Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Frente a la Barbarie
Eduardo García Gaspar
20 junio 2011
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Las imágenes son como de una película sangrienta en exceso. Incluso aunque no las veamos, asustan y atemorizan.

Son las noticias acerca de crímenes, en las que se reportan asesinatos que son más que eso: crueldad extrema, saña y atrocidad. No es necesario entrar en detalle. Las conocemos en muchas partes.

No son asesinatos, en ese sentido incluso conservador, de un tiro o una cuchillada. En esto nuevo hay barbarie y ferocidad. Recrea en la mente sensaciones inquietantes que generan preguntas. ¿Puede ser alguien así de brutal, inhumano, salvaje?

La respuesta es la lógica, sí, sí lo puede ser.

Hay amplias evidencias de eso en toda la historia, pero, ¿en nuestros tiempos? Tiempos que juzgamos modernos, de avanzada, civilizados. Y que sin embargo, muestran sadismo como quizá nunca antes (recuerde los campos de concentración en la URSS y los de Hitler, o las salvajadas de Pol Pot y Mao)

Una persona normal reacciona normalmente frente a esto, con una indignación que nunca es suficiente. Y que suele estar basada en una idea que no suele ser atendida, la de sentirse incapaz de ser autor de ese sadismo inhumano.

Es la reacción estándar, la de yo-no-sería-capaz. Es buena, pero hay otra mucho mejor.

En las célebres narraciones de G. K. Chesterton, las de las aventuras del padre Brown, quien actúa como detective y soluciona con elegancia casos muy extraños, hay algo que merece ser recordado. El sacerdote habla de esa reacción estándar de sentirse incapaz de realizar un acto tan reprobable como el de esos asesinatos.

El padre Brown reacciona de otra manera, mucho más profunda.

Dice que él reacciona de manera opuesta y que piensa que él es sí capaz de hacer eso que es tan brutal y salvaje. Es una posición más humilde, con todas las ventajas que eso acarrea. No tiene la superioridad seca de sentirse incapaz de realizar lo reprobable.

Al contrario, verse como débil y pequeño, con la posibilidad de realizar una mala acción, conduce a una posición más rica y prometedora.

Es porque uno es capaz de realizar lo malo, que se comprende mejor y entiende el drama de la libertad. La posición de la persona que se cree incapaz de hacer el mal es irreal. De hecho, lo opuesto es la verdad.

La idea del padre Brown, que me imagino, es la misma que sostiene su autor, Chesterton, se hace más dramática al ser expresada por un sacerdote. Da la apariencia de ser sorprendente y poco lógica, pero es en realidad la más razonable y real: todos somos capaces de realizar acciones malas y también de llegar a esos extremos de barbarie que nos atemorizan. Todos.

¿Por qué? Obviamente porque somos libres.

Libres para hacer las mejores y más loables acciones, pero igualmente para hacer lo más reprobable y crudo. Solamente un ser sin libertad no tiene esas opciones, y tampoco tendría el poder para distinguir entre lo bueno y lo malo.

Si nos indignamos ante la ferocidad de asesinatos y tormentos es porque tenemos una idea, siquiera primitiva, de lo que está mal y, por necesidad, una idea de evitarlo aunque lo podamos realizar.

Es esa noción de que la libertad nos indica que todo lo podemos hacer, no importa qué sea… pero que siempre lleva consigo otra idea, la de que no todo lo debemos hacer.

Cuando nos olvidamos de esa segunda parte es cuando los problemas comienzan: enfatizar que la libertad es hacer todo lo que uno quiera y detenerse allí es quizá el mayor error de nuestros tiempos. El olvido de que no todo lo debemos hacer, lo que en ciertas personas triunfa más que en otras, con el resultado que vemos y que no es sólo la acción del criminal.

Es en la persona en la que reina la idea de no ser ella capaz de tanta barbarie, donde es más posible la victoria del mal, porque ella se torna descuidada, complaciente y, por la puerta de atrás, disfrazado de los más agradables razonamientos entra el mal… haciendo seguir creyendo a la persona que ella permanece buena.

En cambio, la persona que se siente capaz de hacer el mal, está ella siempre pendiente, siempre vigilante, y probablemente haga menos mal. Se cuidará más que la otra, observará la puerta trasera, los lados y el frente. Creyendo ser un ser débil, pondrá más atención y siempre cuidará su libertad, entendida también como el hay-cosas-que-puedo-pero-no-debo.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en Contrapeso.info: Virtudes y Vicios y en ContraPeso.info: Naturaleza Humana.

Creo que el caso más claro de acciones criminales sistemáticas, aprobadas por algunas personas que han sido engañadas por razonamientos equivocados sobre la libertad, es el del aborto. Asesinatos de menores por parte de personas a quien la libertad ha engañado con un mal razonamiento y que serían incapaces de matar a un adulto.

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