Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gastohólicos Conocidos
Eduardo García Gaspar
29 marzo 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La cuestión inicia con una realidad incontestable, los gobiernos existen y ellos gastan dinero. Más aún, para gastar dinero tienen que hacerse de él y lo hacen, por medio de impuestos y de préstamos.

Eso es real y tangible, es innegable.

Nos lleva eso a dos posibilidades, la de un gasto mayor al ingreso, eso que se llama déficit de gobierno. Y la de un gasto menor al ingreso, lo que llamamos superávit.

Hasta aquí, insisto, se trata de nada más reconocer hechos y realidades.

Si tenemos gobiernos y ellos gastan, pueden gastar más o menos de la suma de sus ingresos (impuestos más préstamos). La cuestión se pone interesante cuando de la realidad pasamos al terreno de lo que debe ser, de lo que es bueno o malo.

No hay una regla ética que nos dé una respuesta sencilla y clara.

Pero sí hay un principio general de acción, uno basado en la sabiduría y en la prudencia. Nos dice que en general gastar más de lo que se recibe es una situación insostenible, lo que nos previene sobre una posibilidad clara: déficits sostenidos de gobierno no son deseables, como tampoco lo es un déficit superior a lo razonable.

Piense en una posibilidad extrema pero que ilustra el punto. ¿Compraría usted acciones de una empresa que tiene pérdidas consistentes? Seguramente no.

Sería preferible tener acciones en empresas con superávits. Proyectando esto a los gobiernos, resultaría en pensar que uno con déficits consistentes y grandes está en una mala situación.

Pero los gobiernos no son empresas comunes y corrientes, son algo especial, un caso extraño y fuera de la normalidad. Sus ingresos son dinero tomado por la fuerza a los ciudadanos y esos ingresos se gastan sin estrictos reportes de control y sin mediciones de efectividad.

Más aún, el tamaño de los gobiernos, sus ingresos y su personal, los harían las empresas mayores del país.

Y por si fuera poco, son responsables de funciones vitales, como servicios policiales, de justicia, emisión de leyes y similares.

Obviamente los gobiernos son una entidad cuyo funcionamiento tiene un fuerte impacto en la vida de la gente. Su situación financiera es algo que debe verse con atención.

Todo eso hace que lo de superávits y déficits merezca una gran atención. No es lo mismo que una empresa privada pase por una mala situación y quiebre, a que eso mismo lo suceda a un gobierno. Por tanto, el principio general que llama a evitar déficits sostenidos y grandes es realmente importante para todos.

Lo que conozco sobre el tema indica que el tener déficits de gobierno no debe preocupar mucho mientras ellos no sean una situación frecuente, ni sostenida , ni de grandes dimensiones.

Es decir, conviene mantener una tendencia general de largo plazo que gire alrededor de un presupuesto gubernamental balanceado. Esto lleva a una especie de regla práctica sobre cómo manejar las finanzas de gobierno.

Se dice que en buenos tiempos económicos conviene que el gobierno tenga superávits, cantidades ahorradas para cubrir faltantes en malos tiempos económicos. Un gasto gubernamental es tremendamente inflexible y, con menos ingresos en épocas malas puede echar mano a sus reservas para cubrir falta de ingresos y no subir impuestos.

No suena mal. Son cosas de sentido común y que mandan a ver con gran recelo situaciones deficitarias persistentes y/o que rebasan lo razonable.

O, en entras palabras, si hay déficit, este debe ser pequeño y de plazo corto o medio. Un presupuesto balanceado a la larga es la situación ideal.

Pero en contra de eso que parece ser razonable, se debe reconocer otra realidad: la tendencia natural de un gobierno es a expandirse y, por eso, a elevar su gasto. Está en las mismas venas del gobernante el gastar más de lo que tiene. Para él, el gasto es una forma de aumentar su poder y lo va a hacer por instinto.

Si los ingresos por impuestos le impiden gastar más, el gobernante tiene una herramienta a su disposición. Una que usa por sistema: los préstamos. Va a solicitar créditos y eso, mucho me temo, debe también ser limitado so pena de que se cause daño a la gente.

Si se debe mantener un gasto balanceado con ingresos, también se debe tener una deuda pública mínima, posible de usar sólo en emergencias, no como parte de la vida normal del gobierno.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Finanzas Públicas.

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