Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hipocondriacos Económicos
Eduardo García Gaspar
24 noviembre 2011
Sección: SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos tenemos un amigo hipocondriaco. Ese que que comienza a sentir los mismos síntomas de cualquier enfermedad de la que se habla.

Peor aún, cualquier cosa que le sucede es llevada a su extremo, esa enfermedad fatal que lo lleve finalmente a escribir su lápida: “Se los dije”.

El hipocondriaco sufre realmente una enfermedad. Hace ella creer a la persona que, sin base sólida, padece afecciones serias y fatales.

Es, vista de otra manera, un padecimiento en la actitud, es decir, en la manera en la que se reacciona frente a un suceso. Un simple dolor muscular en un brazo le hará pensar en un ataque al corazón.

Esa actitud es una de preocupación obsesiva y temerosa, que lleva a distorsionar lo percibido. Cualquier sensación en el cuerpo es interpretada como un síntoma fatal.

Quizá lo peor del hipocondriaco es que no es razonable. Las más duras evidencias en contra de su opinión serán rechazadas e, incluso, le servirán para encontrar padecimientos aún mayores.

Lo que bien vale una segunda opinión es el aplicar la idea de la hipocondría a otros terrenos.

Si nos burlamos de quien la sufre, conviene ver que es una posibilidad de que también nosotros la padezcamos. Hace tiempo leí en un libro de George Gilder que existe la hipocondría económica.

Es también un problema de actitud obsesiva y de ansiedad alocada, que consiste en percibir información, la que sea, y crear un temor sin fundamento que lleva a ideas malas. Muchos toman cifras, números, estadísticas fuera de contexto, parciales, o inventadas, o bien historias falsas o distorsionadas, o explicaciones simplistas, a los que toman como síntomas fatales.

Todos hemos pasado por el caso del amigo que usa unos días de calor alto en su ciudad para demostrar que el clima de todo el mundo ha cambiado y proponer las más severas medidas ambientalistas.

Hace unos meses, un amigo sostuvo con total seguridad que este sería el año de los peores huracanes de toda la historia (había leído esa eterna predicción en algún sitio).

Uno de los casos más ilustrativos de la hipocondría económica nos lo dan los candidatos en campaña electoral. Para ellos, todo número o cifra o teoría o suceso que sirva para criticar al gobierno actual, será de utilidad.

No importa que sea falso, que se haya distorsionado, que esté fuera de contexto, si le es de utilidad en su campaña, lo usará como un hipocondriaco.

No hace mucho, en la radio, escuché uno de esos casos. En la entrevista, el candidato mencionó que la pobreza había crecido enormemente, que más de la mitad del país era gente por debajo del nivel de pobreza. E hizo lo que no falla, impresionar con números y cifras.

Nada hay que cause más credibilidad que porcentajes y números. Si escribo que la pobreza aumento en 38.3 por ciento, la gente me creerá más que si sólo digo que ha crecido.

Más aún, hay otro fenómeno de la hipocondría: la información debe ser negativa. Si yo digo que la pobreza ha disminuido en 35.7 por ciento, no me creerán tanto. La noticia negativa es más creíble que la positiva, igual el hipocondriaco cree más en su enfermedad que en su salud.

En lo de los índices de pobreza, a muy pocos se les ocurrirá pensar en que hay diferentes maneras de medirla, muy diferentes, y que pueden producir resultados contrarios totalmente. Las mediciones absolutas de la pobreza dan resultados distintos a las mediciones de pobreza relativa.

Y cuando se enfrenta a la disyuntiva, el hipocondriaco económico selecciona la información que más le ayuda a confirmar su obsesión de sufrir un mal.

El hipocondriaco, más aún, hace caso omiso de lo dicho por sus doctores y toma él mismo decisiones médicas. Se receta él mismo, se analiza él mismo. Consulta Internet y descubre que no sólo tiene una enfermedad, sino varias.

Al hipocondriaco económico le sucede lo mismo, él mismo receta medicinas. ¿Hay un problema de empleo? Entonces el gobierno debe gastar más.

El hipocondriaco económico, que es usualmente el gobernante en busca de ganar una elección, tiene un efecto en el resto de la gente. Muchas de las personas son contagiadas por esa obsesión negativa y contribuyen a ella.

Total, terminan creando un estado de excitación nacional que lleva a la adopción de las más tontas y alocadas ideas, que crearán ahora sí, emergencias reales.

Post Scriptum

Para más ideas similares, puede verse la colección de columnas en ContraPeso.info: Bobadas.

La idea de la hipocondría económica está en Gilder, G. (1985). El espíritu de la libre empresa. México: Lasser press mexicana. Lo que he hecho es simplemente ampliarla viendo sus consecuencias.

El ejemplo de la manipulación de las cifras de pobreza me parece uno de los más claros y definitivos de la hipocondría económica. Las mediciones relativas de la pobreza, que no dejan de tener mérito, suelen ser interpretadas como síntomas de enfermedades graves que en realidad no existen.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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