Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hablemos de Sheen
Eduardo García Gaspar
21 marzo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: , ,


La pregunta es un ejemplo clásico. Pregunte usted a cualquiera,

“¿Ha usted dejado ya de golpear a su esposa (o)?”

No importa la respuesta que se dé. Siempre será condenatoria. Y se usa con más frecuencia de lo pensado.

Cierta vez, hace ya tiempo, en una discusión entre dos personas que coincidían en todo menos en sus opiniones, una le dijo a la otra

“¿Has comenzado ya a ayudar a los pobres?”

Es igual. Cualquier respuesta dada es negativa. Son trucos usados para ganar discusiones por medios inválidos.

También hace ya tiempo, un lector mandó un comentario a una de mis columnas. En una parte escribió:

“¿Ya te conmueve la pobreza, o sigues siendo un capitalista salvaje?”

Es el truco de las alternativas mutuamente exclusivas que colocan a la persona en una posición apurada al tener que escoger una de ellas.

El tema bien vale una segunda opinión por la frecuencia con la que se usan esos trucos, o falacias, o errores del razonar, o como usted les quiera llamar.

Recuerdo a un comentarista en la radio que dijo que efectivamente los subsidios gubernamentales desperdiciaban muchos recursos. Pero a continuación señaló que aún así debían darse a los de bajos ingresos porque no era una cuestión económica sino moral.

De modo que consideraba un deber moral desperdiciar recursos. No tiene sentido. Más o menos lo mismo sucede con otro truco, el de salirse por la tangente.

En una ocasión, una persona criticó duramente al monopolio petrolero mexicano, citando una serie de cifras muy reveladora que demostraban su opinión. Una de las personas que escuchó decir eso, comentó:

“Está bien, esas cifras son reales, pero hay que recordar que Pemex es de todos los mexicanos”

Una cosa no tiene que ver con la otra.

Recientemente, una diputada defendió su posición en favor del aborto anulando la opinión de quienes piensa distinto porque entre ellos estaba Marcial Maciel. Este es otro truco común, el ataque no a la opinión y su fundamento, sino a una de las personas que piensan así.

Quizá sea ésta la forma más común de los trucos usados en las discusiones para ganarlas: atacar a la persona y no a su opinión. Esto lo usó Marx y lo instituyó como una herramienta para ganar discusiones:

“Lo que dices está determinado por la clase a la que perteneces, eres un burgués, por tanto, todo lo que dices es una defensa de tu clase y es falso”.

Una alumna que tuve hace tiempo usaba ese argumento de descalificación de gente. Para ella todo autor no moderno, de estos tiempos, era uno cuyas opiniones eran todas atrasadas y, por eso, sin valor. Nada del siglo 19 hacia atrás debía siquiera estudiarse.

Es decir, Aristóteles adiós, aunque haya sido inteligente, es atrasado y no debe conocerse. Adiós Montesquieu, adiós Tocqueville, adiós Tomás de Aquino.

Otro truco para ganar discusiones es el de la caridad extrema. Por ejemplo, un gobierno crea un programa de ayuda a los pobres y ese programa se justifica porque ayuda a los pobres.

Es decir, quien se opone a tal plan es calificado rápidamente como un insensato que no se preocupa por los pobres.

La persona puede estar preocupada por los pobres, pero juzgar que ese programa de ayuda es malo y no funcionará. Apelar al objetivo admirable de una acción y usar eso para justificar lo que sea, es uno de los errores más graves cometidos por los gobiernos. Pero hay más.

Otro de ellos es también propio de los gobiernos. Típicamente es el de “lo dice la ley y por eso es bueno”. No necesariamente. Una ley puede estar mal hecha y ha sido impuesta usando el poder. El poder no valida por sí mismo a lo bueno.

Pero el peor de todos los trucos usados en las discusiones es el de que cada quien tiene derecho a sostener la opinión que le plazca, porque “ésa es su verdad personal”. Curiosa manera de pensar que haría imposible tener juicios legales y que detendría toda discusión. Ya no tendría utilidad alguna pensar.

Hablar de estas cosas es importante porque parte de nuestra naturaleza es el poder pensar, razonar y encontrar la verdad. Trucos en conversaciones, como los que he señalado, dificultan esas habilidades y entorpecen encontrar la verdad. Conocer esos trucos ayuda a tener discusiones sobre temas vitales.

Sin ese conocimiento, seguiremos evitando hablar de lo que importa, y nos quedaremos atascados en temas irrelevantes. Cinco minutos dedicados a Sheen son cinco minutos perdidos en la vida.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Falacias y en ContraPeso.info: Conversaciones.

La frase de dos personas que coincidían en todo menos en sus opiniones, no es mía. No recuerdo dónde la leí.

Lo que he llamado trucos son en realidad falacias: formas engañosas de razonar y que deben ser conocidas para hacer a las conversaciones más productivas en temas que realmente importan. Quizá por esta razón, se considera de mala educación hablar de religión y política.

En realidad no es de mala educación hablar de religión y política, hablar de esos temas es la mejor educación que puede lograrse. Lo que educa mal es hablar de escándalos de celebridades y hacer de ellos un tema de conversación. Sí, dos minutos dedicados a Sheen son dos minutos perdidos en la vida.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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