Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esos de Cabeza Dura
Eduardo García Gaspar
21 octubre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una de las ideas más fascinantes que se han escrito sobre la política. Tiene su nombre: instauración de una política contraria al interés propio.

En otras palabras, hacer cosas que producen daño a uno mismo. Nadie está exento de esto.

Pero en los gobernantes es especialmente notorio. Tanto que puede conformar uno de los tipos de mal gobierno.

El tipo de gobierno que es malo por razones de locura o perversidad. Lo de locura lo entiende cualquiera. Lo de perverso es en el sentido de causar daño, producir perjuicios.

El asunto es serio y tiene aplicación ahora mismo (igual que hace siglos). Describe el caso de gobernantes que implantan políticas que son opuestas a su propio interés y, por supuesto, causan daños a ellos mismos, y a otros.

En pocas palabras, se trata del caso de gobiernos malos por razón de tener gobernantes de cabeza dura.

¿Cómo definir eso de cabeza dura? La tienen:

  • Quienes implantan una política de gobierno existiendo información disponible que indica que sus resultados netos serán malos.
  • Quienes aplican esa política dentro de circunstancias en las que es posible optar por otras políticas mejores.
  • Y, finalmente, quienes la aplican persistentemente por períodos largos de tiempo.

Eso es tener gobernantes de cabeza dura. Al menos, según Barbara Tuchman, la historiadora que propuso esas ideas en 1984, en su libro The March of Folly (La Marcha de la Locura).

No es un problema menor. En realidad puede ser el mayor problema que enfrentamos en nuestra vida.

Todo comienza con una realidad innegable, nuestra imperfección. Todos los humanos, sin excepción, podemos ser de cabeza dura. Podemos tomar decisiones malas, consistentemente, cuando podíamos decidir otra cosa, y no lastimarnos.

Los gobernantes no son distintos. No están exentos de ser cabezas duras.

Tomemos el caso de México como un caso de este tipo de gobernantes. Desde Cárdenas, cuando fue presidente, hasta estos momentos, se ha aplicado una política económica consistente. La política de intervencionismo estatal en la economía. Cierto, con variaciones sustanciales de intensidad, pero en esencia la misma idea se ha aplicado.

Es decir, desde la década de los años 30 del siglo pasado, los gobernantes mexicanos han tomado decisiones que suponen que ellos pueden tomar mejores decisiones que el resto de los ciudadanos.

Una prueba monumental de esa mentalidad es Pemex, el monopolio estatal. También, la producción de electricidad, la educación, la salud.

Examinemos esa mentalidad parte por parte, según esos requisitos para ser considerado gobernante de cabeza dura.

Primero, existir información de que la política aplicada producirá malos resultados. Se cumple con esa condición en México: todas las experiencias en el mundo indican que un país con amplias libertades económicas produce más riqueza que uno cuya economía es guiada por el estado.

Segundo, los gobernantes mexicanos han estado en posibilidad de decidir otra política económica. Se cumple con esta condición: otros países optaron por medidas diferentes, que dieron mejores resultados.

Tercero, esa política de intervencionismo económico fue aplicada de manera consistente. También se cumple con este requisito: el intervencionismo se ha aplicado consistentemente desde los años 30, por parte del PRI y del PAN (aunque en dosis variables)

Vayamos ahora al presente y lo que los precandidatos a la presidencia mexicana piensan sobre la política a aplicar.

De lo que se sabe, el PRD piensa seguir con lo mismo (López Obrador incluso cree que debe intensificarse esa política), los dos del PRI tienen en sus plataformas la idea de seguir implantado la misma mentalidad. Del PAN no tengo fuentes confiables, pero no creo que se aleje mucho de esa forma de pensar.

Lo que vale una segunda opinión es expresar la situación mexicana de otra manera a la usual.

Sufrimos en el país un caso severo de gobernantes de cabeza dura. Siguen políticas que los dañan al producir un país en condiciones malas, o mediocres. Podían ser gobernantes de un país rico, pero su cabeza dura se los impide. Se han dañado a ellos mismos aplicando una política que opuesta a su propio interés.

Lo pasado, pasado está y sólo serviría como lección para tener la experiencia de qué no hacer. El presente indica que las cabezas duras se mantienen. No hay en uno sólo de los precandidatos signo alguno de reconocer que la idea del intervencionismo es un fracaso. Lejos de eso, quieren mantener lo mismo.

Post Scriptum

El libro usado es el de Tuchman, B. W. (1985). The March of Folly: From Troy to Vietnam. Ballantine Books. Una lectura realmente obligada, con la ventaja de leerse con amenidad.

El tema recuerda las ideas de C. Cipolla sobre la estupidez. Véase, por ejemplo, Hay Más de los Imaginados, donde se trata la idea de una causa del fin del mundo: la estupidez de personas en puestos de poder.

Cipolla define al estúpido como quien realiza acciones que lo dañan a él y a los demás. Todos pierden con sus acciones, él y también los demás.

Un gobernante sin cabeza dura entenderá que le conviene aplicar políticas que creen riqueza y prosperidad, Esto le beneficiará a él en lo personal, al tener más probabilidad de ser reelegido y, también beneficiará al resto. En cambio, si el gobernante tiene la cabeza dura, aplicará malas políticas, que producirán malos resultados y la gente votará por otro en la siguiente elección.

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