Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Humpty, el Candidato
Leonardo Girondella Mora
2 agosto 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Existen muchas palabras, de un cierto tipo, que se prestan a ser mentiras y fraudes colosales —como uno de los términos favoritos de estos tiempos, democracia.

Ya que no existe una definición acordada sobre lo que ella es, cada quien la usa como mejor le convenga.

Puede ser usada con lealtad, como hace Toqueville en su libro famoso —pero la misma palabra, democracia, puede ser usada por un dictador que califica a su gobierno como un régimen de ese tipo.

En total, democracia no significa nada.

El mismo resultado tiene otra palabra, fascismo —si alguien desea insultar a otro, especialmente en el campo de la política, todo lo que tiene que hacer es llamarlo fascista. Lo mismo lograría llamándole idiota, o estúpido, que es lo que fascista ha terminado en significar.

Los dos ejemplos anteriores fueron usados con el mismo propósito por George Orwell en un breve escrito suyo. En el mismo caso coloca a otras palabras, como socialismo, libertad, patriotismo, realista, justicia —a los que en México debería hacerse una adición, que está cayendo en desuso, revolucionario.

Es cierta esa crítica: existen palabras que son de connotación voluntaria —ellas significan lo que quien las dice quiere, igual que en el mundo de Alicia:

“When I use a word,” Humpty Dumpty said in rather a scornful tone, “it means just what I choose it to mean — neither more nor less.”

“The question is,” said Alice, “whether you can make words mean so many different things.”

“The question is,” said Humpty Dumpty, “which is to be master – - that’s all.” 
(Through the Looking Glass, Chapter 6)

Eso es de lo que están llenos los discursos políticos de palabras que tienen el significado que les quiere dar quien las dice —es la razón por la que los discursos políticos son una mentira general (a veces incluyendo las conjunciones y preposiciones, como ya dijo alguien).

Tomo un ejemplo de estos días en México, cuando se habla del proyecto de nación de uno o más de los candidatos a las elecciones de 2012. Lleno de esas palabras de uso múltiple, ese proyecto es lo que quiera que sea el que lo redactó, pero lo más importante, también el que lo leyó.

Un mismo proyecto de nación variará en significado dependiendo del momento, la ocasión, el autor y el lector —la inmensa diversidad de significados es extremadamente útil porque no compromete en nada a quien lo propone y cada lector acomodará allí sus prejuicios.

Orwell llama a esto “perversiones y fraudes” —lo son en ese sentido resbaloso que tiene la imprecisión intencional que busca defraudar. Si ese proyecto de nación es democrático, la realidad es que nada se ha agregado, porque el calificativo carece de significado.

El resultado neto del uso de esos términos y otros similares es un escenario político fraudulento y lleno de mentiras —cada candidato define sus promesas como Humpty Dumpty y el electorado termina como Alicia, hecha un lío.

La lista de esas palabras es enorme: patriotismo, totalitarismo, persecución, discriminación, reaccionario, burgués, conservador, progresista, igualdad, diálogo —todas ellas con la misma característica, donde diálogo puede significar monólogo, imposición, lo que se quiera.

Lo que he tratado de demostrar es una sola cosa: los discursos políticos están llenos en el mejor de los casos de imprecisiones intolerables y en la mayoría de los casos, de propuestas engañosas.

El ciudadano debe darse por prevenido y actuar en consecuencia —o bien demostrar que una palabra como democracia significa lo mismo para todos, o igualdad, o libertad, o justicia…

Addendum

Las implicaciones siguientes de la idea expuesta son más o menos claras:

1. Ninguna propuesta política es digna de ser creída —o casi ninguna.

2. Lo que el candidato hará una vez en el poder no corresponderá a lo que de sus discursos de candidato se esperaba —lo que admite otras explicaciones adicionales a la de las palabras de uso múltiple.

3. El gobernante que use esas palabras de manera honesta y leal, sufrirá la misma incredulidad que el que las use deshonestamente.

4. El político que quiera en verdad comenzar un cambio político deberá comenzar por cambiar el vocabulario acostumbrado y usar palabras con un sólo significado para todos —lo que le valdrá en buena parte del electorado la calificación de extremo.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje. Una colecciónn incompleta de esas palabras está en 100,000 Frases Políticas.

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