Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Guerras Cambiarias: Dos Posturas
Leonardo Girondella Mora
11 enero 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Uno de los temas de actualidad es el de la intervención gubernamental en los precios de las monedas —lo que ha sido llamado guerras cambiarias y que son manipulaciones del valor de las monedas que buscan beneficios nacionales.

La nota periodística de Grupo Reforma (7 enero 2011) titulada “Cuestionan política cambiaria” muestra con claridad las dos posturas básicas en esta controversia. En lo que sigue, las exploro.

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Primero, la postura que apoya la idea de la intervención gubernamental en la fijación del precio de la moneda nacional.

En este caso, Fernando Turner, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Independientes, en Nuevo León, México, la promueve. Dice que el gobierno mexicano y el banco central deben hacer algo para que el peso mexicano se deprecie con respecto al dólar estadounidense.

¿Por qué buscar esa devaluación intencional del peso? Según Turner y quienes defienden esa postura, la depreciación del peso va a dar competitividad a la economía permitiendo tener precios bajos en los productos exportados. Es verdad.

Un bien mexicano de exportación reduce su precio en dólares cuando el peso reduce su valor frente a la divisa estadounidense y resulta lógico que se esperen mayores ventas al exterior. Pero, por supuesto, hay un efecto en dirección opuesta.

Una depreciación del valor del peso también significa una elevación de los precios de los bienes importados por los mexicanos —lo que es ineludible. Turner se adelanta a esta crítica:

“Dicen que (una depreciación y correcta valuación del peso) sólo beneficia a exportadores, y la gente se va con la finta. Pero ¿por qué [la secretaría de] Hacienda no dice que (la empresa exportadora también) son los obreros, los empleados, toda la cadena productiva?”

Es decir, Turner presupone una “depreciación y correcta valuación del peso”, sin expresar la manera en la que se llega a esa cantidad.

Añade que eso ayudará también a obreros, empleados y proveedores de los exportadores, lo que es verdad —pero no menciona que se dañará al resto: precios más altos para los importadores, sus empleados, sus trabajadores y sus proveedores, como también a sus clientes.

En lo general, esta postura es una reacción ante medidas en otros países y que persiguen depreciar sus monedas con el mismo propósito —¿por qué no hacer lo mismo en México?

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Segundo, la postura opuesta en esta discusión de las guerras cambiarias, en este caso fue presentada por Abel Hibert, que es director de posgrado de la Universidad Metropolitana en Monterrey, México, —diciendo que lo más sano para la economía de un país es dejar libre el tipo de cambio, sin intervención estatal.

En esta postura, el cúmulo de decisiones libres de las personas fija el precio de las monedas en cada momento, sin la mediación de organismos gubernamentales que alteren ese precio buscado el beneficio de un sector.

Si a los exportadores les conviene la intervención estatal para depreciar el peso mexicano, a los importadores les conviene apreciar el valor del peso para abaratar sus compras al exterior —lo que hace concluir que la intervención gubernamental también podría ser solicitada por los importadores, pero en sentido inverso.

¿A cuál de los dos sectores complacer? Lo que beneficia a uno daña al otro.

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La nota periodística, a pesar de su brevedad, tuvo un gran valor didáctico para mostrar las dos posturas que se debaten en este tema de guerras cambiarias.

Siendo un creyente en la libertad humana, me inclino fuertemente por la postura de dejar que las acciones de las personas fijen el precio de los bienes, incluyendo el de las monedas —esos precios se moverán ajustándose a condiciones imposibles de prever por parte de un gobierno.

Asimismo, la intervención estatal para fijar el precio de la moneda con respecto a otras, abre la puerta a un mayor intervencionismo —y necesariamente a una menor libertad humana.

La interferencia estatal, además, promueve el egoísmo sectorial, como en este caso el de los exportadores, cuyo beneficio implica un daño al resto de la economía, muy especialmente a los consumidores.

Si, por ejemplo, se devalúa el peso mexicano 5%, no hay duda de que eso ayudará a los exportadores —sus productos costarán 5% menos en dólares y es lógico esperar un aumento de la cantidad demandada de sus productos. Sus empresas, trabajadores, obreros, proveedores, se beneficiarán.

Eso es fácil de ver, pero lo que es algo más difícil de ver es, por ejemplo, el caso de compradores de autos importados, que ahora tendrán que pagar 5% más por ellos. También, las empresas de esos importadores, incluyendo sus obreros, empleados y proveedores se verán dañados.

Addendum

El mismo día, el mismo diario, la columna de Enrique Quintana apunta dos hechos.

  • Por un lado, el peso mexicano se ha apreciado frente al dólar —en 2010 subió 5.5%, una cifra superior a la de Brasil.
  • Pero las cifras de exportación de ese año, hasta noviembre, señalan que las exportaciones mexicanas no se redujeron —al contrario, se elevaron 31%, una cifra superior a la de Brasil.

Es de mero sentido común el pensar que las ventajas competitivas de una industria como la de exportaciones no pueden basarse en decisiones artificiales como la de depreciar una moneda —como tampoco en subsidios, ni tratamientos fiscales especiales.

Nota del Editor

En ContraPeso.info: Libre Comercio hay más ideas sobre el tema.

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