Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Filosofía de la Prosperidad
Eduardo García Gaspar
21 noviembre 2011
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Vive México, ahora y desde hace tiempo, momentos electorales.

Significa que pululan las ideas, sugerencias y propuestas que persiguen una cosa sólo, prosperar. Se desviven los políticos en campaña proponiendo plataformas.

E incluso, los particulares contribuyen con sus ideas. No está mal.

Pero podía estar mejor. Podía tenerse algo superior a esa lista de sugerencias y propuestas. Podía tenerse una filosofía del crecimiento buscado.

Me refiero a una idea muy básica, muy simple, comprensible, que guiara al resto de los planes sugeridos. Esto es lo que bien vale una segunda opinión.

Llamémosla filosofía de la prosperidad. Es ese conjunto de ideas que se tienen antes de hacer propuestas de gobierno y que creo que casi todos los gobernantes tienen en sentido opuesto al correcto.

Seamos básicos. ¿Cuál es el secreto del crecimiento? Me refiero a esa base que permite crecer, prosperar, o como quiera usted llamarle.

No encuentro otra respuesta que el ingenio de las personas, su inteligencia, sus inventos, iniciativas, esfuerzos y trabajo. Tener recursos naturales en realidad no importa mucho, lo que importa es el talento de la gente. El petróleo no es sustituto del talento e incluso puede ser su obstáculo.

Consecuentemente, si lo anterior es cierto, la conclusión es inevitable: cuanto más se deje a las personas tener iniciativas, realizar innovaciones, esforzarse, trabajar… más riqueza se producirá.

Un ejemplo ilustra esto. Imagine a dos Steve Jobs, idénticos en todos, y pregúntese dónde podrá producir más cada uno de ellos. La respuesta es obvia, donde menos obstáculos tenga.

No todos son Jobs, pero la inmensa mayoría tienen sus iniciativas, sus ideas y hasta innovaciones para hacer algo. Lo primero que se necesita en nuestra filosofía de la prosperidad es no hacer nada que los estorbe.

Lo mejor que puede pasarle al país es quitarle los obstáculos que puedan existir para que todos realicen sus proyectos.

Hay otra conclusión segura. Cuantas más personas realicen sus proyectos, mejor. Es una cuestión numérica. Que diez millones lo puedan hacer es mejor que sólo lo puedan hacer cien mil, o diez mil.

En otras palabras, todo el talento, por mucho que sea, de los gobernantes, nunca podrá sumar todo el talento del resto de la gente.

Por sabio y talentoso que sea uno de los candidatos a presidente, jamás podrá serlo más que la suma del resto de los ciudadanos. Sería un absurdo poner las decisiones económicas de un país en manos de uno solo, o de unos pocos, cuando el resto de la gente suma muchas veces más talento.

Sólo los perezosos y los ingenuos pensarían que la prosperidad depende de seleccionar al candidato correcto.

No son cuestiones ideológicas, son de mera sabiduría práctica, de sentido común. Y, lo mejor, señala una política económica central: dejar que las personas apliquen sus talentos a sus propios proyectos de creación de prosperidad personal.

Lo peor que puede pasarle al país es obstaculizar las iniciativas de sus ciudadanos.

Es fácil de entender, pero no es todo. Hay otro elemento en esta política central de crecimiento. Me refiero a una necesidad de recursos, la que tienen todos los que quieren realizar sus proyectos e ideas.

Se trata de recursos, generalmente financieros, accesibles al que quiere realizar sus proyectos. Sin esos recursos no lo podrá hacer.

¿Cómo facilitar que esos recursos lleguen a las manos de los creadores? La respuesta no es tan clara ni tan obvia. El gobernante será irresistiblemente tentado a encargarse de eso y tomar medidas como bajar la tasa de interés, subsidiar créditos y similares… que es exactamente lo que no debe hacer.

Se debe actuar con la misma mentalidad anterior.

La filosofía de aprovechar el talento ajeno, el de las personas, que suma infinitamente más que el talento de todos los gobernantes. La clave es dejar que las personas se organicen entre ellas, los que tienen recursos con los que tienen ideas, y lleguen a acuerdos libres de beneficio mutuo. La suma de sus talentos es enorme.

Muy bien, la filosofía de la prosperidad que he apuntado es sencilla. Se trata de dejar libre al talento de la gente, para crear, innovar, trabajar, realizar sus ideas, acordando entre esa misma gente el financiamiento de sus proyectos.

Su talento suma más que el talento de los gobernantes, simplemente porque son más y, también, porque tienen más interés en prosperar ellos mismos.

Pero, los gobernantes también tienen talento, por lo menos algunos de ellos, y se necesita usarlo.

Este es otro elemento de la filosofía de la prosperidad, el talento gubernamental. Es el talento que se necesita el gobernante para reconocer que los demás también tienen talento y que a todos conviene facilitar el trabajo y el poder creativo de todos.

Post Scriptum

Esta “filosofía de la prosperidad” es en realidad una idea vieja, anotada por muchos antes que yo. Por ejemplo, George Gilder dice que la clave del crecimiento es “bien simple”, es la combinación de “hombres creativos con dinero”.

Lo que he añadido es el tercer elemento. También se necesita talento en el gobernante, el suficiente como para entender que lo que más conviene a la larga es aprovechar el talento que suman todos los habitantes del país.

El tema puede verse desde otra perspectiva. ¿Quiere alguien frenar el crecimiento? Todo lo que tiene que hacer es impedir que se use el talento de las personas, dejar que las decisiones económicas sólo sean tomadas por los gobernantes.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Economías Frenadas.

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