Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideología Versus Diálogo
Leonardo Girondella Mora
1 abril 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Si a casi cualquiera se le pidiera decir qué es lo opuesto a una conversación, de seguro diría que es el silencio —no lo creo, lo puesto a un diálogo entre personas es la terquedad. Exploro el tema para probar mi tesis.

Primero, una conversación entre personas necesita un conocimiento razonable del lenguaje, un vocabulario más o menos rico, que pueda expresar sus ideas y las sutilezas que ellas puedas poseer.

Segundo, una conversación necesita que las personas tengan un conocimiento razonable de ciertas reglas de lógica —quizá pueda decirse que tengan sentido común, el suficiente como para reconocer fallas y errores en su razonamiento.

Tercero, el más importante de los factores: una actitud que lleve a las personas a escucharse entre sí, puesto que sin escuchar no existe conversación alguna. Este es el punto que exploro en lo que sigue, el punto de la terquedad.

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Sostengo que lo opuesto a una conversación —lo realmente opuesto a ella— no es el silencio, sino la terquedad de una o más de las partes que conversan. Donde la terquedad predomina, el diálogo desaparece. No hay allí posibilidad de conversar.

Lo que más interesa es determinar el origen de la terquedad, un terrible vicio.

Puede derivarse de la falta de un vocabulario adecuado: quien no entiende lo que el otro dice no tiene posibilidad de responder y tenderá a sostener su propio punto de vista sin aceptar lo que el otro afirma.

Puede derivarse de la falta de conocimiento de reglas mínimas de lógica, que impide la comprensión de los errores y aciertos en el razonar de quienes participan: quien no entiende, por ejemplo, la falla de alguna falacia, tenderá a mantener su posición sin entender la otra.

Puede derivarse, también, de una tercera condición, que es la que más me interesa en esta breve exploración: la terquedad: esa actitud viciosa que rechaza los más sólidos razonamientos y las más claras evidencias para mantener una posición u opinión propia.

Sostengo que lo que más causa esa terquedad es lo que se llama ideología : una serie o conjunto de creencias que una persona usa para explicar la ralidad, la forma en la que ella la entiende.

Nada negativo existe en poseer una ideología, pero cuando ella es convertida en una explicación universal absoluta que no admite discusión, ella se convierte en terquedad y tiene el efecto de rechazar todo lo que la contradiga, negando así la posibilidad de dialogar.

Un ejemplo: dialogan dos personas sobre socialismo y capitalismo y una de ellas o las dos, se niegan a aceptar los razonamientos del otro cuando cada una apoya esas dos nociones —no los escucha, si responde lo hace con ataques personales, o con temas ajenos al asunto discutido.

Esta situación es la de un rechazo consciente y abierto, que la persona realiza cuando enfrenta puntos de vista opuestos a su ideología u opinión —no acepta pruebas o las niega, argumenta débilmente, pero consciente de lo que hace y dice, por erróneo que pueda parecer al observador objetivo.

Llego ahora a un tipo de terquedad diferente, que ya no es consciente en la persona —cuando su ideología es más bien un paradigma o marco mental del que no se da cuenta. Posee esta persona uno o más instrumentos de interpretación de la realidad que la limitan notablemente en su comprensión del mundo.

El ejemplo más diáfano en el que puedo pensar, de esa terquedad ideológica involuntaria, de la que poca consciencia se tiene, es la de la división social en grupos en conflicto —muy identificable en los remanentes que deja la idea de la lucha de clases.

Quien posee ese marco mental, sin darse cuenta de él, conforma un enemigo de la conversación y el diálogo: será imposible hacerle ver otras posibilidades que no representan conflictos de clases o grupos. Para esta persona, toda la realidad es explicable por medio de una estructura simple de dos grupos enemigos.

Norte contra sur, desarrollado contra subdesarrollados, proletarios contra burgueses, capitalistas contra trabajadores. Este tipo de marco mental es el más temible porque no es reconocido por la persona —salir de él implicaría dar un brinco sustancial a lo hasta ahora incomprensible y desconocido.

Espero haber demostrado que el peor enemigo de un diálogo es la terquedad —y que ella es de dos tipos, la clara y abierta, y la inconsciente y oculta, siendo la peor de todas ésta última.

Addendum

Añado que una conversación razonable sólo puede estar alimentada por una idea en común de todas las partes —su interés en encontrar la verdad. No tiene una conversación el objetivo de ganar una discusión convenciendo al otro, aunque puede suceder. El objetivo es terminarla con un sentimiento de enriquecimiento personal: saber más de lo que antes se sabía.

Traté el tema, que es un tanto abstracto, por haber pasado por experiencias desagradables que me hicieron ver que el interés por la verdad tiene una gran enemigo, a la ideología que no admite discusión alguna.

Respecto a la ideología que llamé inconsciente, me parece que es algo no tan mencionado como debiera y que afecta a personas que, de otra manera, serían consideradas razonables e inteligentes —con un posible origen: la enseñanza de mitos históricos en historias simplificadas que se usan en las escuelas.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Conversaciones.

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