultó falsa. La deuda real es 4.5 veces mayor: unos 34,000 millones.

El descubrimiento tuvo sus dos efectos. Primero, el ocupar espacio en las noticias. Segundo, la reducción en la calificación crediticia del gobierno de Coahuila. La redujeron cinco niveles. Habrá consecuencias inmediatas.

Una de ellas es la de un crédito más caro y más exigente. Una conclusión es clara: ocultar la deuda muestra que se pensó que tanta deuda era mala.

Un claro caso de un gobernante que supo que se hacía algo indebido y quiso ocultarlo. De allí que nazca el escándalo y la indignación. Pero el escándalo no sirve y la indignación es inútil.

Es necesario ir un paso más allá para establecer una relación causa-efecto. La causa es un endeudamiento excesivo, el efecto una crisis económica.

Esto es lo que creo que merece una segunda opinión.

Un gasto de gobierno realizado sobre bases estables se limita a los ingresos tenidos por la vía de impuestos y hasta allí. No puede gastarse más que eso. Ocasionalmente, sin embargo, los gobiernos pueden justificar razonablemente el obtener préstamos, pero también ellos tienen un límite.

Cuando como en Coahuila se rebasa ese límite, sucede lo natural: surge la posibilidad de un default. El gobierno ya no tiene la capacidad de pago que supondría tener el monto de su deuda.

¿Culpables? No hay duda de que quienes dieron los préstamos fueron al menos descuidados (los préstamos más recientes y los más cuantiosos). Pero el culpable central es el gobierno mismo.

¿Quién en el gobierno? Por supuesto, el poder ejecutivo, pero también el congreso del estado, cuando este tiene la autorización de aceptar más deuda.

Es decir, en la crisis de deuda que puede tenerse en el futuro, ya tenemos nombres de culpables. Los tenemos desde ahora, lo que nos evitará caer en la sorpresa de una crisis inesperada de la que se culpe a la avaricia financiera.

Ahora podemos intentar explicar las razones por la que se contrataron deudas tan torpemente. Una de ellas es muy obvia, los estados en México cuentan con el respaldo tácito del gobierno federal. Si ellos quiebran, alguien más entrará al rescate.

No es novedad. Es la misma mentalidad que dicta eso de “demasiado grande para quebrar”.

Pero la otra razón es la que más llama la atención. Para explicarla recurro a eso que se llama shopaholic, un trastorno que sufren quienes son adictos a comprar. En este caso, puede hablarse de gastohólicos: políticos que sufren la compulsión de gastar más de lo que reciben.

Por supuesto, deben aceptarse las fuertes posibilidades de corrupción, pero sobre todo debe considerarse ese trastorno de la conducta.

No son personas mentalmente sanas y, aún peor, saben que las consecuencias de su trastorno no serán vividas por ellos. El costo de las deudas exageradas y de su eventual crisis será pagado por terceros: ciudadanos que directa o indirectamente pagarán de sus bolsillos el dinero para cubrir los excesos.

Todo esto es un ciclo que inicia con el gasto excesivo. El caso de Coahuila es uno de ellos. Hubo otros casos en México, cuando las presidencias de Echeverría y de López Portillo.

Hay unos en Europa ahora mismo. En los EEUU está sucediendo lo mismo. Es el resultado de los gastohólicos: gobernantes trastornados con la obsesión de gastar más allá de los límites razonables.

Este trastorno de la conducta al que he llamado gastoholismo ha recibido otros nombres y esto es lo que confunde la muchas personas. Le suelen llamar estado de bienestar, también le dicen gasto social, reanimación de la economía y otras formas más.

Son bonitos nombres. Como sería llamarle alegría al alcoholismo.

Post Scriptum

La reacción de Humberto Moreira ante esta noticia ha sido la estándar. En sus propias palabras,

“Hay una campaña perversa en mi contra… Hay toda una campaña para tratar de lesionar al presidente del partido… Me extraña que no se hable de la deuda del Gobierno federal que es de 5 billones de pesos. Sacaron un bono para etiquetar al País durante los próximos 100 años… Si quieren seguir con eso, yo tendría que tocar estos temas… Vamos a hablar de la deuda de muertes” (Grupo Reforma 23 agosto 2011).

Nótese que la revelación de la deuda excedida y ocultada es interpretada como un ataque personal que merece un contraataque a rivales electorales.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas y en Contrapeso.info: Finanzas Públicas.

Pero sobre todo, en ContraPeso.info: Poder Atonta. Los poderes excesivos corrompen a quienes los detentan, pero no es sólo ese el único efecto. El poder excesivo también embrutece y una de las manifestaciones del embrutecimiento es el ser un gastohólico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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