Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Idiotez Como Amenaza
Eduardo García Gaspar
6 septiembre 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo empezó con una pregunta directa, “¿fuimos tan idiotas de jóvenes como esos?” Nos referíamos a los jóvenes a los que teníamos enfrente en el cine.

Los cuatro o cinco jóvenes conversaban, durante la función, sin pena, en voz alta, reían, contestaban sus teléfonos.

En fin, un comportamiento penoso e idiota al final de cuentas.

Quienes planteamos la pregunta habíamos dejado de ser jóvenes hace tiempo y la pregunta nos sorprendió. ¿Fuimos idiotas de jóvenes?

Me imagino que la respuesta sólo pueda responderse caso por caso, pero quizá existan algunas ideas generales. Es un buen tema para una segunda opinión.

Comenzando por el principio, la idiotez es un fenómeno humano común al que nadie es ajeno. Es inevitable recordar la primera ley fundamental de la estupidez: las personas calculan siempre que existe un menor número de estúpidos que el real.

Es decir, siempre hay más de los que se cree. Con esto en mente, puede darse otro paso.

Según la segunda de esas leyes, la posibilidad de ser estúpido es independiente de todo rasgo personal. Esto diría que en la juventud se es tan estúpido como siendo adulto.

Hay, según lo anterior, una respuesta a la pregunta: sí, fuimos tan idiotas como los jóvenes y, peor aún, lo seguimos siendo.

Las leyes citadas son de Cipolla, C. M., de su obra Allegro ma non troppo (Barcelona: Editorial Crítica, 2010, pp. 53-87). Si bien es una obra en broma, hay algo en todo eso que llama la atención y proporciona cierto placer el darle la razón.

Pero lo que no satisface es eso de una idiotez igual en todos, universal, independiente de cualquier rasgo personal. Un escritor francés estaría en contra de Cipolla.

Anatole France (1844-1924) es una de sus novelas, Pedrito, tiene un personaje que después de narrar partes de su infancia, afirma que al llegar a su juventud se convirtió en un imbécil.

Claramente puede verse la posibilidad de una excepción. Una que vería a la idiotez como en un ciclo que comienza en la niñez bajo el supuesto de que un infante no es idiota, al menos en ese período. Si se convierte en uno, será por causa ajena, la influencia de sus padres.

De la niñez se pasa muy gradualmente a la juventud, una etapa en la que podemos suponer la idiotez predomina. Sin experiencia y sin conocimientos, se piensa saberlo todo y poderlo todo, lo que es casi la definición de idiota.

Podemos suponer que la dosis de idiotez va disminuyendo con la edad, muy pausadamente, y puede ser percibida por el individuo a eso de los 25 años. Se percibe al darse cuenta que existen personas poco menores que uno y que uno sabe algo más que ellas.

En la etapa adulta la idiotez, me imagino, es menor que en la juventud, pero mantiene su presencia en grados variables dependiendo de la persona. Para algunos, los momentos de idiotez serán menos frecuentes que para otros.

Ya en la ancianidad, si la salud es buena, hay menos posibilidades de idiotez y quizá cierto parecido con la etapa del infante, cuando la vida maravilla.

El tema puede dar la apariencia de ser superficial e incluso tener alguna gracia, pero en realidad la idiotez es uno de los temas más serios que pueden tratarse. La razón es obvia: la idiotez es la amenaza más grande que tenemos y la que más problemas crea en este mundo.

Piense usted en tener a un idiota de presidente, o a idiotas como legisladores. Considere la posibilidad de tener a un idiota como jefe, o la de casarse con alguien idiota. Pueden hacer de cuadritos las vidas ajenas.

El problema es tan grave que existen sistemas que intentan disminuir los efectos de la idiotez. No los desaparecen, porque es imposible, pero si los hacen menores.

En economía, por ejemplo, las empresas manejadas tontamente tienden a desaparecer (a menos que el gobierno crea que los idiotas merecen ayudas).

En política, por ejemplo, el mecanismo es menos directo. Ya que existe la gran probabilidad de que a puestos de gobierno llegue gente idiota, la democracia divide poderes y evita que el idiota se eternice en el poder.

No siempre funciona bien, pero es mejor esto que el riesgo de tener un gobierno en el que se concentre el poder en uno solo sin posibilidad de cambiarlo.

Concluyendo, no son los terremotos, ni los huracanes, ni el clima las mayores amenazas que tiene la humanidad. Ni los asteroides que pueden chocar contra la tierra.

La mayor maldición que tenemos es a los idiotas.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Naturaleza Humana. El mismo tema con la misma idea central fue tratado hace poco aquí.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Idiotez Como Amenaza”
  1. Corina Dijo:

    Estoy de acuerdo que el mayor problema para la humanidad son los idiotas, y me refiero a la gente que no quiere documentarse, para tener un poco de sentido comun, pues toda esta gente carece completamente de sentido comun, que es lo que las hace tan ignorantes, pero tambien a la vez tan peligrosas, pues a la hora de elegir Gobernantes, se van siempre por el lado equivocado, como ha paso en Estados Unidos en las elecciones del 2008, esperemos que para el 2012 haya menos idiotas.

  2. droctavio Dijo:

    La idea central de la columna es algo tratado ya muchas veces, como por ejemplo, en libros de historia, en los que Barbara Tuchman debe ser resaltada como la que más mérito merece quizá. Pero ella deja de lado la escasa inteligencia de muchos ciudadanos, lo que abre la posibilidad del “idiota que elige a un colega”. Por otro lado, debe hacerse notar que el escrito de C. Cipolla es un escrito sarcástico y burlón, con buenas fallas de razonamiento.





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